Skip to content

Expansión del Imperio americano: 1836-1848 Texas-México

5 noviembre, 2011


Con la edificación de un fuerte en 1685 el conquistador francés Cavellier de la Salle inicia la historia moderna de Texas. En teoría España era propietaria de ese territorio, sin que hasta entonces lo hubiera estimado en nada. Si había elevado algunas edificaciones fue para evitar que otros lo hicieran en su lugar. Y precisamente, Estados Unidos se hallaba en pleno expansionismo. En particular, la vecina Luisiana era objeto de toda su codicia.

A partir de 1803, cuando Estados Unidos compra Luisiana, los pioneros anglosajones comienzan a emigrar hacia Oregón, Ilinois, Iowa, Nuevo México y Tejas: es decir, a terrotorios mexicanos. El virrey español y la recién nacida república mexicana cometen la imprudencia de autorizar esta colonización. Bastaba con instalarse, jurar fidelidad a México y adoptar la religión católica.

Al terminar la Guerra de Secesión, Estados Unidos se percatan de su poder. A la par, no pocos hombres políticos europeos muestran su inquietud ante el gigantismo que adquiere ese país en sus aspectos demográfico y territorial.

En su mensaje al Congreso del 2 de diciembre de 1823, el presidente James Monroe, proclama  la doctrina que lleva su nombre y desde entonces orienta la política exterior de USA. Si bien Monroe tranquiliza a las potencias europeas en cuanto a la política de no agresión de Estados Unidos, la segunda parte del postulado les instiga a no inmuscuirse en los asuntos del Nuevo Continente: América para los (norte)americanos.

En 1821 México consigue liberarse de España, e inicia un período de inestabilidad. El general Santa Ana derroca en 1823 al presidente Gómez Farias e instala un régimen dictatorial que facilita la instalación de anglosajos en Tejas. Donde no había más de 3 400 mexicanos, en 1832 ya se habían impuesto 24 700 anglosajones. Cuando Santa Ana percibe el peligro, ya es demasiado tarde. Adopta medidas para obligar a los forasteros a aceptar las leyes mexicanas. Sin resultados: la primera rebelión de los inmigrantes se poduce en 1832, y solicitan el apoyo de los Estados Unidos.

A principio de 1846 James Knox Polk encuentra un pretexto para intervenir. Habiendo desaparecido el Coronel Cross, intendente del Général Taylor, y encontrado su cuerpo decapitado, atribuyen el crimen a guerrilleros mexicanos. Los yanquis aprovechan para desplazar la fronter hasta Rio Nueces, a doscientos kms al sur de Rio Bravo.

El dos de marzo de 1836 estalla la guerra: el general Taylor por el lado yanqui; por el otro, el gobierno mexicano atribuye 6 000 hommes à Santa Ana para rechazarlo. En los inicios de la lucha los verdaderos mexicanos acumulan las victorias, hasta la batalla de Fuerte Alamo, el 6 de marzo de 1836. En ella el cabecilla de los rebeldes logra mantener y reorganizar sus tropas, que dos meses después, en San Jacinto, ponen fuera de combate a seiscientos soldados mexicanos.

La anarquía política había influído en la resistencia mexicana: seis presidentes se habían sucedido durante los combates.

De nuevo en el poder, Gómez Farias comete el error de conceder otra vez el mando de los ejércitos al general Santa Ana… quien a su vez provecha para derrocar al propio Gómez Farias. Sin embargo, se imponen la capacidad de fuego y la estrategia yanqui. Toman Veracruz y penetran en México el 13 de septiembre de 1847. Ambos países firman el tratado de paz de Guadalupe Hidalgo.

Estados Unidos, Francia e Inglaterra reconocen el nuevo Estado, cada cual por sus propios intereses. Y sin duda para disimular la expoliación, los yanquis compran medio México (Arizona, Nevada, Utah y el resto de Colorado) por la módica suma de ocho millones de pesos (unos quince millones de dólares), de los cuales se retiran tres milles para indemnizar a los ciudadanos norteamericanos que hubieran salidos perjudicados por la guerra. Santa Ana acepta la independencia de Texas a cambio de su libertad, sin el consentimiento de los ciudadanos.

Lecturas:

– Major Problems in Texas History: Documents and Essays, Sam W. Haynes & Cary D. Wintz, Houghton Mifflin Compañía, Boston (MA), 2001.

 

– Texas: The Lone Star State, Rupert N. Richardson, Prentice Hall, Upper Saddle River (NJ), 2000 (rééd.).

 – « La Destinée manifeste » des États-Unis au XIXe siècle »,  Collectif coordonné par Gérard Hugues. Éditions du temps, 1999.

La Frontera. Roman. Rubén Martínez. Albin Michel, Paris 2004.

– Les territoires de la mobilité. CNRS Editions, coll. Espaces & milieux, 2003.

Este artículo es un extracto del libro inédito, “La expansion del Imperio americano”, de Ignacio Ramonet y Ramon Chao.

No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: