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Recuerdos a Gabo.

23 noviembre, 2011

Al fin pude empezar a leer, robándole tiempo al tiempo, el último libro de García Márquez que todo el mundo ya conoce y se titula “Vivir para contarla”.

No me voy a entregar aquí a la crítica literaria, bastante se dijo ya sobre esta obra que no contiene memorias, sino que son novela; y no novela, pero tal vez recuerdos novelados. Y si alguien no los considera así podía tratarla de narración fantástica en torno a un sólo personaje de existencia real y proyección desmesurada llamado Gabito, Gabo, Gabriel y García Márquez, según las etapas de su vida. En la penúltima se detiene el relato, cuando el muchacho entra en la madurez, y ansiosos esperamos la continuación de estas memorias fuera de la memoria en las que, repito, tanto hay de novela como de realidad.

De todo tiene que haber, decía Cervantes, para que un libro sea bueno. Gabo nos promete la continuación, obra titánica, que ansiosos esperamos. Hurgar en la memoria, remover el siempre viscoso pasado ha de ser tarea común, no dejar pasar por trechos dolorosos a Gabo solo. Los que hemos compartido momentos de su vida debemos ayudarlo a sacarlos a flote, desenterrarlos.

Yo conocí a Gabo de forma asaz rocambolesca, ligada a declaraciones no menos insólitas de Miguel Angel Asturias que ya en su día relaté y ahora no vienen a cuento, pero ya que estamos entre amigos voy a recordar sucintamente.

Allá por los años setentas, el escritor guatemalteco y flamante premio Nobel de literatura (1967) me declaró en una entrevista para la revista “Triunfo” que “Cien años de soledad” era un mal plagio de “En busca del absoluto” de Balzac. Lo publiqué, lo desmintió, y hube de enviar a la Revista el texto grabado e íntegro de la interviú. Se armó un revuelo mayúsculo.

Cuando vino a París, Gabo quiso conocerme y le di una copia de la grabación. Ahí empezó una amistad mantenida hasta hoy.

Luego, en uno de sus viajes a la capital francesa, Gabo me preguntó – era a principios del 74, lo recuerdo por la revolución portuguesa de los claveles -; me preguntó si conocía a la gente de ETA. Sí, yo era a migo de un sacerdote vasco al quien prestaba simpatías con este movimiento que entonces guardaba estricta clandestinidad y gozaba de la simpatía ganada por una lucha que nos parecía esencialmente antifranquista. Quiero, me dijo Gabo, que me consigas a los que tuvieron la idea del la liquidación de Carrero Blanco, desde el momento en que la operación empezó a brillar en su mente hasta que apretaron la llave que desencadenó la explosión. (Recordemos que el almirante Carrero Blanco era el sucesor designado por Franco para perpetuar el régimen fascista salido de un golpe de estado alargado por una guerra civil.) Gabo proponía llevárselos a Venezuela para que le contaran minuciosamente todo el proceso, de A hasta Zeta. Le hablé al cura de marras, y a partir de ahí todo resultó fácil. Me dieron cita el 24 de abril de aquel 1974, el día en que los capitanes portugueses entraban con la democracia en Lisboa y acababan con un régimen sangriento y odioso. En espera del encuentro me fui tranquilamente a México, aceptando una invitación de la presidencia para un homenaje al poeta español León Felipe. Los actos se prolongaron, y con pena hube de acortar mi estadía para acoger a los vascos, que se desplazaban desde Euzkadi a París, a Gabo, desde Barcelona.

En café del Barrio latino me encuentro con dos mozarrones tímidos y juveniles, barbados de oreja a oreja, poco locuaces e impacientes de más. Gabo que no llegaba. Hablamos de trivialidades, y Gabo sin llegar. Me disculpé como pude. Es igual, me dijeron, el libro ya está escrito. La autora era Eva Forest. Preséntanos a un editor. Ipso facto los llevé a ver a Jean Lacouture, quien dirigía la colección “Histoire inmédiate” en la editorial Seuil. Así salió “Operación Ogro”, publicado después en español por Ruedo Ibérico. Gabo se me disculpó después por carta, en la que asomaban atisbos de reproche por la indiscreción. ¿Qué esperabas, Gabo? le respondí. ¿ Callarles la boca a los protagonistas de una acción que cambió el destino de España?

Ramón Chao. Konciencia social, 3-12-2002.

Radio Chango

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