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Leo Ferré

7 junio, 2012

Nuestro paseo por las calles parisenses nos lleva a una famosa cervecería, donde se reunían Jean Cocteau, Jean Marais, Darius Millaud y otros muchos. Alli se dio a conocer el gran cantante Léo Ferré  (1916-1993)

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Por los espejos grabados, la madera de roble y el mostrador de caoba, el decorado de Le Bœuf sur le toit recuerda el estilo art deco. Desde siempre representativo de la rive droite, esta cervecería se izó a la cumbre de la moda a mediados del siglo XX gracias a Jean Marais y Jean Cocteau, que se pasaban las horas allí metiditos; sin olvidarnos de que el compositor Darius Milhaud la internacionalizó con una obra sinfónica que lleva el nombre de la sala. Aquí se presentó Leo Ferré, en el mismo espectáculo que los Frères Jacques, con el amadrinamiento de Edith Piaf.

Esto sucedía al final de la Segunda guerra mundial, cuando el joven Ferré estaba al margen de la política. Juliette Greco y Catherine Sauvage, entre otros, lo habían introducido en los círculos intelectuales y políticos. Lo que a él más le atraía era el anarquismo « formulación política de la desesperación, y máximo testimonio de amor”. “La anarquía sin amor – añadía – corre el peligro de transformarse en poder. Más que una doctrina, el anarquismo es una actitud». En suma, podemos calificarlo como « marginal de la anarquía » o « anarquista individualista » que ni siquiera ondea banderas, pues « la bandera negra sigue siendo una bandera ».  Hubo que esperar a finales de 1940 para verlo en la sala de la Federación anarquista, en cuya ideología se afincó, aunque toda su vida eligió al partido comunista como guía y referencia.

Sea lo que fuere, es imposible encasillarlo en una escuela o en una doctrina. Si bien la suntuosidad de las imágenes y las uniones insólitas de palabras lo situarían en el terreno surrealista; si utiliza el término « dictado » para explicar el proceso de creación, no por ello deja de rechazar la escritura automática, que para él es un procedimiento, un sistema, un artificio. Mantuvo una buena amistad con André Breton, y a pesar de sus desacuerdos artísticos, el papa del surrealismo siempre lo consideró como un  gran poeta.
De todos modos, para convencerse de su tendencias políticas lo mejor es leer sus textos ; muchos de ellos reflejan con poesía, y a veces brutalidad, su inclinación por el anarquismo. Semi autobiográficas, canciones como Y basta y Los anarquistas, indican claramente una concepción libertaria del mundo.

Leer : Sergio Laguna, Leo Ferré. Colección Juglares, ediciones Júcar

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