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Erik Satie (1866-1925)

29 febrero, 2012

Anidado en lo alto de la colina, con sus molinos de viento de los que sólo queda el de la Galette (transformado en albergue para seminarios y recepciones) ; alejado de la algarabía parisina, el barrio de Montmarte recela varias atracciones turísticas : calles en escalera, estrechas y sinuosas, palacetes e incluso viñedos de los que mucho se enorgullece.

Completan la decoración reverberos del siglo XIX dignos de una tarjeta postal ; y aunque parezca que Aristide Bruant[1] murió hace siglos; que se fueron los pintores bohemios, y que ardió el Bateau Lavoir[2], el panorama sigue siendo sorprendente : ese Sacré-Cœur, obra maestra de la escultura pastelera tan feo como siempre, y los seudo pintores de la plaza de Tertre posando para los japoneses! Sólo faltaría que Antonio López[3] viniese a copiar los techos de París y a venderlos in situ.

Y es que aquí podía suceder cualquier cosa, como que Eric Satie fuese cliente del Chat Noir[4] , un cabaret que según Fulcanelli[5] era un “centro esotérico y político” y guardaba disimulados toda suerte de símbolos.

Después de mudarse al número 6 de la calle Cortot en 1890, Satie se presenta en este cabaré denominándose “gymnopedista”, sólo por haber compuesto una «Gymnopedia»; los poetas lo tildaron de músico griego.

Pobre y sucio tal Diógenes, un día decidió buscar con su lamparita el fin de su indigencia moral, que oscilaba entre lujuria y castidad. Para flagelarse por su ligue con Suzanne Valadon[6], amante también de Toulouse-Lautrec y a la que ofrecía dibujos de castillos a falta de otra cosa, escribió unos compases -«Vejaciones»- que se repiten ¡ochocientas cuarenta veces y suman veinte horas de música!.

De aquella se ganaba la vida como pianista ratonero (decía de bar), pero a los cuarenta años pensó que ya iba siendo hora de aprender música y se inscribe en la prestigiosa Schola Cantorum con el célebre Albert Roussel. El autor del Festín de la araña se niega a dar clases a un alumno tan dotado ; para quitárselo de encima le otorga el diploma de compositor con mención honorífica y «oficial académico por méritos cívicos».

Lo cual no quita para que el beneficiado se mantuviese en la extrema izquierda, que se presentara como « Erik Satie, del Soviet de Arcueil », y mostrase un espíritu rebelde que lo llevaba a pensar que el arte había alcanzado «una etapa ridícula».

Aislado en la banlieue, compone piezas de piano acompañadas de explicaciones burlescas y designadas con títulos atrabiliarios: Tres piezas en forma de pera (1903), Auténticos preludios fofos para un perro (1912), Tres valses distinguidos del precioso asqueado (1914).  Siempre metido en su concha, manipula con habilidad un sistema personal de auto escarnio ; por ejemplo, cuando escribe a su editor firma: «Se despide amistosamente su doméstico… »

El 18 de mayo de 1917 se estrena en el teatro de Châtelet “Parade”, ballet de Jean Cocteau dirigido por Diaghilev, música de Satie y decorados de Picasso, con un escándalo semejante al de 1913 con la Consagración de la Primavera de Stravinsky*.

La partitura contenía una música rítmica y funcional con charcos sonoros, sirenas de ambulancia y máquinas de escribir. Una obra que según Apollinaire “ señala el punto de partida de un nuevo espíritu “.

Al final de su vida el tono de Satie es más grave, aunque no abandone las chirigotas («El doctor me dio por perdido e hizo que me buscara un perro de caza») ni las groserías, como la que le dijo a Picabia :« Me gustaría tocar en un un piano que tuviese un rabo enorme » ( piano á queue en francés significa piano de cola y la queue equivale a la sin hueso).

Iba Satie un día de 1924 en el metro cuando se entera de la muerte de Lenin y agarra  un berrinche de chiquillo. Los pasajeros, perplejos, le prestan ayuda, aunque decepcionados al fin de que fuera por tan poca cosa. Algo después, y tras ciento treinta y dos días de hospital, el 1 de julio de 1925, fallece víctima de una cirrosis hepática que desde hacía años roía al «músico humorista», como le llamaba Georges Auric[7]. Al llegar a su último domicilio sus amigos quedaron estupefactos. Primero hubieron de sacar dos volquetes de basura para acceder a la guarida del compositor más desconcertante de siglo XX : un centenar de paraguas, una colección de cuellos postizos, dos pianos, uno encima del otro, y más de cuatro mil cartas recibidas o escritas por él con una caligrafía exquisita. Jean Cocteau pudo comprobar que ninguna estaba abierta ni franqueada.

A lire : Satie, par Anne Rey (Poche – 1 octobre 1974)


[1]              Aristide Bruant (1851-1925). Ecrivain et chansonnier. Ce ” barde du pays ” a consacré une chanson à chacun des quartiers de París, toutes bâties sur deux ou trois mêmes modèles et réutilisant les mêmes airs (les mêmes ” timbres “) empruntés à des cantiques ou à des complaintes. Il a créé un style original où la critique sociale va de pair avec une tendresse pour le petit peuple, les prostituées et les voyous, et s’exprime avec verve dans une langue colorée et argotique.

[2]                Situé au numéro 13 de la rue de Ravignan (anciennement rue Émile Goudeau), le Bateau Lavoir est connu pour avoir été, au début du XXe siècle, le lieu de résidence et de réunion de nombreux artistes peintres, mais aussi de gens de lettres. Un incendie l’ayant endommagé en mai 1970 (il n’en restait que la façade), il a été refait pour accueillir des artistes étrangers. Initialement surnommé la « Maison du trappeur », il aurait été rebaptisé par le poète Max Jacob, lors de l’arrivée de Pablo Picasso et de ses collègues en 1904, en référence aux bateaux-lavoirs en activité sur la Seine.

[3]              Peintre hyperréaliste contemporain espagnol.

[4]              Situé au pied de la butte Montmartre, le cabaret du Chat Noir fut l’un des grands lieux de rencontre du Tout-París et le symbole de la Bohème à la fin du XIXe siècle.

[5]              Fulcanelli (1839 ? – ?) . Alchimiste du XXe siècle, dont la légende dit qu’il serait parvenu à réaliser le grand œuvre vers la fin de sa vie, c’est-à-dire à découvrir les secrets de la vie éternelle et de la pierre philosophale (maîtrise de la vie et de la matière) avant de disparaître mystérieusement au début du XXe siècle. Il est l’auteur de deux ouvrages majeurs de la littérature ésotérique sur la symbolique alchimique : Le Mystère des Cathédrales et Les Demeures philosophales.

[6]              Marie vint très jeune à París, où elle fut modèle professionnel pour Puvis de Chavannes, Renoir, Toulouse-Lautrec, Degas. Ce dernier, au vu de ses dessins, l’encouragea à persévérer. Son œuvre peint (à partir de 1892 : nus, portraits, natures mortes), influencé par Gauguin, est remarquable par la fermeté du trait cernant des couleurs vives.

[7]              Membre du groupe des Six, il est l’auteur, avec Diaghilev, des ballets Les Fâcheux et Les Matelots, et de la tragédie chorégraphique Phèdre. Parallèlement, il signe des musiques de films aussi célèbres que le Sang d’un poète (1930), La Belle et la Bête (1946) et Orphée (1950) de Jean Cocteau, Moulin Rouge (1953), réalisé par John Huston, ou bien encore Notre-Dame de París de Jean Delannoy, et même La Grande Vadrouille de Gérard Oury.

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