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Faldas y canciones

19 mayo, 2011

Con Daniel Cohn Bendit

Faldas y canciones: ver el original

El mayo francés empezó en España. También en Polonia. Nome voy a poner tan chauvinista, pero cuando Francia seaburría —así tituló Le Monde, en aquellos tiempos, un artículoprofético— y el general De Gaulle, presidente a la sazón,aseguraba que sus mandados eran bueyes de yugo, ya estaban soliviantadas las universidades de Varsovia, de Madrid y de Santiago de Compostela, que en esto fueron pioneras.

Sabido es que en Francia todo se explica por líos de faldas y termina con canciones. Y la verdad es que teniendo como sustrato los ejemplos citados, la chispa de mayo fue un asunto de que si las mujeres podían o no podían entrar en la Residencia de Estudiantes de Anthony. Ni  más ni menos.

Todo lo venidero surge de esto y del escenario siguiente.

Lugar: Facultad de Sociología de Nanterre.

Personajes: el ministro de Educación Nacional, Frangois Misoffe, y el líder

estudiantil Cohn-Bendit.

Coro: estudiantes de la Facultad.

Escena: inauguración de una piscina.

El diálogo fue el siguiente.

Cohn-Bendit.—Señor ministro, ¿por qué las chicas no pueden entrar en las habitaciones de los muchachos?

Frangois Misoffe.— Si tanto le acucia ese problema, refresqúese en la piscina.

Se armó la gresca y el grito estudiantil inmediato fue: «Sise sublevan los estudiantes en Madrid y en Varsovia, ¿por Qué no lo hacemos nosotros aquí?»

Lo hicieron de forma estrepitosa. En una semana pasaron de los ardores entrañables a los gesíos guerreros.

El 10 de mayo, al atardecer, el Barrio Latino se llenaba de barricadas.Todo servía: coches, adoquines, vallas y autobuses. La batalla contra los CRS fue memorable esa noche y muchas siguientes.

Los estudiantes gozaban de la simpatía popular y del apoyo de los habitantes del Barrio Latino, que arrojaban tiestos y trastos viejos sobre los cascos del orden.

Yo me pasé la noche de una calle a otra —cuando no estaban acordonadas— corriendo, llorando, esquivando porrazos, tantosgolpes y bombas lacrimógenas llovían.

Yo era entonces un joven corresponsal de El Alcázar, y pude contar los acontecimientos gracias a que dirigía el periódico en aquella época un hombre de talante liberal como Luís Apostua.

Al alba, el campo de batalla era desolador.Coches incendiados, la mayoría de las barricadas tomadas, sirenas, ambulancias, heridos arrastrados.

Jacques Monnod, futuro premioNobel, arrancó a su sobrino ensangrentado de los brazos policiales. Los Estudiantes habían salido perdedoresde esta refriega, como sucedería en las venideras, pero aún les quedaba  una esperanza en la clase trabajadora: que los obreros, al despertarse, oyesen por la radio lo que estaba sucediendo, avanzaran sobre París y se produjese, al fin, la alianza tan ansiada.

Algunas barricadas resistían a las ocho de la mañana en espera del milagro.

Nada. La CGT y el Partido Comunista señalaron el camino del trabajo, cada cual en su lugar. Más tarde, el mundo laboral entraría en huelga, pero ese es otro y largo cuento.

Periodista

Ramón Chao. Panorama. 7/03/1988

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