Skip to content

Pahíño

7 marzo, 2011

Los designios del azar son insondables. Alfonso Reyes decía que la casualidad no existe: todo encuentro es una cita.

Yo estaba convencido que de niño iba para astro del piano, y razones no me faltaron para creerlo. Becas a porrillo, sobresalientes en cada prueba y un concierto inicial a los diez años en el Círculo de las Artes de Lugo.

La verdad, sin embargo, es que siempre tuve mis dudas, y nunca supe si lasbecas y las notas me las daban porque mi padre untaba con chorizos y jamones a los profesores y a las autoridades, en plena época del hambre. En realidad, quería ser futbolista. Tengo una foto con mi hermano Xosé, calzados y vestidos ambos de jugadores – antes de que a él le diera por ponerse sotana- que lo demuestra.

Llegué a jugar bien. Primero en el equipo del Apóstol Santiago de Madrid (fuimos campeones de la ciudad, tras una final dramática contra el Calasanz, y alcancé la gloria en un solo partido que jugué en las filas del Rácing vilalbés.

Si no seguí por ese camino fue, miren ustedes qué curioso, por culpa de un futbolista.

Ya estaba yo en Madrid, a finales de los cuarenta y era mi ídolo balompédico  (de aquella la oficialidad traba de borrar toda influencia anglo-sajona, y no se decía fútbol, como tampoco baskett ball (baloncesto), corner (saque deesquina) ni referee (árbitro); Pahíño actuaba de delantero centro del Celta de Vigo, y luego se fue al Real Madrid, junto con Miguel Muñoz que lo había acompañado en el club de Vigo. Terminó en el Deportivo, con los míticos Acuña, Chacho, Chao.

De Pahíño me gustaba el nombre, semejante al de los últimos pájaros que ven nuestros marineros cuando bogan hacia el Gran Sol. Por otra parte, Pahíño tenía una pasión inimaginable en un deportista de nuestros días, y es que le gustaba leer.

También entonces era insólito, por lo cual los críticos futboleros le llamaban“El lector de Dostoïesky”. En las entrevistas hablaba a los atónitos periodistas de “Crimen y Castigo”, de “Memorias del subsuelo.” Como lo admiraba tanto, inicié un proceso de mímesis, tanto en el juego de cabeza, en el toque de balón como en las lecturas. Esas novelas citadas fueron las primeras que leí, a mis doce o trece años. Así me entró el vicio nefasto de la lectura.

En Madrid lataba las clases (latar es un galleguismo que no sé si sigue vigente;en castellano se dice hacer novillos) para ir a la Biblioteca Nacional, donde pedía los libros que había comentado mi delantero centro. Alternaba el escritor ruso con los gallegos Pondal, Cabanillas y Chao Ledo, un poeta costumbrista medio pariente mío. A éstos los leía en gallego, y si después de tantos años fuera de la tierra conservo nuestro idioma, a ellos y a Pahíño se lo debo.

Y más todavía: cuando llegué a París y se me fueron abriendo los ojos ante la realidad política, me dio por pensar que Pahíño era medio rojo, y, por consecuente, los rojos no tenían cuernos ni rabo, como nos los pintaban en el colegio.

No sé qué habrá sido de Pahíño. Me acordé de él hace días, cuando en una reunión en París, organizada por Nunca Máis, escuché a un grupo musical llamado Los Paíños, así sin hache. Me es imposible saber si el futbolista torció mi vida para bien o para mal. Seguro que la coincidencia de su descubrimiento me sirvió para justificar un camino tan aleatorio como el que había iniciado.

Ramón Chao.  Konciencia social, 15.06.2003

 ¡Comparte RadioChango!

No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: