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Encuentros con Bram van Belde

20 abril, 2011

Charles Juliet : Una Vida secreta, Encuentros con Bram van Velde. Traducción de Hugo Gola. Ediciones de la Rosa cúbica, 2008, Barcelona.

Bram van Velde fue uno de los que decían “Prefiero estar solo que bien acompañado”, lo que en cierto modo apoya el jucio que sobre él hiciera Jean-Luc Godard: “Ser artista es fracasar como nadie; el fracaso es su universo”.
El primer desengaño del pintor holandés se produce cuando, siendo niño, su padre lo abandona, dejándolo en una indigencia espantosa.
Es inútil insistir en la importancia de Bram van Velde en la pintura comtemporánea; en su encuentro en 1922 en Munich, su instalación en Paris, donde alcanza cierta celebridad, descubre a Matisse, a Picasso, y entabla amistad con Samuel Beckett.
Este libro, delicado e intimista, obra del poeta Charles Juliet, de entrada nos muestra la fragilidad entrañable del personaje. La primera conversación entre ellos data de 1964, cuando ya el pintor ejercía una indudable influencia en el mundo del expresionismo. Pero se mantenía modesto e inseguro:”No sé qué clase de persona es este pintor y temo ser mal recibido, ser considerado como un intruso. Me soprendo al encontrar a un hombre singularmente tímido, confundido ante un desconocido que llega para interrogarle sobre su pintura. Tomo asiento, me ofrece algo de beber y no deja de levantarse y de sentarse. Esta actitud me intimida todavía más, y me siento aún peor al farfullar algunas preguntas….”
Se emprende lo que sería abusivo calificar de diálogo: el pintor observa largos silencios interrumpidos con frases certeras como sentencias, y el entrevistador ha de llenar los espacios vacíos agrupando los aforismos: Es terrible vivir cuando no se tiene poder sobre las palabras….El pintor es alguien que no puede servirse de las palabras. Su unica salida es convertirse en visionario…La pintura es un poco tonta, un poco simple. Yo pinto para salir del hoyo. Pinto mi desventura… Considerado por sus amigos Samuel Beckett, Jacques Putman, Georges Duthuit como el pintor de la desesperación, Bram Van Velde trata de reproducir el movimiento inestable del mundo, la angusta de la condición humana, la atomisación del tiempo y del espacio, la disolution de la conciencia.
A veces, el poeta recuerda situaciones, frases que el pintor dijera y las restituye sin comentarios, como una letanía: Lo más difícil es no querer….Es necesario que todo alcance su fin para que pueda volver a comenzar…. Se vive de la extrañeza de las cosas… Lo importante es no ser nadie….La belleza que los otros han creado no es para el artista. Éste debe vivir solo.
Al final Juliet resumen la personalidad de Belde: “Renunciar al saber, a la cultura, a la voluntad. Renunciar a batirse, a afirmarse. Experimientarr durante cincuenta años una aplastante miseria, el drama de la absoluta soledad. Sufrir humillaciones.No encontrar, durante tanto tiempo, sino indiferencia, incomprensión, sarcasmo…
El libro que nos ocupa es corto, se lee en un par de horas y deja la sensación inefable de la bondad, ternura e inteligencia del pintor neerlandés.

Ramón Chao. Le Monde Diplomatique. Octubre 2003.

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