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Víctor Hugo (1802-1885) Place des Vosges, París (IV)

9 abril, 2012

Hoy les llevamos, Ignacio Ramonet y un servidor, a una de las plazas más hermosas e históricas de la capital, donde vivió, entre otros, el gran Víctor Hugo (1802-1885). Esta plaza ocupa el lugar de un antiguo palacio de Catalina de Médicis. Se empezó a construir en 1605 bajo el reinado de Enrique IV y se terminó en 1612. Es célebre y curiosa por la disposición de las fachadas, todas iguales por fuera como un decorado de teatro, y distintas en cuanto se traspasan los dinteles. Si lo queréis comprobar, entrad en la que está situada en el ángulo del suroeste, y si no sabéis utilizar una brújula, buscad en los muros una inscripción que indica la casa de Víctor Hugo. Como ha sido transformada en museo, no molestareis a nadie; al contrario.

Este inmenso escritor y defensor de los miserables nació en Besançon el 26 de febrero de 1802. Un pelo le faltó para ser autor español. De niño acompañó a su padre, general napoleónico, en las campañas de Italia y España. Estuvo en el seminario de Madrid, salió, y cuando la francesada lo pusieron de paje con Pepe Botella. Mientras tanto, el padre se encargaba de arrasar el castillo, puente y campanarios de la catedral de Burgos, todo esto agravado con el robo de las obras Goyas, Murillos y otros maestros – ¡Velázquez!- que podéis ver en el museo del Louvre.
Víctor llega con su madre a Paris a los once años y lo inscriben en el liceo Louis le Grand, donde se revela poeta precoz y monárquico con versos que le valen una beca de Luis XVIII.

Dando un buen salto, lo encontramos junto a Balzac y Alejandro Dumas de candidato y perdedor en las elecciones legislativas de abril de 1848. Será elegido dos meses después, adoptando lo que con cierta ironía llama una « majestuosa forma social».  Se pone al lado de los ricos, aprueba el estado de sitio decretado cuando las jornadas revolucionarias del mes de junio, y en la campaña para la presidencia de la República respalda al ambiguo Luis Napoleón Bonaparte contra el candidato progresista. Sin duda aspira a ser ministro y trata de no comprometerse con nadie. De hecho, en dos años sólo pronuncia cinco discursos, cuando los auténticos políticos los sueltan como longanizas. Pero no lo censuremos demasiado; puede  que sus fracasos se debieran a la influencia de sus amigos, que lo llevaban por caminos desviados de su destino.
Porque si bien el joven ambiciosillo no resulta muy estimable, el maduro Víctor Hugo alcanzó la gloria social  y literaria ejerciendo la defensa de los olvidados y marginales. Su evolución se inicia cuando los sucesos de 1830[1], tanto le conmueve el escarmiento de los insurrectos. Se encuentra en la barricada en la que una bala acaba con la vida del diputado Baudin. De forma análoga, aunque menos trágica, entabla amistad con Schcelcher[2], y el 4 de diciembre recoge en sus brazos a un niño muerto en la calle Tiquetonne. Desde entonces lo busca la policía ; no le ponen un wanted porque de aquella no se usaban ni la terminología ni los métodos yanquis.
El núcleo del romanticismo formado por Gérard de Nerval y Théophile Gauthier y él, llamado “Cénacle”, se reune en el domicilio del segundo. Con la publicación de Cromwell (1827), en cuyo prólogo Víctor Hugo se opone a las convenciones clásicas de unidad de tiempo y espacio, manifiesta sus teorías, que llevará a la práctica en la obra de teatro Hernani. Se produce entonces el enfrentamiento entre antiguos y modernos. A los segundos, capitaneados por Théophile Gautier, les entusiasma esta obra romántica, mientras que los arcaicos la vilipendian en la «batalla de Hernani »[3], hito en el mundo de las letras y derrota de los partidarios del teatro arcaico.
Su relación Juliette Drouet[4] es lo más determinante en su cambio. Para empezar, ella lo disfraza de obrero y le consigue un pasaporte falso con el que huye a Bélgica. Allí el escritor esgrime las armas que posee : publica en Bruselas el panfleto Napoléon le Petit (El Napoleoncillo) que pasa a Francia clandestinamente en los zapatos de los viajeros, en los corsés de sus damas cuando no – hipótesis novelesca  de Alejandro Dumas – , ¡en bustos de yeso del propio Napoléon III !
Éste consigue exiliarlo a Jersey y luego a Guernesey. Cuando en abril de 1855 el Imperio concede una amnistía, Víctor Hugo la rechaza, que lo contrario sería reconocer la legalidad del régimen. Así gana la admiración de Baudelaire y en los veinte años que dura el exilio dispone de tiempo y tranquilidad para escribir sus obras más importantes.
A su vuelta a Francia en 1870 se le recibe como el símbolo de la resistencia republicana al Segundo Imperio. Sale diputado por Paris, y después senador. La producción literaria se resiente al ritmo que aumenta la política. Lucha contra el obscurantismo, lo que obviamente le lleva al anticlericalismo. Acomete contra la esclavitud, defiende los derechos femeninos, milita en favor de la abolición de la pena de muerte y de las leyes denigrantes  y aflictivas; en favor de la reforma de la magistratura, la instrucción gratuita y obligatoria y redacta las Actas preparatorias de los Estados Unidos de Europa…
Muere de una congestion pulmonar el 22 de mayo de 1885. El gobierno organiza funerales nacionales.

