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California. Cronología inacabada de las invasiones yanquis.

24 noviembre, 2011

1846 California. El nombre de California ya existía antes del descubrimiento de la península. Aparecía en una novela de caballerías llamada Las sergas de Esplandián, de Garci Rodríguez de Montalvo, publicada en 1510. Se discute aún de dónde exactamente provino la idea de aplicar tal nombre a la península de Baja California, que en principio se creyó una isla. La mayoría de los investigadores e historiadores piensan que el nombre proviene de los indios californios que habitaban en el dicho territorio.

En 1542 Juan Rodriguez Cabrillo, en nombre de la Corona de España, desembarca en San Diego (que llama San Miguel). Durante mucho tiempo, los galeones españoles se limitan a pasar por la costa californiana para ir y venir de Filipinas a México. Y como solía suceder, otras fuerzas extranjeras despiertan el inetrés de los españoles por sus posesiones. En este caso el corsario inglés Francis Drake, después de posarse en el norte de San Francisco en 1579, arrasa varias ciudades y ocupa parte del territorio. Le contesta en 1602 el capitán Sebastiano Vizcaíno sin que lleguen a mayores, pues todos creían que California era una isla, hasta que en 1701 un jesuíta llegó al Colorado por la península. Transcurre todavía medio siglo para que los españoles, temerosos de las expediciones de los rusos desde Alaska, se determinen a instalarse de una vez en California.

En 1775 exploran la bahía de San Francisco, donde construyen un presidio, y tres más a continuación, para defender la costa. Faltaban los indios. Varias misiones para convertirlos y una oportuna viruela para diezmarlos. Como necesitaban poblar la región, desplazan a miles y miles de mexicanos que instalan en San José (1776), Los Ángeles (1781) y Branciforte (1797).

Si bien por el momento, y al contrario de América del Sur, esta región no disponía de oro, poseía cantidad de animales de caza y de aguas rebosantes de pescado. Por la fertilidad de su tierra, los árboles cargados de frutas en cualquier estación, la dulzura del clima y la belleza de sus paisajes, bien merecía el nombre de Paraíso terrenal que le pusieron al llegar. Ademas, su ubicación estratégica provocó el interés de varias potencias coloniales.

Empezaron el inglés James Cook, que andaba detrás de pasaje mítico hacia el Noroeste (1776), y el conde albigense La Pérouse. En 1786 desembarca éste en la bahía de Monterrey. No deja de anotar en la bitácora la belleza de un Eldorado lujurioso. Pero también observa la vida y la dureza de los franciscanos para con los indios: “A los indios de ambos sexos les infligen castigos corporales cuando no observan los ejercicios piadosos, así como penas que en Europa se reservan a la justicia divina, como los hierros o el bloque de tortura.”

No cesan las incursiones forasteras. En 1812 se installa en el norte de San Francisco una compañía de pieles ruso-americana. Luego, en 1818 el corsario francés al servicio de Argentina, Hippolyte Bouchard, ataca Monterrey y Santa Barbara.

Como España es incapaz de proteger su colonia, se la pasa a México cuando este país accede a la independencia en 1822.

Corren los extranjeros a instalarse en este país: negociantes, balleneros, cazadores. Casi todos célibes, compran o alquilan terrenos y se nacionalizan mexicanos. Los que llegan de EE.UU fomentan disturbios contra el gobierno mexicano, reclamando la anexión de California a su país de orígen. La primera tentativa fracasa en 1836.

Pero el gusto por este proyecto arraigó; desde los años 1840 los expansionistas del Norte soñaban con los puertos de California para alcanzar la costa del Pacífico. La declaración de la independencia de Texas y la guerra contra México les permite alcanzar sus fines. En 1846 las tropas federales yanquis pasan la frontera de Texas y se apoderan de California. El Comandante Portsmouth iza la bandera USA en Yerba Buena (San Francisco) y el 7 de julio de 1846 John Drake Sloat, tal el corsario homónimo, desembarca en Monterrey y proclama la anexión de California. Pocos días después un obrero descubre una pepita de oro en un pozo del capitán John A. Sutter, dueño de alrededor de 48,000 acres en el Gran Valle Central de California. Trabajaba con James W. Marshall cuando, “Baje como siempre, y luego de cotar el agua de la fuente me metí en ella, cerca de la parte menos profunda, sobre la roca,a unas seis pulgadas bajo la superficie del agua, descubrí el oro.”
Sutter obligó a los trabajadores del molino a mantener el secreto, pero el rumor se propagó de todas formas y pronto la gente comenzó a llegar. En diciembre de 1848 el presidente Pol confirma oficialmente el descubrimiento y comienza el, « Gold Rush »  Camino del Oro. San Francisco se cbarro, madera y latas en la que reina el desorden y la violencia. Pero ya California era en 31e Estado de la Confederación.

La ocupación rápida y violenta de la región provoca el exterminio del pueblo Yana, entre otros. Con doscientas mil almas en 1850, esta tribu india se queda en unos quince habitantes en 1870. Sólo quedaba Ishi, on de símbolo. Vivió escondido hasta 1911. Hambriento y agotado, se presenta en la ciudad de Oroville. Se lo llevan al Museo de la Universidad de Californie, donde será estudiado por etnónologos y psiquíatras. La tuberculosis acaba con él en 1916, y su muerte simboliza la desaparición de toda una estirpe.

Lecturas : La vie quotidienne en Californie au temps de la ruée vers l’or, 1848-1856, Liliane Crété, Hachette, Paris, 1982.

– L’Or, de Blaise Cendrars.

Une histoire populaire des États-Unis. De 1492 à nos jours. Howard Zinn, Agone, 2002 . Marseille.

-Les 100 portes de l’Amérique Latine. Maurice Lemoine. Editions de l’Atelier, Paris

– Histoire du Nouveau Monde. De la découverte à la conquête. Carmen Bernard, Serge Gruzinski. Paris, Fayard, 1986.

– La conquête de l’Ouest, de Annick Foucrier, Gallimard, Octavius, 1999.

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