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Annie Silva Pais, la hija rebelde

20 febrero, 2012

Ana Brandão en el montaje portugués La hija rebelde, dirigida por Helena Pimenta.

Nacida en el seno de la gran burguesía portuguesa; esposa de un diplomático suizo e hija única del responsable máximo de la PIDE,  aparato represivo de Salazar y Caetano, enamorada de Che Guevara, Annie descubre en Cuba un mundo hasta entonces desconocido y se pone al servicio de la Revolución. Su historia es un inmenso pozo del que rebosan dramas, pasiones y desavenencias familiares. Los autores de esta novela-documento montan un relato en forma de sinfonía con voces entrelazadas : épica de la fábula, y confesiones de protagonistas de esta insólita historia de amor y espionaje. 
“Oímos hablar de Annie (aquí suena la voz de los autores) por primera vez en agosto de 1999. Había tomado la decisión de abandonar su pasado y su posición, sus referencias familiares y amistades, para entregarse, bajo la fascinación del Che, a la revolución cubana”.

Y ahora les dejo que adivinen quién habla, si los personajes, los autores, o el que firma estas páginas: Nunca el comandante Che Guevara se había mostrado tan osado como al final de aquella tarde en La Habana, hasta el punto de fijar una mirada turbada y ostensible en el cuerpo esbelto de la señora Quendoz. Espléndida, con un vestido rojo de encaje que le dibuja la figura realzada por un escote generoso, Annie deja de ser en ese preciso instante una mujer más, perdida en una de las innumerables fiestas que organizan las embajadas europeas. Ajena a las conversaciones casi siempre anodinas que entablan las damas y los caballeros del cuerpo diplomático, ahora todo le suena a ruido. Si alguien baila todavía, los movimientos parecen los propios de un carrusel, indiferentes a la rumba, al mambo, al chachachá o al danzón. Se siente la reina. El palco entero es suyo. Y, como en la canción que la célebre Orquesta Ritmo Oriental popularizara antaño, quizás le apeteciera lanzar al co­mandante una mirada de desafío, rematada con una provocación definitiva: « jQué rico bailo yo!»

Tímido, el Che no la saca a bailar. Se acerca y, en un gesto sin precedentes en aquel hombre austero, esboza un galanteo. Elogia el vestido -discreta manera de alabar el divino contenido-, se entrega a unos minutos de conversación y se aparta de ella. Jamás conocerán la magnitud del terremoto que habrá sacudido los pensamientos más íntimos de ambos, porque todos los desenlaces quedan abiertos…

La hija rebelde, de José Pedro Castanheira y Valdemar Cruz. Editorial Circe.

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