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José Martí (1853-1895) y el Café Tortoni

27 abril, 2012

Hoy, Ignacio Ramonet y un servidor les llevamos a un lugar que ya no existe, el mitico café Tortoni, frecuentado por pintores y escritores, entre ellos José Martí.

"En el café" por Edouard Manet

En la esquina del bulevar de los Italianos y la calle Taitbout se hallaba Tortoni, afamada repostería y uno de los cafés literarios más concurridos de su época.

El napolitano Velloni, a quien por anómala deformación los franceses llamarán Tortoni, abre una tienda de helados pegada al Teatro de los Italianos; las óperas de Rossini atraían a multitudes que el avispado comerciante supo explotar (no hay modo de evitar las redundancias… ni los lugares comunes). Los conciertos de Lizst y Chopin* aumentaban el caudal de franceses y de francos. Ya bien asentado, puede ampliar el negocio y construir una terraza donde se cita lo más granado del romanticismo: Alfred de Musset, Gautier y tantos otros modelos de elegancia y agudeza. Pese a que el pionero falleciera en 1822, no sin dejarnos de recuerdo el corte napolitano  (helado de tres gustos), su heredero supo mantener la misma calidad.

 Sarah Bernhardt y José Martí en París, ca. 1874

Sarah Bernhardt y José Martí en París, ca. 1874

Cuenta en sus crónicas José Martí – ya saben ustedes, Martí es el apóstol de la independencia cubana -, que pasaba horas en este café. A los quince años había comenzado la lucha anticolonial y fundó un periódico independentista. Al tiempo, se interesaba por el idioma francés leyendo a Víctor Hugo, Alejandro Dumas, y Balzac en el texto original, asistía a clases del martiniqués Athanase Portier en La Habana y en 1871 en Madrid con Leandro Álvarez Torrijos.
En Cuba lo detienen y acusan de traición, lo que le vale seis años de seis años de trabajos forzados. Sin haber cumplido enteramente la pena, y todavía adolescente, lo deportan durante cuatro años a España. Allí estuvo hasta 1874, cuando obtiene un diploma de letras y viene a París. Poco sabemos de su estancia aquí; llegó a los veintiún años, pasando unas semanas que le permitieron entusiasmarse por sus museos y monumentos. Consta que entabló amistad con Sarah Bernhard. En ella descubrió « el símbolo de la energía pujante de esta nación » y publicó un artículo ditirámbico sobre ella en The Sun de Nueva York : « Una mujer pobre que logró tal importancia en el mundo ha de ser una gran mujer […] ¿ De dónde procede ? De la pobreza.   ¿Adónde va ? A la gloria”

Cuando Martí venía a este café, presenciaba (! y oía !) las obras inmensas de la construcción de la Ópera Garnier, que sería inaugurada en 1876. El estruendo y el frío lo desazonaban. El invierno era crudo, de lo que se queja en una carta del 26 de diciembre de 1874 a su novia Blanca Montalvo, que había permanecido en España: “El 25 me llegaron tus dos tristes y cariñosas cartas, pero a pesar de su tristeza y de mis lágrimas, cuando las recibí me dio la impresión de que me daban vida, y ahora, después de recibirlas, respiro…”

En una de sus crónicas titulada “Variedades de París », que publica en la Revista Universal de México, hace una descripción amarga de este París el 9 de marzo de 1875. No obstante, da a entender que conoció a Victor Hugo. Se da por seguro que se entrevistó con Auguste Vacquerie, secretario y hombre de confianza del gran escritor, y que seguramente le pidió autorización para traducir algún poema.

Además de colaborar en la Revista Universal de México, se convierte en abanderado de la cultura francesa, escribiendo lo que sigue sobre la patria de Molière, como se dice trivialmente: Nul peuple ne réunit à ce point les conditions tant idéales que pratiques. Nul ne jouit tant, ni ne travaille tant. Nul ne pense mieux ni ne produit plus de beauté.
 Nadie como él supo analizar el problema surgido entre Francia y España cuando  el incidente diplomático de Orán el 14 de septiembre de 1881. Recordemos que Francia aceptó pagar a España dos millones de francos de indemnizaciones por las pérdidas de los súbditos españoles en las guerras anticolonialistas: » ¿Cómo no alegrarse de un resultado que a pesar de los esfuerzos de algunos para favorecer a las monarquías en detrimento de los pueblos, refuerza la amistad entre una república y otra que pronto lo será?
Antes que nadie, Marti comprendió que el imperialismo yanqui substituiría al español; según él, más valía «morir sin patria, pero sin amo».  Su manifiesto « Montecristi », obra clave en la lucha revolucionaria cubana, sirvió a Fidel Castro para continuar la lucha de independencia.

A lire : Carmen Suárez León « José Marti-Victor Hugo, chronique d’une rencontre improbable » (traduit par Alain de Cullan), Lettres de Cuba, Revue culturelle numérique, www.lettresdecuba.cult.cu/

José Marti, La Guerre de Cuba et le destin de l’Amérique latine. Aubier.
José Marti Pages Choisis. Nagel.

One Comment leave one →
  1. Federico Iribarne permalink
    27 abril, 2012 13:22

    Una lástima que ya no exista en París ese mítico café. De hecho, yo conozco el café Tortoni de Buenos Aires, un lugar magnífico por cierto.
    Un saludo, Ramón

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