Skip to content

Deambulando por Mallorca

12 septiembre, 2010

 Lo primero que hago siempre, cuando desembarco en Palma, es visitar la catedral. La descubrí hace unos veinte años, cuando allí por primera vez escuché el Canto de la Sibila. En la antigua Grecia, las sibilas eran ancianas inspiradas por los dioses, de temperamento huraño y en lo posible vírgenes. Predecían desastres (los astros se distanciaban) y calamidades apocalípticas. La Sibila mallorquina anuncia el día del juicio final y la llegada de Jesucristo, en gregoriano y versos aterradores: Ans del Judici, l’Antichrist vindrá / i fará tot el món trist./ I fent com a Déu servir. /Qui no el creurá farà morir

Se representaba en el siglo XVI en las catedrales de Tarragona, Vic, Urgel y Barcelona. Hoy se conserva en Mallorca, así como en la catedral de Alguer, pueblito catalán de Cerdeña. No se lo pierdan; para mí es una de las encantos más substanciales del archipiélago. Si no vienen el 24 de diciembre, conténtense con la versión que nos dejó Mauricio Ohana en CD, o asistan a una función en la Escolanía de Lluch.

Esta vez acudo a la catedral atraído por su modernismo gaudiano y por el altar de la Trinidad. Hace unos años hubo en Palma un obispo culto llamado Teodor Ubeda, a quien se le ocurrió pedir a Miguel Barceló la decoración de esa capilla. Como el obispo contaba con la oposición de sus pares y temía fallecer antes de que Miguel terminase la obra, como sucedió, dejó dicho que lo enterraran en ese recinto para proteger al artista y su obra. Y así fue, no sin que por ello Barceló evitara las algaradas con los jerarcas vivos.
No me atrevo a evocar las cerámicas de la capilla de la Trinidad, un conjunto de trescientos metros cuadrados y quince de alto. Representa el milagro de la multiplicación de los panes y los peces. Por mucho que explicara, lo mejor sería que viniesen ustedes a verlo.

Seguimos deambulando por calles angostas que limitan la entrada del sol, y llegamos a la plaza de Santa Eulalia, lugar de ejecución de bandidos y maleantes en el siglo XIV, que aún conserva intacto su trazado de entonces. En la fachada de la iglesia podemos observar varias lápidas, algunas de ellas muy curiosas. Me recuerdan las del cementerio de Noia, cerca de Finisterre,  con símbolos de los gremios de canteros: martillos, cinceles y compases.

Cuento a mis compañeros una leyenda muy anclada, relativa a Ramón Llull, como anticipo de la visita a su convento y biblioteca, que planeamos para mañana. Se sabe que antes de entregarse a la vida eremítica y religiosa, este beato era un calavera y amante de los placeres que se dedicaba a seducir a toda mujer que se le pusiera por delante. En una ocasión se ofuscó por una joven a la cual requería de amores pese a los rechazos contínuos. Incluso cuando la persiguió a caballo, la chica se refugió en esta iglesia y él, jinete en su montura, entró en el templo tras ella. Viendo que no tenía escapatoria, la hostigada hasta el altar se dio media vuelta, desabrochó la blusa y le mostró sus pechos roídos por un cáncer: ¿Es esto lo que buscas? El perseguidor quedó espantado ante semejante espantajo y se cayó del caballo, en el sentido propio y figurado. Hoy hubiera comparecido ante los tribunales civiles por acoso sexual, pero entonces siguió las huellas de Saúl y se puso al servicio de Dios hasta llegar a Beato.

Algunos dicen que esta patraña ocurrió en la Seu (catedral); los eruditos la comparan con la leyenda de Wirnt von Graefenberg recogida por Hermann Hesse en su libro Leyendas de la Edad Media. Otro cuento vincula el cambiazo de Lull, de balarrasa a cenobita, a unas visiones que le ocurrieron en su casa, que eso nadie lo puede saber. A mi me gusta situarla en Santa Eulalia por lo que voy a contar.

Hace unos cuatro años, al salir de esta iglesia como hoy a mediodía, a una paloma le dio por descargar el estómago desde el campanario. Las defecaciones me cayeron en el caletre. Por lo visto, esto le ocurre a un humano cada dos o tres siglos: que suceda en el mismo lugar, a semejante hora, en análoga parte del cuerpo e y que lo haga el susodicho animal. Ignoro por qué misterio se enteró de esto el escritor Cristóbal Serra, medio brujo, quien meses después me escribió a París para notificarme que ipso facto quedaba yo elegido director honorario de la cátedra de asnología que él creó y preside.

Al pergamino del nombramiento, el profesor añadió una carta con los considerandos “A nadie se le escapa que el asno es ha sido más vitupuerado que alabado. Pues, bien, entre nosotros, la alabanza no es poca, y el ultraje, nulo. Mis buceos en la ciencia asnológica me llevaron a confirmar que el asno ha sido involucrado con el problema del mal, con la esencia trágica de la creación y con el enigma de la materia. Nosotros creemos, como buen asnomaníaco, que los gnósticos se mostraron lógicos reivindicando –indirectament e- al asno. Para los ellos, Yahvé era el imperfecto demiurgo al que llamaban Jaldabaot. Tachado de ignorante, lo representaban con cabeza de asno. Mis investigaciones personales dieron por resultado que los cristianos eran llamados por mofa “asinaios” por los paganos, porque creían éstos que aquéllos adoraban una cabeza de asno. Resulta difícil desligar al cristiano del asno, dada la procedencia judía de los primeros cristianos, pues estaba claro que los judíos adoraban al asno, con el que restaban en deuda desde el día que les descubrió el agua en el desierto (Tácito dixit).

A mí no sólo me honra esta distinción asnal, sino que me parece un acto ecológico de primera. La raza de burros mallorquina, desciende de la catalana y se ha modificado por el efecto de insularidad. Se trata de un burro algo lanudo al estilo del zamorano, parecido al del Poiteau francés. Me gustan porque se usan de semental de mulas militares. Solo quedaban cuatro hembras y dos machos en 1995, y hoy están a punto de extinción. Nosotros luchamos para que los auténticos burros baleares figuren en las páginas de la historia.

El tiempo corre y ya es hora de comer. Yo tenía planeado detenerme en Algaida, un pueblito a quince kilómetros de Palma, cuyo topónimo me intriga desde el 11 de septiembre de 2001. Como soy aficionado a la etimología de pacotilla, enseguida armé un tinglado: Al Khaida en árabe significa La base, El Centro. Puede ser el núcleo del municipio (alcalde, alcaldía, alcaide) y por otro Al-khaida, foco de la revolución islamista. Pero no sólo es eso; quería enseñar a mis acopmpañantes algo más divertido. Desde hace largos años, al lado de una gasolinera, existe en Algaida una posada surtida con los mejores productos del país, sobrasada, ensaimadas, butifarrones…  Llevan el negocio dos hermanas que se ignoran, hasta el punto de que una semana lo regenta una y la semana siguiente la otra. Cada cual dedica su domingo a cambiar cubiertos, existencias, decorado, nevera, horno… todo. No sé cómo se las arreglan para que no se note diferencia de calidad en las vituallas. Únicamente difiere la música del excusado, pero siempre sale el cliente bien servido: una semana desagua con Mozart y otra con Beethoven. El único bemol es que cuando se orina por durante el pianissimo de un cuarteto se ha de cortar el chorro para no perder una nota, y una semana después se evacua sin reparo bajo el coro de la Novena Sinfonía.
Dimos vueltas y revueltas sin encontrar el establecimiento. Ni modo, habrá desparecido entre tanto desvío y rotonda que construyó el gobierno de PP. Lo están pagando ahora con multas, procesos y cárceles. 

Antes de tantas complicaciones viarias, esta parte de la isla llamada Mitjorn, estaba surcada por carreteras que pasaban entre paredes de ese blanco descrito por Josep Pla: “El blanco es tan furioso, que llega a impresionar. Con las luces de la primavera y los colores del paisaje, tal vez el blancor no resulte tan agrio: en verano casi lastima la vista. Los ojos se ciegan por la explosión de cal.” En los vallejos angostos, sobre el color blanco calcáreo de la tierra, se alzan bosques de almendros y algarrobos; los suelos más pobres producen matas, mirtos y romeros. En tiempo seco sube de la tierra un olor penetrante, de paja y árboles frutales.

Pos esos caminos llegamos a Felanitx. Cuando aprarcamos en la plaza Mayor, la verdad es que no parece el centro del universo, como pretenden sus habitantes: afirman éstos que Cristóbal Colón descubrió un mundo nuevo sólo por situar estas cuatro casuchas en medio de dos hemisferios. Muchos piensan que la gente de Felanitx suele ser astuta y su capacidad de humor se nutre de absurdo y filosofía pagana. Viven en el pueblo dos o tres mil ciudadanos que sustituyen lo posible por lo real y están dispuestos a que les cuenten historias.