A visiter : Musée Víctor Hugo Hôtel de Rohan-Guéménée, 6, place des Vosges. Tél. : 01 42 72 10 16.
A lire : Télérama hors série – Víctor Hugo
Víctor Hugo contre la peine de mort, Jérôme Picon et Isabel Violante, avant-propos de Robert Badinter, Paris, éditions Textuel, 2001.
Víctor Hugo, Alain Decaux, Editions Perrin, 2001.
Víctor Hugo, un révolutionnaire, Jean-François Kahn, Fayard, 2001.
Víctor Hugo et l’Idée des États-Unis d’Europe, Frank Wilhelm, Luxembourg, éd. par les Amis de la Maison de Víctor Hugo à Vianden, 2000.


[1] Charles X et la famille royale fuient Paris. Les députés libéraux, majoritairement monarchistes, La révolution de Juillet, à la faveur de laquelle un nouveau régime, la monarchie de Juillet, succède à la Seconde Restauration, se déroule sur trois journées, les 27, 28 et 29 juillet 1830, dites les « Trois Glorieuses ».
Après une longue période d’agitation ministérielle puis parlementaire, le roi Charles X tente un coup de force constitutionnel par ses ordonnances de Saint-Cloud du 25 juillet 1830. En réaction, un mouvement de foule se transforme rapidement en révolution républicaine. Le peuple parisien se soulève, dresse des barricades dans les rues et affronte les forces armées commandées par le maréchal Marmont au cours de combats qui font quelque 200 tués chez les soldats et près de 800 chez les insurgés.prennent en main la révolution populaire et, au terme de l’« hésitation de 1830 », conservent une monarchie constitutionnelle au prix d’un changement de dynastie.

La maison d’Orléans, branche cadette de la maison de Bourbon, succède à la branche aînée et les Français se donnent un nouveau roi en la personne de Louis-Philippe Ier, proclamé « roi des Français » et non plus « roi de France ».

[2]           Homme politique français. Le jugeant désœuvré, son père, porcelainier de renom, l’envoie au Mexique pour affaires en 1830. Visitant Cuba, il y est révolté par l’esclavage. De retour en France, il publie des articles, des ouvrages, multiplie ses déplacements d’information et adhère à la Société pour l’abolition de l’esclavage. Il n’aura de cesse que de lutter pour la libération des esclaves.

[3]              La Bataille d’Hernani, combat purement esthétique mais féroce, a pour cadre la première représentation, le 25 février 1830 de la pièce de Víctor Hugo, Hernani, à la Comédie-Française de Paris. Cette pièce, œuvre d’un jeune auteur déjà connu, brise les règles classiques des trois unités et emploie un vocabulaire inhabituel au théâtre, mêlant lyrisme et trivialité. Elle met en scène les amours malheureuses d’un proscrit, Hernani, pour la jeune infante Doña Sol. La représentation elle-même avait été précédée de plusieurs lectures entre les membres du Cénacle romantique, si bien que les partisans d’Hugo se préparent à en découdre. Du côté des adversaires : la censure, qui coupe tout ce qui paraît une atteinte à la monarchie, les maîtres imposés, tenant du classicisme théâtral, désireux d’abattre une fois pour toutes cette génération bien trop provocatrice, et la presse critique. Une cabale se met en place contre cette pièce : le presse éreinte l’auteur, fils d’un général napoléonien, Brifaut en diffuse des extraits déformés et Hugo se plaint au ministre de l’intérieur, la censure tranche dans le vif, laissant volontairement les hardiesses de ton, pensant que le public va huer ces « fautes de goût ».

[4]              Juliette Drouet, de son vrai nom Julienne Gauvain est passée à la postérité pour avoir été la maîtresse de Víctor Hugo pendant près de 50 ans. Orpheline de mère quelques mois après sa naissance, de père l’année suivante, elle fut élevée par son oncle, René Drouet. Elle fit sa scolarité à Paris dans un pensionnat religieux. Elle devint vers 1825 la maîtresse du sculpteur James Pradier, qui la représenta dans la statue symbolisant Strasbourg, place de la Concorde à Paris. Elle eut avec lui une fille, Claire.

Sur le conseil de Pradier, elle commença en 1829 une carrière de comédienne, d’abord à Bruxelles, puis à Paris. Elle prit à cette époque le nom de son oncle. Actrice sans véritable talent, belle femme assez molle, elle rappellerait assez une Anna de Noailles si elle en avait eu.

C’est en 1833, alors qu’elle interprétait le rôle de la princesse Négroni dans Lucrèce Borgia qu’elle rencontra Víctor Hugo. Elle abandonna alors sa carrière théâtrale pour vouer sa vie à son amant, vivant de longues années, à sa demande, cloîtrée chez elle, ne sortant qu’en sa compagnie ; consentante victime, à son insu, de l’imagerie d’Épinal de « l’éternel féminin ».

En 1852, elle l’accompagna dans son exil à Jersey, et puis en 1855 à Guernesey. Elle lui écrivit tout au long de sa vie des milliers de lettres, qui témoignent d’un réel talent d’écriture selon Henri Troyat qui écrivit sa biographie en 1997.

                 

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