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La inauguración del estadio Bernabéu

3 marzo, 2011

El fútbol no me interesa. Sin embargo, elcampeonato mundial me trae recuerdos del pasado.

Se estrenaba el estadio del Real Madrid. Los grádenos de cemento cercaban un césped rectangular con franjas de portería a portería. «Más tarde —dijo el presidente del Real en su perorata— habrá campos de tenis y de baloncesto, gimnasios y dos piscinas, una para caballeros y otra para señoras, que nos envidiarán las pervertidas naciones europeas». «Todo lo cual es posible —proseguía—porque, después de haber logrado la paz ennuestro país, hemos emprendido un esfuerzo titánico de reconstrucción, manteniéndonos al margen del conflicto mundial».

Emergieron los veintidós jugadores. De blanco, los del Real Madrid; los otros, de Os Belenenses, al que cupo la distinción de haber sido designado para tan magno evento.

Claro que a los dirigentes madridistas les hubiera resultado más que difícil encontrar un equipo que no fuera portugués. La total incomprensión de las potencias extranjeras nos limitaba a partidos internacionales con la que, súbitamente, se había convertido en nación hermana, y que tan menospreciada había sido antes y sería después. Todos se ordenan firmes, pechos salientes y quijada en proa, dispuestos a escuchar los himnos nacionales que toca una banda, por supuesto, militar. De entrada, el Madrid impone veinte minutos

de juego. Cuarenta mil espectadores, menos uno, empujan conalaridos los avances de su delantera. La voz ausente del coro es la del mismo cuyas palmas batieron al salir al campo los portugueses, contrapunto provocador de los aplausos corteses y agradecidos del resto de los asistentes. Y es que me acordaba de un dibujo de Castelao en el cual, al borde del Miño, un rapaz aldeano muestra con el dedo a su padre las tierras portuguesas

y le pregunta: «¿Por qué los del otro lado del río son más extranjeros que los de Castilla? »

El idioma de los jugadores portugueses que hasta mí llegaba conservaba lo que había vivido; era el mismo que hablaba con mis amigos cuando jugábamos en la Carretera de Reigada.

—¿Qué te pasa, gilipollas, estás por los portugueses o qué? En el segundo tiempo Ortiz sustituye a Pon, lo que da mayor consistencia a la línea de medios. Los lisboetas salen sin cambios. A los quince minutos, tras una jugada de los dos extremos, Alonso remata imparablemente el gol. El rugido del estadio no tuvo ninguna consideración por la reciéndescubierta amistad entre españoles y lusos.

—Ya podréis, metiendo jugadores frescos ycon el arbitro vendido. Pero ya veremos: también empezasteis ganando.

La verdad es que me mostré muy imprudente.

De vuelta al colegio cometí la insensatez de seguir en mis trece. Dos me agarraron por los brazos, otros dos por los pies y el tercero me tapó la boca. Cargaron conmigo y no pararon hasta llegar a los retretes, donde me pusieron patas arriba para meterme la cabeza en la taza.

«¡Avanza Alsúa, sortea a Feliciano, centra a Barinaga y éste, de un espléndido cabezazo, estrella el balón contra la red!», vocifera Antonio González poniendo el puño a modo de micrófono e imitando el tono engolado de MatíasPrats. «¡¡¡Gooool!!!», contestaron todos a coro y, todos a unatiraron de la cadena. Yo, con la cabeza en la taza.

Es innecesario describir el estado de suciedad de un recipiente que por día recibía unas ciento cincuenta liberaciones excrementicias, sin contar las mingitorias y testiculares; así que, bienvenida la tromba de agua, que por lo de pronto disiparía el hedor del recinto de loza emporcada. Los castellanos habían dejado reposar en la mierda mi cuerpo de gallego, pues la coronilla obstruía el canal de evacuación. El agua me llegaba al cuello. Invertido tragué, tosí, cabeceé, burbujeé, y expectorando seguía cuando el agua me bajó hasta la frente. Pude oír cómo el chiflido acuático llenaba otra vez el depósito, y no bien se detuvo, el locutor pasó a radiar en diferido el segundo gol.

La nueva tromba se desprendió cuando yo iniciaba una fuerte aspiración para aguantar más tiempo buceando. Me pilló en pleno ensanchamiento del tórax. Repitieron la acción tantas veces como goles se marcaron en el partido, sin que los anulados me fueran perdonados. En el último empecé a vomitar dentro del agua: por la boca y por la nariz me salían las lentejas de la noche, la hostia de la mañana, la bilís del momento, la rabia del futuro, la morriña de siempre, los prados verdescentes y la larga noche de piedra, que en cierto modo caía en aquel instante sobre mí.

4 comentarios leave one →
  1. 26 enero, 2013 20:42

    “Es duro ser portugués en españa”; “Es duro ser gallego en españa (árido lugar)”

  2. 17 febrero, 2013 13:20

    Palabras de Santiago Bernabeu en 1962: Mayores dificultades que el Benfica ha superado el Real Madrid en anteriores ediciones de la Copa……

  3. 13 abril, 2013 14:10

    Héctor Rial, gran futbolista de origen gallego

  4. 13 abril, 2013 14:10

    Diego López, el nuevo Miguel Angel…..

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