Sin embargo, lo tienen muy argumentado: Según ellos, afirmar que el Descubridor era de Felanitx no resulta de un acto de fe, sino producto del conocimiento de su tiempo y de su circunstancia. La escritora María Virginia Martínez sostiene que era hijo de don Carlos, príncipe de Viana y de la mallorquina Margalida Colom. Del mismo modo que en su primer viaje el Almirante engañó a los marinos reduciendo las millas recorridas cada día para que les pareciese más corto, cambió la m del apellido por n, no lo fueran a perseguir por converso. Según ella, la teoría del Colón genovés resulta de una superchería urdida en Italia mediante la falsificación de documentos por historiadores fascistas. Mussolini recomendó que se presentara esta tesis en el Congreso Histórico de Varsovia de 1929. Por otra parte, “no hablaba ni escribía italiano ni portugués, mientras que todas las acotaciones de su Diario aparecen en español… y todos los giros, especialment los náuticos, son mallorquines”.
En el Museo de Colón se explayan estas presunciones. Por ejemplo, que cuando el futuro Descubridor se entrevistó con los muy católicos Isabel II y Fernando I, les señaló que era genovés. En realidad sus antepasados procedían de Génova, el pueblito situado al norte de Palma.
En fin, por no cansarles, los anexionistas señalan que Colón bautizó con el nombre de su madre (Margalida), una de las primeras islas descubiertas, y que en el escudo de armas de Colón figuran los colores de Mallorca.

Tal vez no se aclare nunca cual fue la patria del Descubridor. Lo indudable es que aquí vino al mundo Miquel Barceló. El pueblo es mundialmente conocido por ser la cuna de nuestro pintor. En su adolescencia, Miguel hubo de corretear por decenas de kilometros entre muros cuyos colores se abren ante nosotros a medida que avanzamos; quilómetros y quilómetros de piedras amontonadas.

La isla en general presenta un terreno pedregoso, lo que desde siempre obligó a los payeses a un intenso trabajo para convertir los peñascales en campos cultivables. El resultado es que la isla entera está cubierta de marges, gruesas paredes hechas de piedra seca que desempeñan una triple función: dividir las propiedades, almacenar las piedras sobrantes y también, en los terrenos inclinados, contener la tierra de los sembradíos. Si alguien se tomara el trabajo de medir el volúmen ocupado por estos muros, el resultado superaría al de las pirámides de Egipto. Estas construcciones confieren a la isla un carácter único por su belleza. A causa de las reacciones de las piedras por la erosión del tiempo y los elementos, se produce un juego de contrastes, no solo por la naturaleza de cada piedra, sino también por su orientación. No es difícil imaginar el paisaje mallorquín a la llegada de las legiones: naturaleza virgen y una población de unas quince o veinte mil personas agrupadas varias decenas de poblados talayóticos.[1]
Para mí, Barceló es un puro producto de esta geografía, en la que se juntan reminiscencias de las influencias europeas, africanas y àrabes 6

En Petra asistimos a la proclamación del premio literario Pere Colom, atribuído a Carles Mc Craig. Allí conocemos a un escritor mallorquín que tuvo la idea peregrina, altruista e insólita de crear un museo de aforismos en el pueblo de Consell (Consilium), lugar de encuentro de la romanizada Mallorca, más conocido por mondonguero que por sentencioso.
Para llegar al museo se pasa primero por la biblioteca del pueblo y se pregunta por Catalina, quien muy amablemente se nos ofrece de guía. El diccionario de la R.A.E – nos explica Catalina -, aforismo es una sentencia grave y doctrinal que se propone como regla en una ciencia o arte. Esta figura gramatical era tan insólita allí, que hubo una sesión muy tormentosa para aclarar su significado, con bandos favorables y hostiles a esta clase de dicho  inexplicable.

Fue el escritor Joan Guasp quién empezó, hace tiempo, a recopilar sentencias, ora filosóficas, ora humorísticas, escritas con la artesanía de la agudeza y arte de ingenio, que diría Gracían. La leemos un aforismo de este jesuíta: “Son necios todos los que lo parecen y la mitad de los que no lo parecen” Al cabo, Guasp decidió dar a luz a este museo singular y elaboró su propia definición del género : “Un aforismo no es una simple frase corta, ni una máxima, ni mucho menos una greguería; aunque una frase corta, una máxima o una greguería podrían ser aforísticas”.

Podríamos decir que el museo ocupa un lugar breve, como las joyas que encierra. Para mayor semejanza con el aforismo, fue inaugurado un 21 de diciembre, el día más corto del año.

En las estanterías conviven libros de autores aforísticos como Bergamín (Mas vale pájaro volando que ciento en mano), el polaco Stanislaw Jerzy Lem (Todo el mundo quiere tu bien; cuida de que no te lo roben), Eugenio d’Ors (Si no puedes ser profundo, sé al menos confuso). El las vitrinas se ven retratos de autores como Cristóbal Serra, Oscar Wilde, Groucho Marx, Joan Fuster, Ramón Llull. Este último reductor de frases viene tocado con un gorro que recuerda el de los alquimistas cuando se dedicaban a buscar la piedra filosofal.  

Se ha reservado un espacio para aquellas pinturas (Miró, Klee) y músicas (Eric Satie, Anton Webern), que por sus características están aparentadas con el aforismo.

En el pueblo adyacente, Petra –uno de los más antiguos de la isla, con una iglesia-fortaleza capaz de repeler a los sarracenos-, visitamos a la casa natal de Junípero Serra.

Tal vez dicho así no les evoque nada, pero han de saber que en California este beato es un dios: la avenida más importante de San Francisco lleva su nombre, y todo el año se organizan charters con miles y miles de yanquis deseosos de conocer el lugar de su fundador.

Junípero se fue de misiones sin casco ni espada, y no con arcabuces como iba la mayoría de los evangelizadores; él armado, eso sí, de semillas, viñas, y su biblioteca personal (unos veinte libros).

Poco después de su llegada a México, el padre sufrió la picadura de un insecto que le produjo la hinchazón de un pie y una úlcera en la pierna de lo que salió con una cojera para el resto de su vida. Esto no le impidió trotar tanto o más que Teresa de Avila.
En 1769, la Corona de España decidió colonizar la Alta California (hoy Estado de California). Junípero Serra fue nombrado presidente; supervisó la fundación de las nueve misiones y a todas les puso nombres del santoral: San Diego (1769), San Carlos Borromeo (1770), San Antonio de Padua (1771), San Gabriel Arcángel (1771), San Luis Obispo (1772), San Francisco de Asís (1776), San Juan de Capistrano (1776). Santa Clara de Asís (1777) y San Buenaventura (1782).
Con la protección de tantos bienaventurados, redactó la «Carta de los Derechos de los indios», que comprometía al virreinato a ejecer «el gobierno, el control y la educación de los indios bautizados, pero éstos pertenecerían exclusivamente a los misioneros». A partir de entonces, el beato Serra empieza a desplegar su doctrina: impone el celibato a los indios pecadores; para evitarles el purgatorio, o aún peor, los convierte en cadena. Se calcula que en el sólo año 1776 casó a 6.680 parejas y bautió a 2.000 inocentes, con lo que las ciudades puestas bajo la advocación de los santos fueron las más virtuosas de allende. Esto me hace pensar en el príncipe Norodom Shianuk: ”Si quiero que mis becarios salgan comunistas, los envío a la Sorbona de París; si de derechas, los mando a Moscú”. Pues bien: dos siglos después de la purificación efectuada por el Beato, la costa del Pacífico es paraíso de divorcios, edén de adúlteros, y corte celestial de gays.

De todos modos, Junípero Serra aportó riquezas inapreciables al Nuevo mundo: Sus frailes enseñaron a los indios métodos de cultivo y el modo de domesticar a los animales necesarios para la alimentación y el transporte; crearon una serie de universidades (San Diego, Berkeley…) y el tan reputado vino de California,  salido directamente del suelo malloquín.

No hay mucho que ver ni en la casa ni en el museo: algunos muebles tradicionales que no pertenecieron al beato, pues los suyos se los llevaron los yanquis al otro museo montado en California por el Rotary Club. Le foto de un dirigente de esta asociación de millonarios figura en el mejor lugar del edificio.

Lo que sí es interesante de la casa natal de Junípero, es la idea que nos da de la casa mallorquina, resultado de más de dos mil años de evolución.
Parece ser que las Baleares se separaron de la península ibérica hace ocho millones de años. La fauna actóctona vivió en espléndido encierro hasta hace nueve o diez mil años, cuando los primeros pueblos mesolíticos llegaron en naves toscas e inseguras. De cualquier manera, singladura deliberada o arribada forzosa, los navegantes encontraron una isla verde, virgen, cubierta de encinas y otras clases de árboles, cobijo de numerosas aves de finas carnes, donde crecían muchos vegetales y frutas silvestres comestibles; existían manantiales de aguas dulces y caza abundante de animales de pelo.

