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Allan Kardec (?-1869)

1 abril, 2012

Los problemas horripilantes que asaltan al universo nos llevan recordar la vida y a visitar la tumba de Allan Kardec (?-1869), uno de los grandes espiritistas de los últimos siglos.

Subiendo por la calle Rameau, situada frente a la antigua Biblioteca Nacional, salimos a Sainte Anne. En el número 59 se entra en uno de esos pasajes parisinos, de cuya influencia oriental (Ispahan, Estambul, Fez, Damas, Bujara) les hablamos antes y ampliamos ahora merced a un texto de Chardin publicado tuada en 1686.

«El témino de bazar significa mercado […] se llama así a las calles importantes cubiertas en las que sólo hay comercios. Los más amplios tienen entre catorce y quince pasos. Casi todos son de ladrillo, con bóveda y cúpulas, algunas muy bellas. La luz del día entra por tragaluces. De este modo se puede pasar un día entero de lluvia en el bazar de Ispahán sin mojarse»

Los primeros pasajes aparecieron en París y Londres en las postrimerías del siglo XVIII, y llegaron a su apogeo a principios del XIX. Esto se debió en gran parte a la campaña de Bonaparte en Egipto (1798-1799), que provocó en París un entusiasmo por los monumentos y elementos decorativos egipcios – el pasaje del Cairo, de 1899 recibió su nombre de esta expedición.

El comercio de lujo se concentraba en los pasajes del Palais Royal, mientras que los cercanos a la calle Saint Denis eran más populares; además de su encanto propio, éste de la calle Sainte Anne se distingue porque alberga uno de los centros europeos más importantes del espiritismo. En el oficiaba Allan Kardec, cuyo verdadero nombre, con el que no iría a ninguna parte, era Hippolyte Rivail. En una sesión al estilo de las que organizaba Mesmer, una sonámbula le reveló hechos misteriosos de su pasado. Resulta que en una vida anterior, Hippolyte había sido el Gran Druida Allan Kardec, y éste ancestro le anunció que los espíritus contaban con él para inmortalizar su nombre místico.

En consecuencia, recuperó el de su proto abuelo y fue consagrado Gran Druida. Rebautizado fue un gran pedagogo y le pudo caer la iluminación de forma oscura: “el cuerpo que abandonamos en una de las etapas llamada muerte constituye un estado pasajero de nuestra evolución; el alma, elemento permanente, es de esencia divina; o sea inmortal. Existe un tercer elemento llamado peri espiritu, que es una especie de magma fluídico invisible e impalpable, capaz de materializarse en los médiums, que poseen una sensibilidad sobrenatural. Si comprendieron algo (si no es claro es confuso),  añadiremos que de esta forma, a través de los médiums y del peri espíritu, los muertos, los desencarnados, pueden comunicarse con los seres orondos y coloradotes.

En este pasaje significativo de Allan Kardec se editó en la «Revista espiritista», cuyo primer número salió el 1 de enero de 1858. Al lado de las recomendaciones morales del nuevo Mesías, se insertaban textos firmados por eximios corresponsales de ultratumba como Voltaire, Lutero, Rousseau, San Agustín, San Francisco de Sales y otros. La jerarquía católica protestó violentamente por considerar que le pertenecían los derechos ( ¿de autor?) de los bienaventurados. Pero mandaba entonces un ministro del Interior iniciado en el esoterismo y la revista se hartó de publicar ensayos del más allá. Con la bendición oficial, ya que no episcopal (Francia es un país laico), el espiritismo conoció un desarrollo fulgurante. Kardec podía andar de misionero y asestar por doquier sermones a los incontables neófitos, sobretodo en Burdeos, donde treinta mil personas entraron en el ocultismo en un santiamén y como por arte de magia.

Sus libros fueron traducidos a todos los idiomas y dicen los crédulos que después de la Biblia se pusieron en segundo lugar en el ranking de las ediciones. Todavia son hoy herramientas indispensables de los médiums y cabalistas.

Allan Kardec instaló la «Sociedad de Estudios Espiritistas» en este pasaje Sainte-Anne, y aquí murió (perdón, cambió una vez más de estatuto) el treinta y uno de marzo de 1869. A pesar de los progresos científicos su influencia no disminuyó ni mucho menos ; diríase que al descubrir mundos nuevos, el hombre siente más necesidad de teogonías y sombras caliginosas.

Su cuerpo reposa en el cementerio de Père Lachaise, y es de creer que su culto continúa floreciente; es la tumba más perifollada (¿ex-aequo con Jim Morrison?) de un camposanto que cuenta con los sobresalientes Chopin, Delacroix, Georges Sand, Eloisa,  Abelardo…

Obras de Allan Kardec:

Le Livre des Esprits (1857)

Le Livre des Médiums (1861)

L’Évangile selon le Spiritisme (1864)

Le Ciel et L’Enfer (1865)

La Genèse (1868)  Spiritisme (1864)

Le Ciel et L’Enfer (1865)

La Genèse (1868)

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