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Sobre curas y animales

16 diciembre, 2011

Cuentan que en tiempos de la República había frente al seminario de Mondoñedo un veterinario, quien para se entendiera bien su actividad, aclaró en la placa de la puerta: “Se hacen curas de animales”. Un chusco escribió con tiza en la puerta del seminario: “Se hacen de animales curas”.

Convivían también entonces en mi pueblo un párroco y un alcalde que se llevaban como más tarde lo harían Peppone y don Camilo: a matar. Un día, para mofarse del alcalde librepensador, el cura le puso a su propio perro del nombre de Voltaire, que así llamaban de apodo a su vecino. Sin que pasara mucho tiempo, una buena mañana salió a la calle el perro del alcalde tonsurado, todo orondo con su coronilla en la cabeza.

Otras barrabasadas cometíamos con los animales, como dar de fumar a los murciélagos (no sabíamos que los cigarrillos daban cáncer) , atar latas a los rabos de los gatos o separar a los perros cuando se afanaban en fornicar. Cada vez éramos más crueles. Diríase, y tal sea una ofuscación mía, que la evolución política conllevaba el maltrato a los seres vivos en general, de igual manera que lo iba haciendo con la especie humana.

En lo que se refiere a España, tras los últimos estertores del franquismo, los primeros balbuceos de la socialdemocracia pueden ser representados por los suplicios infligidos por Felipe González a los bonsáis, y al mismo tiempo que el primer ministro reducía la talla de estos entes vivos, nos metía en la OTAN y ensanchaba el camino del imperialismo. De la misma manera, al neoliberalismo que nos acecha, rodea y embiste, le da por experimentar sus teorías con animales.

Ya se hace en EE.UU y en Japón con lo que denominan los “bonsái-kittens”. El principio está tomado de los bonsáis vegetales, pero con gatos. Se mete a un gato recién nacido en un frasco, como a los fetos en los laboratorios. Se les alimenta a través de un tubo de hospital y dos sondas se encargan de extraer orina y excrementos. La alimentación consiste en productos químicos destinados a ablandarles los huesecillos y a que puedan crecer oprimidos dentro de los botes. En ellos y de esa forma permanecen toda su vida, sin comer ni moverse. Hay tiendas de “Bonsáis-kittens” en Nueva York y Japón, y al paso que van las cosas, eso es lo que nos espera en Europa.

¿Quién nos puede salvar de esto y de sus consecuencias humanas? De lo segundo bien lo sé, pero no quiero utilizar estas columnas para hacer propaganda por el no en el referéndum. Y además, en España ya está consumado. Antes, en tiempos de Maricastaña, se creó la Sociedad protectora de animales, declarada de utilidad pública y dependiente del Alto Patronato del Presidente de la Republica. Pero hoy, sin República, ¿qué va a ser de los animales?

El día de san Francisco de Asís ( el santo de los pajaritos) pasé por delante de la iglesia galicana de Santa Rita en París. Entraban en ella tortugas, conejos, perros, gatos, e incluso dromedarios, zebras, lamas y loros en jaula. Me asomé. Caso único. Se iba a celebrar una misa para ellos. Por lo visto se canta dos veces por año un oficio en latín y según el rito galo de San Pie V. Asistí a la homilía, en la que se corroboraba mi análisis: – los hombres no nos diferenciamos en nada de los animales, y el mismo sistema nos rige a todos – . El Gran Patriarca bendijo a bípedos, cuadrúpedos y alados : “ Todos juntos, bendecid al Señor.” En este refugio me dije: “!Que el neoliberalismo nos coja bendecidos y confesados!

Konciencia social, Ramón Chao el 30.03.2005   ¡Comparte RadioChango!

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