Diodoro nos da una referencia explícita de los primeros baleares: “Delante de Iberia hay diversas islas que los griegos llamaban Gimnesiai, porque sus habitantes iban desnudos en verano, pero los romanos las llamaban Balearides, porque sus hombres son los más diestros del mundo en lanzar piedras con honda.

En la historia de estas islas hubo tres intromisiones culturales dignas de mención. La colonización romana, a partir del año 123 a.C., fue probablemente la más importante. Según Estrabón, la isla fue sometida sin esfuerzo por Quintus Caeciluis Metellus e incluída en la provincia de Hispania Citerior, con capital en Cartago Nova (Cartagena).

Los criterios urbanísticos y edificatorios que Roma introdujo recogían las tradiciones del Mediterráneo oriental y del Próximo Oriente, forjadas durante milenios. Desde el punto de vista de la arquitectura y del urbanismo hacen aparición dos conceptos fundamentales, como si se tratara de inventos sofisticados procedentes de otra galaxia: la casa-patio, con más de cuatro mil años de evolución a sus espaldas, y la ciudad de trazado octogonal, según el modelo hipodámico de Miletos y Olinto, construídas cinco siglos atrás.

La estructura de la planta de la casa aparece dividida en crujías, definidas por muros paralelos a la fachada principal del edificio. Esta estructura permitía la construcción en fases sucesiva en función de las posibilidades económicas del propietario, de manera que el edificio iría ocupando paulatinamente el espacio librede la parte posterior del solar, jardín o huerto.

Segunda influencia, la musulmana. Los árabes llegaron a la península ibérica en 711, mas el sometimiento de la isla no se produjo hasta 902, al quedar Mallorca integrada en el Al-Andalus. Esa fecha marca el inicio de una etapa de culturización y poblamiento de la isla.
Lógicamente el tipo de vivienda más común en Mallorca en esta época es el mismo que predominaba en el resto de las áreas de Al-Andalus: la vivienda mediterránea modificada por el modelo romano, según sus distintas variantes “seccionadas” y en función de las condiciones económicas de sus propietarios.
En la construcción árabe, y su influencia en la isla, se puede hablar de una topología claramente dominante: la casa-patio de planta baja. Si bien esto suponía una herencia romana, se advierten diferencias notables: El patio parece como elemento central, organizador del espacio a su alrededor, lo que confiere a esta disposición un carácter más definido por la centralidad de su estructura organizativa que por la axialidad que caracterizaba a la casa romana. No exite una sucesión de espacios abierto-cerrados como ocurría en Roma, sino un único espacio abierto hacia el cielo, cerrado en sus cuatro lados por cuerpos edificados.
El últmo día de 1229 las tropas catalanas y aragonesas comandadas por el rey Jaume I asaltan la capital de la isla, Madina Mayurka, fuertement fortificada. Ni una sola mezquita fue respetada por los invasores, ni en la ciudad ni en el resto de la isla. De modo que se produce una paulatina colonización catalana, y la población va asimilando los cambios que impone la nueva civilización, desde el lenguaje hasta los modos de cultivo y de construcción. No obstante, entre los hechos culturales que tal situación provoca, lo que ofrece mayor resistencia al cambio es precisamente la idea de la casa. No se ha de olvidar que se pueden destruir los monumentos y los edificios, pero no la idea que la población tiene de la casa, reconstuída una y otra vez. Si bien cambiaron los palacios, las iglesias en las capitales (Pollencia con los romanos, y la actual Palma con el Islam y Cataluña), el resto de la isla actuó siempre como amortiguador en el cambio de cultura, puesto que tanto la colonización islámica como la catalana se produjeron a lo largo de siglos, lo que significa que en ningún momento de la historia se provocó una sustitución masiva del hábitat.

De cualquier modo, en la construcción de una casa encontramos sobre todo elementos provenientes de la cultura catalana, por ser la última. Los de aquí jamás estrenan una casa si durante su construcción, o al cabo de un año a más tardar, no se produjo en ella ninguna muerte. Así lo confirman los proverbios:                                         

                                         Casa composta, la mort a la porta.

                                         Casa coberta, sepultura oberta.

_______________________________________________________________

[1] Los talayots son monumentos funerarios de los antiguos baleares.

Le Monde Diplomatique, setiembre 2010

One Comment leave one →
  1. 14 diciembre, 2010 19:36

    hay alguna foto de la sibila mallorkiina vestida de rojo cantando?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: