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El pintor Stephan Gnad

19 marzo, 2011

"Todos forasteros" de Stephane Gngad.

Cada vez que vengo a las Islas Baleares, una o dos veces por año desde hace un cuarto de siglo, descubro a un creador que me impresiona, marca, y en cierto modo guia los once meses siguientes.

Sin citarlos a todos, allá por 1980 asistí en Sa Pleta de Son Servera a una de las primeras exposiciones de Miquel Barceló, con quien desde entonces mantengo una amistad cariñosa.

Poco después se produjo el encuentro con Matías Quetglás, el hiperrealista que me convenció, ofuscado que yo estaba, de que la pintura no tenía que irse por fuerza a la  abstracción para contar la vida.

Tardé demasiado en descubrir al documentalista y fotógrafo Agustí Torres, pero a tiempo para colaborar con él. En cambio, no creo que pueda crear nada a cuatro manos con Cristóbal Serra; sólo clamar en el desierto que se trata de unos de los grandes escritores del mundo occidental y me hizo el honor de nombrarme catedrático de la Academia de asnología que fundó y preside.

Hablaría del biólogo Javier Jansa, del médico, rentista, cafetero o farmacéutico de Son Servera que por muy acreditados que estén en sus oficios, bien harían en abandonar sus activades nutritivas para entregarse al arte, siempre aleatorio, y que no tolera que se le considere como una distracción.

En este introito sólo figuran nombres de nativos, porque curiosamente los foráneos son más célebres que ellos: Chopin y Gerge Sand, el Archiduque, Graves, Borges y hasta Camilo José Cela.

En este capítulo convendría ir descubriendo a Stefan Gnad, un pintor, alemán del norte, instalado aquí desde hace cerca de treinta años en los que ha elaborado una obra enraizada en su niñez, con múltiples aportaciones, acopiadas, recogidas en el mundo balear.

Antes especifiqué que Gnad procede de Alemania del norte, donde vivió los primeros años de su vida en un ambiente que motivó a los pintores flamencos, a los del grupo Cobra (Alechinsky,,, y del Die Brücke (el puente) fundado en 1905 en Dresden y cuyas figuras principales se llaman  Kirchner, Pechstein et Heckel. Viene a Mallorca, viaja, lee, visita las excavaciones talayóticas, las canteras de marés, las grutas de la costa

El mundo de todos estos hombres y países – paisajes marinos, animales fabulosos y apariciones humanas – se convierte en expresionismo pictórico.

De vuelta al taller de Artá, en su querida soledad, despliega un estilo basado en el gesto y la brillantez del color  se aventura en una pintura figurativa grandiosa, aún en los pequeños formatos, en la que incorpora los objetos más heteroclitos que le caen a mano. Es un extremista de las formas y los matices:  Los gestos han de ser salvajes, los mares tormentosos, las pasiones féroces.

No deja de ser sorprendente que Gnad pinte de la misma forma el rostro humano y las tempestades, sin ningún respeto por la tradición que suele regir  la représentación de la figura. En Gnad ésta se convierte en mueca de gárgola, máscara chillona de horror, perfil gótico espectral.

Los monstruos fabulosos qui habitan en su universo esconden una gran cultura, remitiéndonos a los primeros gestos artísticos plasmados en Altamira o Lascaux, fuentes de inspiración capitales para el artista. Gracias a ellas logra una relación particular  entre cuerpo, pintura y cuadro, así como una relación especial con la imagen.

Ahí tenemos a Stefan Gnad; no lo dejemos escapar. Yo por lo menos trataré de volver el año proximo a su guarida para ver cómo se comportan sus queridos monstruos.

Ramón Chao

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