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El toro de Fálaris.

8 octubre, 2012

Tras la nueva victoria electoral de Chávez, la oposición venezolana lo sigue tildando de populista y dictador. Aunque yo tenga bien claro lo que es un dictador, pienso en el memorable adagio del Quijote: Si pones tu hacienda a consejo de tus vecinos, unos dirán blanco y otros negro. Y no se puede olvidar la famosa disputa sobre si el casco de Mambrino era yelmo o bacía, que el conciliador Cervantes resolvió uniendo los dos puntos de vista en el sólo término de baciyelmo.

Como la mayor parte de las cosas de este mundo son grises, a la fuerza contienen blanco y negro. Sucede con el epíteto de dictadura. Según el diccionario de Manuel Seco, es el “Gobierno que ejerce el poder de manera absoluta, sin limitación y control”. Se puede alcanzar el poder por elecciones democráticas, como Hitler, o tras un golpe de Estado, como Franco y Pinochet, pero el resultado se reduce en ambos casos a la definición de Seco.

El primer dictador que encuentro en la Historia es Fálaris de Agrigento, en el siglo VI antes de nuestra era. Nombrado director de los trabajos públicos, utilizó a los numerosos obreros que tenía bajo sus órdenes para ocupar la jefatura suprema.  Fálaris pasó a la celebridad por haber encargado al escultor Perilao un toro de bronce hueco. El condenado era encerrado en el interior. Bajo la panza del toro se encendía una hoguera para que el reo se abrasara allí metido. Unos orificios situados en las fauces del animal, permitían que se oyeran los gritos del torturado, de tal forma que el toro parecía bramar. Cuenta la leyenda que Perilao fue la primera víctima, y la última el propio Fálaris. Ese es el lado negro.

Sin embargo, otros aseguran que bajo el mando de Fálaris, Agrigento conoció un desarrollo notable. El caso de Franco es semejante: subió al poder sirviéndose de tropas destinadas a otros cometidos, y no a atacar a España, e imposible detallar aquí las penas de muerte que firmó y los bombardeos inútiles que ordenó. No obstante, diariamente comprobamos que buena parte del país sigue considerando que nos libró de comunistas, masones, judíos y homosexuales.

Igual con Pinochet, quien sigue teniendo partidarios después del ataque a la Moneda, la venta de Chile a las multinacionales extranjeras y las elecciones ganadas por la democracia..

Ramon Chao,  El Pais, 11 marzo 2008

2 comentarios leave one →
  1. 9 octubre, 2012 12:35

    Estimado Ramón,
    Para la derecha mediática Cuando Hugo Chávez en Venezuela, o Cristina Kirchner en Argentina, ganan las elecciones o son reelectos por la mayoría de sus votantes, la democracia pasa a definirse como “populismo “, como un sistema imperfecto que no representa el verdadero sentir y las necesidades de la gente; sin embargo, no aplican los mismos criterios cuando el Partido Popular en España gobierna con mayoría absoluta. Aquella “falta de representación” que la derecha denuncia – las más de las veces con desprecio y falta de respeto-, en los países Sudamericanos, se les ha vuelto en contra, como un bumerán, y ahora está en la calle, a por el cuello de Mariano…

  2. Alter Ego permalink
    11 octubre, 2012 19:00

    Veo que se han publicado esta tarde los 33 cuentos finalistas del Juan Rulfo. Independientemente de la opinión nefasta que yo tengo de los concursos (que lejos de cambiar se confirma con cada fallo), quisiera señalar que en las bases aparecía como condición ‘sine qua non’ el uso de seudónimo, y uno de esos 33 cuentos fnalistas está firmado por Juan José Millás. Una de dos: o bien es el conocido autor español, y por el sólo hecho de usar su nombre verdadero debería haber sido descalificado; o bien es un seudónimo que llama a confusión, razón por la cual también debería haber sido descalificado.
    De lo demás no opino; creo que presentarse a concurso es apostar a algo que no sucederá. Lo hice sólo dos veces en mi vida, tras la insistencia de alguien que merecía mi respeto. En ambas he salido desilusionado: la calidad de las obras escogidas deja siempre mucho que desear.
    Creo que si la organización del concurso pretende seguir gozando del respeto de los que aún tienen ganas de creer, ese cuento firmado por Juan José MIllás debería ser descalificado.
    Por mi parte, como dicen los franceses, “j’ai déjà donné”. Y quizá fue demasiado. Me despido entonces del blog.

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