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Contra el Euro

3 abril, 2012

Dibujo de Juan Ballesta

La Francia de la Razón, de los Enciclopedistas, la Revolución,  la Comuna y Mayo de 1968,  es hoy uno de los pocos países del mundo cuyo presidente puede tomar medidas trascendentales sin consultar con nadie.

Lo acaba de hacer Sarkozy al decidir enviar tropas a Afganistán, a lo que, según las encuestas, se opone el 54% de los ciudadanos.Lo anunció ante el parlamento británico, una forma de ningunear a los diputados franceses.

Remontando un poco en el tiempo, ya en 2005 el gobierno de Jacques Chirac había organizado una consulta sobre la ratificación del tratado para la Constitución europea. Se produjo entonces el famoso e inesperado no, y ahí había quedado el asunto.

El nuevo presidente, el de ahora, se acaba de pasar por las horcajaduras la voluntad del pueblo, prefiriendo el si que no dejarán de darle sus seguidores en el Parlamento. Mutatis mutandis, es lo que sucedió hace meses en Venezuela. Hugo Chávez sometió al voto popular una reforma de la Constitución. La mayoría votó en contra y el presidente, tachado siempre de dictador (en el mejor de los casos; en otros le llaman “el gorila rojo”), aceptó el resultado sin ocurrírsele llevarlo al Parlamento, donde también dispone de mayoría absoluta. Pero es que uno es demócrata y otro dictador, adivinen ustedes quién es quién.

La verdad es que, desde hace unos diez meses, todo le sale al presidente francés al revés. La enumeración de sus traspiés me llenaría la columna. Sólo abordaré el problema que le plantean ahora Europa y el euro, que le regresa como un boomerang.

Ciertos grupos altermundialistas, de extrema izquierda y lepenistas, empiezan a reclamar el retorno a la moneda nacional: para ellos, un Estado que no acuña su moneda carece de independencia; culpan sobre todo al euro de la extraordinaria inflación que se produjo desde 2002, y de la inherente carestía de vida.

En enero de 2002, algunos días después de la introducción del euro fiduciario (piezas y billetes), el  90 % de los franceses confiaba en el beneficio que podía aportar la nueva moneda. Cinco años después, el 52 %, según la revista católica Le Pèlerin, asegura que el euro es nefasto para del desarrollo del país, para el empleo, y en suma para los ciudadanos.

Al cabo de más de siete años de utilización, los europeos en general se muestran cada vez más descontentos del resultado, indica una encuesta realizada por el instituto Gallup. Según este « eurobarómetro», solo 45 % de europeos consideran que la moneda única es ventajosa.

En cuanto a Galicia ¿qué les voy a decir yo a las amas de casas? Una botella de aceite de oliva cuesta casi 150 por ciento más que cuando se les impuso el euro. ¿Y el pan? La barra estaba en unos 50 céntimos y al cabo de seis años ya había alcanzado los 70. ¿Es preciso recordar que los huevos aumentaron 50 por ciento? ¿Y las frutas?: depende; entre 25 y 50%.

Muchos franceses exigen un nuevo referéndum, y lo promete Ségolene Royal si sale al fin de presidenta, o al menos lo incluye en su programa.

Mas no se apuren; esto lo arreglan los sesudos burócratas de Bruselas. ¿Saben ustedes cómo? Terminaron por cogitar que aparte de su aspecto tangible y notable, la depreciación del euro se debe a una vertiente sicológica. Con un billete de 20 o de 50 francos en el bolsillo, el consumidor tenía la impresión de poseer dinero. Ahora son piezas de 1 o 2 euros, de modo que se toman por calderilla.

Reconocen que cometieron un error al sacar tanto suelto; no contaron con el poder simbólico del papel. Piensan que con la creación de billetes de uno y dos euros se engañará a los consumidores: Arguyen que el billete es un “lugar de memoria”, y que la gente añora el Manuel de Falla, el Cristóbal Colón o el Romero de Torres – en lo que se refiere a España. Estos billetes contenían y encarnaban una época. Piensan que Europa también debería exhibir en nuevos billetes sus personajes de las ciencias, las ideas, y las artes.

La puesta en circulación de billetes de 1 y 2 euros no plantea problemas substanciales. El coste de fabricación (unos 6 céntimos), es razonable. En realidad, se trata de una cuestión sicológica. A partir del primero de julio, Francia presidirá el Consejo de Euroopa durante seis meses.  Parece ser que el presidente se dispone a explayar  esta idea ante sus asociados europeos, en particular los dirigentes de los países recién ingresados. Piensa sin duda que el PIB de la Comunidad se va a solucionar con ruedas de molinos.

Ramón Chao. Kociencia social, 17-VI-2008

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