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Julián Ríos, Puente de Alma

2 diciembre, 2010

Julián Ríos, Puente de Alma, novela. Galaxia Gutemberg-Círculo de lectores. 2009

De todos los escritores de su tiempo, Julián Ríos es uno de más fustigados por la opinión, ninguneado en el país del Spanishow. Las controversias que se producen en torno a su obra lo erigen en guía para los que permanecen perplejos en medio de la encrucijada literaria en la que nos hallamos: o se crea algo nuevo, o uno se conforma con repetir lo que ya se dijo. Siguiendo el axioma de José Bergamín: “Más vale pájaro volando que ciento en la mano”, Ríos abandonó pronto el naturalismo flaubertiano de  los pobrecillos volálites atrapados para correr en busca del único libre, suelto y soberano, que como sucede a todo artista, nunca alcanzará. Para entender bien a Ríos sería conveniente nacer en el Vigo druidico, panteísta, preñado de tradiciones y contradiciones; en una tierra en la que confluyen las culturas portuguesa ( con sus componentes africano y oriental), latinoamericana y francesa – por lo de la Vía láctea que lleva a los peregrinos hasta Compostela para rendir culto a Prisciliano, mártir decapitado en Tréveris en 385.

Antes de saber hablar, ya Ríos había descubierto la relatividad del lenguaje. En su familia se comunicaban en gallego y castellano ( can y perro; cocho y puerco; golondrina y anduriña)), de modo que para él todo podía ser nombrado de dos formas;  más tarde asumió el destino fatal de gallego, emigrando a Madrid, Francia, Alemania, Inglaterra y EE.UU. Y con toda la mezcolanza de idiomas compuso un español universal.

Así nos sorprendió en 1983  con Larva , novela en la que se aplica en audaces investigaciones textuales  llenas de ingenio verbal, ironía y sarcasmo, en permanente mestizaje de formas literarias. Tras este experimento joyceano y su continuación en Poundemonium (1985), Ríos siguió dando muestras de su concepción de la literatura como arte verbal en continua lucha consigo misma, en textos innovadores como Sombreros para Alicia (1993), Amores que atan (1994), La vida sexual de las palabras (2000)….

Con todos los antecedentes del autor, la elección del tema de “Puente de Alma”, tiene de qué sorprendernos: la muerte de la princesa Diana el 31 de agosto de 1997, cuando un Mercedes negro en el que viajaba junto con su amigo Dodi Al Fayed se empotró en una columna del túnel de Alma en París. Hubiera podido resultar una narración rosa sentimental como las muchas que el drama provocó, de no vivir cerca del lugar del accidente el narrador Emil, procedente de otra novela de Ríos, que acude inmediatamente a ver los restos calcinados y recibe  o sueña los testimonios más o menos precisos de curiosos personajes relacionados con la vida y muerte de Diana ( un fotógrafo ofuscado en lograr imágenes únicas del accidente, una pintora frustrada y un danés budista convencido de que la princesa de Gales  era la reencarnación de Louis Ferdinand Céline,) todos con una misma obsesión : la princesa y la oscuras causas del choque. Cada cual habla según su prisma de reflexión, y reproducidas por el narrador, sus cuentos serán una prolongación de la realidad.
Y Julián Ríos firme en la suya: su rechazo (mejor, resistencia), a las fuerzas que dirigen el mundo: la política, la prensa, el dinero. “Puente del Alma” confirma la unidad de una producción exigente e innovadora, centrada en la duda, el humor, la ambigüedad y la música de la palabra como regla de vida.

Ramón Chao

2 comentarios leave one →
  1. Federico Iribarne permalink
    4 diciembre, 2010 11:05

    El hecho que Ríos siga en la búsqueda de ese pajaro volando y no del “Spanishow” es razón suficiente para que todo amante de la buena literatura que aún no lo conoce, lea alguno de sus libros.
    En lo personal, admirador de quienes nos adentran en universos de música hecha con palabras, seguidor incondicional de Joyce y de Guimaraes Rosa, no pude menos que sentirme atrapado por la obra de Julián Ríos -fino neólogo y mejor músico; o fino músico y mejor neólogo (el orden de los factores no altera el producto)- cuando lo leí por primera vez. Y eso que no nací en el Vigo druídico.
    Tendré que leer Puente de Alma; la reencarnación de Céline en la princesa Diana ha de ser para alquilar balcones… La calidad literaria está asegurada, desde luego, como siempre que se lee a Julián Ríos.

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  1. Julián Ríos, Premio Laure Bataillon « Biblioteca Octavio Paz

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