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Prisciliano y basta, España

20 mayo, 2012

Hace unos quince años, intrigado por una frase de Unamuno, las ganas me entraron de agarrar la Vespa 125, recorrer el camino de la Vía láctea desde París, y plantarme en Compostela. No pretendia descifrar el enigma (“No creo que ningún católico medianamente culto pueda pensar que las reliquias de Compostela son de Santiago” ; ya lo había resuelto el vasco: “¡Son de Prisciliano!”); lo que me movió fue una voluntad transgresora, harto del Santiago y cierra España que nos asestaban en el colegio de Madrid…, llamado por cierto ¡Apóstol Santiago!

El vertiginoso scooter surca los sembradíos de la Beauce; en medio del campo y entre los vientos, se distingue una torre sutil, rosada, rasguño en el cielo. Y pronto un cartel: “Combray de Marcel Proust”. Olvido a mi humilde Vespa delante de una pastelería don­de venden las «auténticas magdalenas para recuperar el tiem­po perdido». Desde el interior de un bar podré vigilarla mientras hojeo el periódico local, La Nouvelle République du Centre-Ouest de aquel 14 de agosto, y pego con una historieta gráfica dedicada a Prisciliano.

Firma el texto un tal Pierre Yves Proust. Le pido el recorte a la tabernera. Todavía no lo han leído todos los clientes, se disculpa. Qué carajo le interesa Prisciliano a sus clientes. No se lo dije, claro, y bastante enojado llamo a la redacción del periódico.
A Proust le sorprende mi llamada. No se trata de una broma, le digo, demostrándole un conocimiento del hereje mucho mayor del que tiene el común de la gente, gracias a las lecturas de Unamuno y de su TBO. No le gusta nada de nada que le llame hereje.

– Es hereje, me replica, según el punto de vista de sus enemigos. Fue el primer eclesiástico ejecutado por el brazo secular, vivió en el siglo IV, fue obispo de Avila y lo decapitaron en Tréveris, la ciudad donde nació Karl Max. ¿Qué más le puedo decir?

-En un libro de Alphonse Dupront leí que es un precursor de los albigenses.

-Bueno, si; se puede considerar que se adelantó a los cátaros, a Savonarola y a Lutero, pero en realidad poco se sabe de su vida.
El patrón de España, símbolo que animaba a los cristianos contra los musulmanes, es el mito más grande de la cristiandad. A partir del siglo VIII comenzó a peregrinarse desde todo Occidente hasta Galicia para venerar los restos del también llamado Hijo del Trueno. De aquel movimiento de masas que dura hasta nuestros días y crece cada año, nació una de las mayores industrias turísticas de todos los tiempos. ¿Quién se atrevería a remover los cimientos que sostienen ese entramado social, económico y a veces espiritual?

Y eso que poco se sabe de Santiago. Sólo que era hijo de Zebedeo, hermano de Juan y uno de los discípulos de Jesus, señalado por él como uno de sus más próximos. Apenas se encuentran referencias suyas en los relatos evangélicos; sólo una, y esencial: fue decapitado en torno a los años 42-43 por orden de Herodes Agrippa, rey de Jerusalén.
La incombustible Vespa arremete contra montañas de tiza y manadas de corderos. Poca gente, pocas casas, ningún pueblo que merezca una parada. Lleva noventa quilómetros en los neumáticos, se me ocurre dar marcha atrás, pero ya no es cuestión de volver sobre las rodadas :  Pretendo llegar a la catedral de Angély, donde se adora una de las cabezas de Juan Bautista (otra está en Amiens). Me imantan sus ojos desorbitados por la danza del vientre que le asestó Salomé; eso quería, y de allí ir a Royan, cruzando la ensenada en ferry.
Los textos más antiguos sólo permiten conjeturas y nada dicen de la vida de Santiago. Lo más llamativo es la ausencia total de referencias en obras de autores eclesiásticos hispanos primitivos, que no mencionan la predicación de Santiago en España a pesar de que debería ser de la máxima relevancia. [1]

Tinieblas también sobre su enterramiento. Unas fuentes mencionan Achala Marmarica, Aketes Marmarikes, AKár in Marmárika, Kot de Mámreké…, esto es, una ciudad o castillo del norte de África, de nombre variable según los textos.

Ahora que lo pienso, el caso de la bicefalia de antes pensé que el fenómeno de las dos cabezas del Bautista se presenta, mejorado, con los restos de Santiago. En el siglo XI se veneraban en Jerusalén, cuando el conoci­miento de los existentes en Compostela ya debería estar generali­zado. En 1165, Juan de Würzburg, peregrino alemán que visita Jerusalén, encuentra allí la cabeza del apóstol que se custo­diaba en el oratorio de los armenios.

Ramón Chao. Le Monde Diplomatique.

Versión en esperanto


[1] Ofelia Rey Castelao, Los mitos del Apóstol Santiago. Nigratea, Consorcio de Santiago.

One Comment leave one →
  1. Alter Ego permalink
    20 mayo, 2012 13:10

    La negativa de la intratable tabernera y la conversación telefónica con un enojado Proust (y sí, se llama Proust el tipo), darían para un cuento.

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