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Entre Gabo y Vargas Llosa

2 noviembre, 2011

Prefiero a García Márquez. Soy viejo amigo de ambos. Y en antigüedad, más de Vargas Llosa. Tenemos la misma edad y lo conocí desde que andábamos por los veintisiete. Trabajábamos en lo que entonces se llamaba Radiodifusión francesa, en el servicio de lenguas ibéricas; él ( con su tía Julia ) en los programas informativos y yo en los culturales. Mario cambió mucho desde entonces, y está bien eso de cambiar. A mi entender, una vez lo hizo en bien, y otra en mal.

En aquellos tiempos, joven y recién llegado de las Américas, se mostraba resueltamente anti colonialista, y asimilaba España a la antigua potencia opresora, de modo que su antifranquismo notorio estaba acendrado en la moral y la justicia. Me contaron muchas cosas después, y quiero creerlo, entre otras, que ocultaba en su casa a un tal Ernesto Guevara cuando éste pasaba por París. Luego se fue a vivir a Barcelona, después de haber ganado el premio Biblioteca breve de Seix Barral. Y sé que iba en coche a menudo a Perpignan a comprar prensa cuando se lo pedían los demócratas españoles. En Cataluña mantuvo una estrecha amistad con Gabo, y sobre “Cien años de soledad” cometió un mamotreto de quinientas páginas con el título tal vez profético “Historia de un deicidio.” Porque enseguida evolucionó: riñó de mala manera con su ídolo, se nacionalizó español ( sin dejar de ser peruano) y en cuanto a sus ideas políticas, ya se sabe que es uno de los grandes chantres del neoliberalismo, y afín a las ideas de Margareth Thatcher. Todo con sinceridad y convicción.

A Gabo lo conozco desde antes que le dieran del Nobel, hace unos veinte años. Las circunstancias del nacimiento de nuestra amistad son curiosas, mas no vienen a cuento en este momento. Si he de compararlos, diré que Gabo me resulta tan espontáneo cuanto Mario cortés, tan urbano como él aunque parezca más primitivo. Tal vez el equívoco proceda de la literatura que cada cual practica: Mario cuadrada y cerebral; Gabo desbocada y fantástica. Gabo también cambió. Desde que lo conozco, y desde antes, según sus allegados, se ha ido deslizando hacia lo que se llama la izquierda, y con moral sartriana llega a mancharse las manos. Por ejemplo ahora, con el caso de Cuba, tras la ejecución de los secuestradores piratas y en encarcelamiento de los periodistas. Uno condena a Fidel y otro lo acepta. Ambos son sinceros. Mario con su moral del pensamiento único y Gabo analizando los hechos. Éste sopesa que Cuba está en guerra. Desde hace más de cuarenta años, Estados unidos le impone un embargo cruel, que impide el desarrollo de la isla e implica consecuencias trágicas a sus habitantes. A eso cabe añadir la guerra ideológica constante contra La Habana, par medio de las potentes Radio y TV Martí, instaladas en Florida, que inundan a Cuba como en tiempo de la guerra fría. En Florida proliferan campos de ejercicios de los paramilitares exiliados que sueñan con invasiones y cuentan con la complicidad de la autoridades norteamericanas.

Cuba se enfrenta a múltiples agresiones de Estados Unidos, y a la par ha conseguido avances morales extraordinarios, como la abolición del racismo, la emancipación de la mujer, la erradicación del analfabetismo, la reducción drástica de la mortalidad infantil, la elevación del nivel cultural del pueblo. En lo referente a educación, salud y deporte, la pequeña isla obtiene resultados que la coloca entre los países más avanzados del mundo.

En cuanto a libertades, la situación es diferente. El último informe de Amnistía Inernacional señala los casos de detenciones y represiones, pero reconoce que Cuba no es el gulag que se dice. El informe no denuncia torturas ni “desapariciones” ni asesinatos, mientras que en las “democracias” vecinas – Guatemala, Honduras, Haití, e incluso México, Colombia y Brasil – no se cuentan los sindicalistas, periodistas, sacerdotes y alcaldes asesinados. A esto hemos de añadir, en estos países, la violación constante de los derechos económicos, sociales y culturales, la mortalidad infantil, el analfabetismo, los niños de la calle, etc. Le lectura del informe de Amnistía Internacional pone los pelos de punta.

Todo esto es lo que ha debido sopesar Gabo, junto con las recientes amenazas de los halcones norteamericanos contra Cuba después de la invasión de Irak. No creo que haya aprobado las ejecuciones. Pero Cuba está en guerra. Y sabe que en toda guerra fatalmente existen lo que eufemísticamente llaman imperdonables “efectos colaterales”.

Ramón Chao. Rebelión. Radio Chango, 22 de mayo de 2003.

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