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El precio de la medicina

23 abril, 2012

La medicina occidental ofrece características turbias. Todos conocemos casos a nuestro alrededor de pacientes que ingresan en una clínica por un dolor de muelas y salen a los cuatro días operados de apendicitis. Pero el error es humano: se debió a un despiste del operador responden, o a una repentina peritonitis aguda, que siempre se puede justificar. Lo malo es que semejantes despistes se generalizan.

Un estudio de la Fundación hospitalaria indica que la aplicación de cesáreas en Francia varía del 9,3 % al 43%, según las clínicas u hospitales, tanto en la seguridad social como en el sector privado. En 1981 se contaron solamente 10,9% de nacimientos pour cesárea en todo el país, y el año pasado llegaron a 20,1%. Los autores de la encuesta se atreven a indicar las razones de esta diferencia: en ciertos quirófanos abren el vientre de las madres para “programar los nacimientos” y los cirujanos puedan irse tranquilamente los fines de semana, así como para “mejorar los costos de producción”; lo dicen tal cual, en términos de rentabilidad neoliberal. Muchas parturientas se dejan convencer por argumentos falaces: seguridad, rapidez, y menor sufrimiento.

Los intereses económicos de los centros médicos y de las industrias farmacéuticas son enormes. Lo vemos en la diferencia de precio entre un medicamento genérico y el mismo vendido por las firmas comerciales. Como en literatura, les « inventores” de moléculas declaran sus descubrimientos en el Instituto de la Propriedad Industrial, que les garantiza la exclusiva durante 20 ans. Cuando expira el plazo, los productos “caen” en el dominio público y son ni más ni menos eficaces que los originales, aunque muchos consumidores sigan con un prejuicio inverso.

No hablemos del tratamiento que dan los grandes medios de difusión a la acunpuntura, tratándola casi como remedio de meigas, cuando es tan científica y curativa como la medicina tradicional… pero mucho más barata.

Hace tres años estuve con Wozniak y mi hijo Antoine en Cuba para escribir un libro. Llevaba veinticuatro meses de radiografías y sesiones de rehabilitación de un brazo que no lograba levantar, a causa de un resbalón en moto que se tradujo en tendinitis. Fuimos a visitar el estadio de beisbol de La Habana. El médico del club, al verme medio inválido me preguntó la razón de ello, que le expliqué como a ustedes. Trató de moverme el brazo: no es una tendinitis, sino una bursitis. Ven a mi casa esta noche. Allí me aplicó una infiltración cuyo nombre científico no entendí, y al cuarto de hora me ordenó que levantara el brazo. Empecé con sumo cuidado. ¡No; insistió. En alto de una vez! Eso hice, y desde entonces me encuentro en plena forma – por lo menos en ese aspecto.

¿Pero cómo es posible? Mira, me explicó. En tus países, los médicos saben curar esto muy bien. Pero alargan el tratamiento porque te cobran por cada intervención. Aquí los pacientes no pagáis, y lo que queremos es sacaros de encima lo antes posible.

Ramón Chao. Desde mi otero. La Voz de Galicia, 2003.

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  1. Felipe López permalink
    21 mayo, 2012 21:09

    Señor Ramon, muy interesante el escrito que realiza sobre el precio de la medicina, esto es la pura verdad, siempre nos quieren vender enfermedades para que el sistema se enriquezca a costa de dichas enfermedades.

    Gracias desde Manizales, Colombia, por tratar de informarnos y ayudarnos a quitar la venda que tenemos en nuestros ojos.

    Felipe López.

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