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Simon Bolívar (1783-1830). 63, Rue de Richelieu. París II.

28 enero, 2012

No es que cuadre lejos; pero tenemos que caminar tanto para ver todo lo que figura en el programa de hoy, que más vale coger el metro para ir a Palais Royal. Al salir fijaos en las balaustradas de la salida. Están hechas de construcciones modulables de Héctor Guimard, el Gaudí francés, e inspiradas en las teorías de Viollet-le-Duc. Se tienen por uno de los mejores ejemplos del “modern style” aplicado a la industria.

En el 228 de la calle de Rivoli estaba la Salle du Manège, donde se celebraron las primeras Asambleas constituyentes, y el 21 de septiembre de 1792 se proclamó la primera República. Justo enfrente tenéis el Hotel Meurice, que entre 1940 y 1944 fue el Cuartel general de von Choltitz, comandante supremo de las fuerzas nazis, y uno de los lugares en los que se entablaron los combates más encarnizados cuando la Liberación de París.

Caminando hacia el norte por la calle Richelieu vemos una placa en la fachada del n°61: « Aquí vivió Stendhal de 1822 a 1823»; en el 69 de esta misma calle escribió « Los paseos en Roma » y « El Rojo y el Negro”,  su novela más célebre.
Sepamos también que por el número 63 pasó Simón Bolívar, uno de los grandes rebeldes latinoamericanos.
Sepamos también que por el número 63 pasó Simón Bolívar, uno de los grandes rebeldes latinoamericanos. Defensor de la dignidad humana, liberó a Venezuela, Colombia, Ecuador, Perou, Bolivia y Panamá. Su combate por la solidaridad entre los pueblos y su independencia, merecen la veneración universal. También en 1804 Bolívar vivió durante una temporada no lejos de aquí, en el 4 rue Vivienne, como nos lo recuerda una placa de la Asociación general de estudiantes latinoamericanos.

Simón Bolívar fue un rebelde enorme, que osó levantarse contra el imperio español. No cabe duda de que forma parte, y por varias razones, de las grandes figuras tutelares de la humanidad. Llegó a París por primera vez en 1799. Admirador ferviente de Bonaparte, asiste a su coronación en la catedral de Notre-Dame*. Desde entonces se pone en contacto con el pensamiento revolucionario de la Francia de las Luces, con las ideas de cambio y de liberación. Su estadías en Francia fueron decisivas para afirmar su determinación de alzarse contra el estatuto colonial de la América hispana. Bebiendo en las fuentes filosófias y políticas de la Revolución francesa, quedó muy impresionado por la epopeya napoleónica. Analizando la situación de su continente, concluye que jamás podrá España oponerse a la Francia de Napoleón, y que sus enemigos, como Inglaterra, aprovecharán esta debilidad para sacar provecho del conflicto.

Por consiguiente, piensa Bolívar, las colonias españolas habrían de elegir entre la dominación francesa y la inglesa, a menos que decidieran emanciparse y seguir su propio camino. A raíz del descalabro naval de España en Trafalgar en 1805, causado por los ingleses, se convence de que la suerte de los borbones es más que insegura ante Napoléon.

Es entonces cuando en Roma, el 15 de agosto de 1805, pronuncia el voto del Monte Sacro  delante de su amigo y maestro Simón Rodríguez: « ¡Juro delante de usted; juro por el Dios de mis padres; juro por ellos; juro por mi honor, y juro por mi Patria, que no daré descanso a mi brazo, ni reposo a mi alma, hasta que haya roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español. »

Tras su muerte se va descubriendo la inmensidad de su figura. Ya para sus contemporáneos encarnaba el combate por la emancipación de América Latina ; una lucha fascinante y sin medios, que durante quince le llevó a vencer toda clase de obstáculos y enemigos para poner coto al imperio español. Luego, en el mundo occidental, su nombre se convirtió en símbolo de lucha contra el despotismo y las viejas monarquías. Los revolucionarios franceses de 1830 y 1848, los carbonari[1], los liberales, la mocedad romántica, todos invocaban su nombre y su ejemplo. Entre ellos lord Byron, quien a la embarcación con la que pensaba liberar a Grecia le puso de nombre Bolívar.

A menudo lo traicionaron, muchas veces fue incomprendido y al fin no logró  realizar su sueño de unir a todas las ex-colonias españolas. Su visión política se adelantaba a su época y se le acusaba de aspirar a la dictadura. En varias ocasiones trataron de asesinarlo, particularmente el 30 de septiembre de 1828, salvándose gracias a la intervención de la segunda mujer de su vida, Manuela Saenz, « Libertadora del Libertador ». Enfermo y decepcionado, abandona su misión titánica en 1830 y fallece en el camino del exilio.

Su último mensaje, dirigido al pueblo colombiano el 10 de diciembre de 1830 desde la hacienda de San Pedro Alejandrino, a unos quilómetros de Santa Marta, nos da una idea de su personalidad y comprendemos la fascinación que ejerció en todos los latinoameericanos amantes de la libertad :

« A los pueblos de Colombia.
Colombianos:
Habéis presenciado mis esfuerzos para plantear la libertad donde reinaba antes la tiranía. He trabajado con desinterés, abandonando mi fortuna y aun mi tranquilidad. Me separé del mando cuando me persuadí que desconfiáis de mi desprendimiento. Mis enemigos abusaron de vuestra credulidad y hollaron lo que me es más sagrado, mi reputación y mi amor a la libertad. He sido víctima de mis perseguidores, que me han conducido a las puertas del sepulcro. Yo los perdono.

Al desaparecer de en medio de vosotros, mi cariño me dice que debo hacer la manifestación de mis últimos deseos. No aspiro a otra gloria que a la consolidación de Colombia. Todos debéis trabajar por el bien inestimable de la Unión: los pueblos obedeciendo al actual gobierno para libertarse de la anarquía; los ministros del santuario dirigiendo sus oraciones al cielo; y los militares empleando su espada en defender las garantías sociales.

¡Colombianos! Mis últimos votos son por la felicidad de la patria. Si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la Unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro ».

A lire : Arturo Uslar Pietri, Insurgés et visionnaires d’Amérique latine, Critérion, Paris, 1995.

Chomsky, Noam, Hegemonía o supervivencia, El dominio mundial de EEUU, Bogotá, Grupo Editorial  Norma, 2004.
Guadarrama, González, Pablo, El humanismo en el pensamiento latinoamericano, Tunja, UPTC, 2002

Ocampo, López, Javier Manual de Historia de Colombia, Bogotá, Procultura,  1984, Tomo II

Pérez, Arcai, Jacinto, El fuego Sagrado, transcrito en el anexo 8, Ley Fundamental de la República de Colombia, Ciudad de Santo Tomás de Angostura, 17 de diciembre de 1819, Caracas, Imprenta Nacional, 2002.


[1] Carbonari ; es decir, carboneros. Miembros de una sociedad política y secreta fundada en Italia a principios del siglo XIX con el objetivo de instaurar una república democrática en la península..

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