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Enterrado en la cloaca

19 octubre, 2010

Cortejo del entierro de Franco en el Valle de los Caídos

Por favor, saquen a Franco de ahí; seamos indulgentes con los desaparecidos. Todo ser humano merece una sepultura digna Hace meses, Jordi Évole, El Follonero, depositó tres rosas con los colores republicanos en la tumba del dictador. Falta le hacen. Porque les voy a contar algo que tal vez ustedes ignoren. La cuestión del posible fallecimiento del Caudillo se puso de manifiesto el 1 de abril de 1959, día de la inauguración del Valle de los Caídos, cuya construcción había costado unos 20.000.000.000 de pesetas. El monumento faraónico, edificado con mano de obra gratis, fue obra de los prisioneros de la guerra civil, entre los cuales Enrique Tierno Galván, quien nunca quiso evocar este episodio de su vida, y los estudiantes Manuel Lamana y Nicolas Sánchez Albornoz, condenados en 1948 a trabajos forzados por haber escritos graffiti en los muros de la Universidad. De tal forma redimían los presos parte de la condena que les había sido impuesta. Muchos de ellos no llegaron nunca a gozar de la libertad. Debido al tipo de trabajo, que exigía el manejo de grandes bloques de piedra, y por la falta de medidas de seguridad, los accidentes eran diarios y en muchos casos mortales. A miles de trabajadores, transportados gratuitamente a Cualgamuros,[1] Franco equiparó el Valle de los Caídos con El Escorial: éste, símbolo del reinado de Felipe II; aquél, alegoría de la grandeza de su propia época.[2] Su discurso sobre el heroísmo de «nuestros Caídos» en la defensa de «nuestras líneas» fue triunfal y vengativo. Se deleitó acerca del enemigo que había sido obligado a «morder el polvo de la derrota» y no mostró ni el más remoto deseo de propiciar la reconciliación entre los españoles. La prensa oficialista describió el acto como la culminación de su victoria de 1939.[3] Sin embargo, los tiempos exigían que en la cripta reposaran caídos, tanto franquistas como republicanos. “¿No sería posible – escribió Javier Martín Artajo el 18 de julio de 1957 en el diario “Ya” – que con los esfuerzos de unos y otros pudiesen los muertos de uno y otro lado, incluso del medio, gozar de la paz que inspira este monumento? Los historiadores calculan que entre 30 000 y 60 000 combatientes fueron trasladados a partir de los años 1950, muchos de ellos caídos republicanos desenterrados de fosas comunes, siempre con la ignorancia o contra el deseo de las familias. Ya entonces el jefe de guerra deseaba que a él lo enterraran en la basílica. Sabiendo que ese era su voluntad, el arquitecto preparó los planos de una tumba en el altar mayor, próxima a la de José Antonio. El día de la inauguración de la basílica, Franco estaba recorriendo las naves con el arquitecto, y señalando el lugar escogido le dijo: «Bueno, Méndez, y en su día, yo aquí, ¿eh? »[4] En la película “El novio de la muerte”, José María Berzosa se entrevistó con un monje del convento de la catedral y con un funcionario de la cripta. El Primero le declaró: “Por ahí pasaba un desagüe. No estaba previsto que por el lugar donde lo enterraron pasara pasara un desagüe.” Así lo repitió el fraile, pero el funcionario fue aún más explícito: “Hubo que desviar el colector hacia la derecha para poner la tumba en lo que había sido su trayecto. Se hundió a un metro cincuenta, y le pusieron una baldosa de 1.500 kilos encima. Uno puede tener la opinión que quiera de Franco, Caudillo o dictador. Pero creo que nadie duda de fue un ser humano. Así lo consideraron Pinochet, Hussein y el príncipe de Mónaco, los únicos jefes de Estado que asistieron a sus funerales. Por eso abogamos para que se le saque del sumidero y se d sepultura digna, aunque sea católica. Ver: “El novio de la muerte”, filme de José María Berzosa, INA, París. La División azul La victoria franquista creó una morrocotuda deuda de guerra. Fracasadas las ilusiones del petróleo milagroso y de los barcos auríferos, el pago se convirtió en un conflicto de primera magnitud entre España y Alemania, que provocó innegable tirantez entre los dos paises[5]. Los franquistas esperaban un trato amistoso en razón de las afinidades ideológicas; los alemanes aprovecharon para conseguir mejores condiciones: Todo lo tasaron éstos, incluso la Legión Cóndor, que la parte española daba por gratuita en tanto que apoyo de una nación amiga. ¡Así que Franco pagó el bombardeo de Guernica! Normal, lo había encargado él. La valorización de los gastos la realizaron las autoridades alemanas, pues los españoles carecían de una contabilidad eficiente, y además presuponían una reuducción, lo que les aconsejaba demorar las tractaciones. En total, intereses aparte, los nazis reclamaron 480 millones de marcos, cantidad elevada para aquella época, que la debilitada economía española se veía incapaz de liquidar. [6] Para conseguir más ventajas, Hitler se aprovechó de esto y del interés del gobierno español en vincularse a una potencia en ascenso. En vísperas de la declaración de guerra, Alemania conta la Unión Soviética, el 22 de junio de 1941, Serrano Súñer se reunió en el Ritz de Madrid con el falangista Dionisio Ridruejo y con Manuel Figueroa, gobernador civil de la capital. El trío decidió formar un cuerpo voluntario para luchar contra la URSS. Franco entendió que sería una buena estrategia para estrechar lazos con la Alemania nazi. Inicialmente la División quedó formada por 18.446 hombres. Desde luego, fueron imperativos económicos los que los empujaron a rellenar los formularios para el alistamiento y a solicitar cartas de recomendación a los párrocos de los pueblos. Muchos se sentían obligados a ganar méritos por sus recientes pasados republicanos y otros lo hicieron con ánimo de aventura y de alimentar a sus familias en aquellos años del hambre.[7] También hubo espacio para la picaresca, pues algunos se enrolaron tan sólo para obtener un equipo de ropa y un anticipo económico con destino a sus familias, y no se presentaron el día de la partida. Los voluntarios recibieron armas automáticas, antitanques y máscaras antigás. Pese a que muchos divisionarios soñaban con ello, la División no fue motorizada. El día 31, con el general Muñoz Grandes a su frente, juraron en alemán y en español fidelidad a Hitler y, por Dios y por España, luchar hasta la muerte contra el comunismo. El 21 de agosto la División parte hacia el frente con la ilusión de participar junto a los alemanes en el desfile por las avenidas de Moscú. Primer delirio esfumado: En realidad los esperaban en Nogvorod, en las orillas del lago Ilmen, las aguas heladas del Vojov y los arrabales de Leningrado. Empieza un calvario, descrito por un combatiente anónimo: “Ahora avanzo entre mis muertos, solo/Muertos de Otenski y de Possad, de Sitno y de Rusia, transito en la ribera.” ¿Cuál fue el coste humano de la operación? Diego de Villegas estimó el precio en 4.500 muertos, 8.000 heridos, 7.800 enfermos y 1.600 congelados. Dado que muchos quedaron en poder soviético no fueron repatriados y aún hoy la inmensa mayoría reposa en tumbas esparcidas por el suelo ruso. 2.500 quedaron en fosas comunes o por enterrar. Franco admiraba a Felipe II y quería ponerse a su altura. Lo consiguió: el Rey Prundente dejó las costas inglesas llenas de ahogados de la Armada ; él sembró en la estepa muertos voluntarios. Alabamos sin reparo las acciones emprendidas para recuperar la Memoria histórica y los cuerpos de los fusilados. No nos olvidemos de estas víctimas de la misma aberración.

Fuentes: José Luis Rodríguez Jiménez, Los esclavos españoles de Hitler, Planeta, 2002. – Moreno Juliá, Xavier La Division Azul : Sangre Española En Rusia, 1941-1945 Editor : Editorial Critica, 2004

 [1] The Times, 2 de abril de 1959. [2] Franco, Discursos 1955-1959, pp. 208-209. [3] Arriba, 2 de abril de 1959. [4] Jesús Sueiro, El valle de los Caídos: los secretos de la cripta franquista.La Esfera de los libros , pp , 208-209 [5] R. García Pérez, « El envío de trabajadores españoles a Alemania durante la Seegunda guerra mundial, Hispania 170. [6] Ibíden, p. 82. [7] José Luis Rodríguez Jiménez, Los esclavos españoles de Hitler, Planeta, 2002.

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