Skip to content

Jules Bonnot (1876 – 1912). Calle Ordener (XX)

29 enero, 2013

bonnot

Se suele analizar la saga de Bonnot como un deslizamiento de la causa anarquista al bandolerismo. Semejante interpretación revela un desconocimeinto total de sus verdaderas razones. Más que libertarios, Bonnot y su pandilla odiaban a una sociedad basada en la injusticia : Nuestras mujeres e hijos se amontonan en los desvanes mientras que miles de chalés permanecen vacíos. Construimos palacios y vivimos en chozas. Obrero, amplía tu vida, tu inteligencia y tu fuerza. Eres un corderillo: los carceleros son canes y los burgueses sus dueños. El lujo de los ricos se paga con nuestra sangre. Vuestro amo es nuestro enemigo. !Viva la anarquía!- escribe Garnier[1], abatido en Nogent-sur-Maine.

Los anarquistas tenían la imprenta en el 20 de la calle Ordener. Allí vivió Víctor Serge* con Raymond Callemin y Édouard Carouy, responsables del periódico.

Dentro de la línea de Ravachol* y de los nihilistas rusos, estos insumisos eran doctrinarios desesperados y de vida ejemplar. Ignoraban el tabaco, el juego y las mujeres; valientes, desafiaban a la muerte. Fuera de que inspirasen terror a la mayoría bienpensante, en el inmenso terreno de los pobres suscitaban una admiración desmesurada.

Jules Bonnot nace el 14 de octubre de 1876 cerca de Montbéliard. A sus cinco años fallece su madre ; poco después se suicida su hermano mayor, arrojándose a un río por culpa de un amor fallido.

Su institutor lo califica de perezoso, indisciplinado e insolente, adyudándole de paso a hundirse en el analfabetismo. De este modo lo añade a la cohorte de los desocupados, y él se especializa en la fractura de cajas fuertes. Para sus correrías busca un lugarteniente y designa a Plátano. En 1910 se le ve en Londres de chófer de sir Arthur Conan Doyle, el creador de Sherlock Holmes, y a finales del año vuelve a Lyon donde imagina y pone en práctica una nueva técnica de asaltos : hasta entonces a ningún bandido europeo se le había ocurrido – como a los americanos – incorporar el automóvil a la panoplia del crimen.

Con esta nueva arma comienza el 21 de diciembre de 1911 la epopeya de la banda, que asesta repetidos golpes a una sociedad cuajada de injusticias y contradiciones. Los primeros criminales motorizados se ponen a escribir con letras de sangre una historia que mantuvo en vilo a una Francia aterrorizada ante tanta intrepidez, y desesperada por la ineficacia de la policía.
Bonnot, Garnier, Callemin y otro compinche deciden atracar ese día veintiuno a un transportista de la Société Générale en París. El chófer cae gravemente herido, aunque el botín dista de ser imporante : algunos billetes de cinco mil francos. Tras dejar el auto en Dieppe, los de la Banda regresan a la capital seguidos por una policía sobrepasada por la velocidad de sus bólidos. Los fugutivos ne saven qué hacer ; acosados, divagan sin remisión por las calles y prestos a morir en cualquier rincón. Mas por solidaridad y compartir el amargo placer del riesgo se les unen René Valet y Soudy. La víspera de navidad Garnier y Callemin se refugian en los domicilios de los anarquistas Kibaltchiche (Víctor Serge*) y Rirette Maitrejean[2]. Detenidos pocos días después, éstos se niegan a denunciar a los escapados, cuyas fotos aparecen en todos los periódicos con la recompensa por su captura.
La banda se propone organizar una acción espectacular, y luego de apropiarse de un coche en la carretera de Melun y herir a los pasajeros, se dirige hacia un banco de Chantilly. Entran Garnier, Valet y Callemin con sendos revólveres, mientras que Soudy se ocupa de la entrada. El balance ahora es de dos muertos por 50 000 francos (unos 7600 €).
Esto ya moviliza a unos doscientos policías, y encima se publica un bando que ofrece cien mil francos (15.000 €) a quien facilite la captura de los forajidos.

Empieza entonces una película de vaqueros avant la lettre, con un lanzamiento digno de Hollywood : páginas enteras de revistas, de periódicos, fotos de los testigos, de los heridos y de los muertos. Mientras tanto Bonnot, el francés impasible (es un decir) se oculta en un apartamento… sin que se entere el inquilino. A finales de abril lo descubre el sheriff del pueblo, al que elimina el wanted cuando intentaba esposarlo. Después de este asesinato Bonnot se anda con pies de plomo, pues los carteles dejan bien claro que lo quieren vivo o muerto. Sus compañeros van cayendo uno a uno y él sigue desafiando a las autoridades. Se le da por perdido hasta que un farmacéutico de Choisy-le-Roi informa haber vendido agua oxigeneda a una herido en la mano cuya semejanza con el hostigado es sosprendente. La película se anima : Unos quince goodmen rodean la casa de Dubois donde se esconde Bonnot. El propietario lo defiende golpe de pistola contra los intrusos y la policía se lo carga, mientras que Bonnot compensa esta baja hiriendo a un inspector. Aumenta la expectación con oleadas que llegan de Choisy, Alfortville, Thiais, además de quinientos hombres armados de rifles y carabinas. Se presentan el alcalde de Choisy y el prefecto al frente de dos compañías de la Guardia republicana. De París y aledaños afluyen veinte mil personas en tren y diligencias, a las que se junta el regimiento de artillería de Vincennes. Por si fuera poco añaden una ametralladora pesada y disponen el asedio alrededor de la casa.
El sitio y el tiroteo duran dos horas. Gendarmes y comparsas son conscientes de desempeñar el papel histórico de vengar los crímenes de Bonnot, quien se arrastra hasta una mesa, coge unas hojas de papel y firma su testamento en el preciso instante en que vuela la casa, propulsada por una carga de dinamita.
En las buenas películas, los héroes, buenos o malos, nunca mueren a la primera. Bonnot sale de los escombros con heridas en los brazos que colmata entre dos colchones. Aún sangraba cuando se oyeron varias explosiones que debieran poner the end al último rollo. Por si acaso, las llamadas fuerzas del orden planean otra carga de dinamita y entran en la habitación. Encuentran al wanted por los suelos atravesado por seis balas, pero con la fuerza suficiente para llamarles cabrones y dispararles tres veces. Se lo llevan a la morgue donde le espera el cuerpo de Dubois. Mientras tanto, y bajo el control de la policía, se organiza una subasta de las reliquias que dejó el muerto en la casa.

Pero aún el rabo faltaba por desollar : Garnier y Valet se escondía en Nogent-sur-Marne. Para evitar el espectáctulo de Choisy se prepara el asalto con gran sigilo y será peor. La policía rodea la casa, los inspectores entran en el jardín y los recibe un diluvio de plomo. Empieza la secuencia más emocionante de la historia del celuloide. Los atacantes disponen de un batallón de zuavos armados como para la guerra y un refuerzo de varias baterías de ametralladoras. La primera toma concluye con varios policías heridos.

Trescientos zuavos y doscientos gendarmes vuelven a la carga a paso gimnástico, jaleados por las ovaciones de una muchedumbre cada vez más entusiasta. Otra vez la dinamita manda el tejado por los aires, pero los dos resistentes siguen coleando. En la noche ya se cuentan cuarenta mil espectadores, uno de los mayores llenos de cine al aire libre que se recuerde.  Y ún se presentan otras dos compañías de zuavos con la intención de dinamitar el edificio. La furia de Valet y Garnier se lleva por delante a un inspector. Colmo del ridículo, la tropa ha de suspender el asedio por falta de municiones. El propio ministro del Interior aporta mecha y pólvora para reventar el cerco. De repente se les aparecen Garnier et Valet disparando a bocajarro y los jerarcas han de huir pies en polvorosa. Al fin alguien toca el alto el fuego, lo que aprovechan los soldados, la policía, la gente para lanzarse al asalto todos mezclados y tirando a ciegas. Llegan al cuarto en el que están atrincherados los dos maleantes. Las escenas ahora son nauseabundas, con sangre, sesos y carne por el suelo y por las paredes. A las dos de la madrugada Garnier y Valet tiran por última vez y caen de bruces tocados por sendos disparos.
Cien mil personas invaden el plató y se pelean por el botín. Al día siguiente los cuerpos van a parar a la fosa común de Bagneux.

A lire : Delmas, La belle époque de la Bande à Bonnot. Fayard, 1989

William Caruchet, Ils ont tué Bonnot. Calmann-Lévy, 1990.


[1]              Octave Garnier dit « Le Terrassier » était membre fondateur de la presse bande à Bonnot. Très jeune, il commença à travailler en tant que boucher et boulanger. Dès l’âge de 13 ans, un potentiel de révolte contre l’injustice sociale prit naissance en lui, il commit des larcins qui l’amenèrent quelques mois en prison dès sa 17ème année. Il écrivit plus tard que la prison le rendit encore plus rebelle. 

[2]              C’est à París vers 1906 qu’elle découvre l’anarchisme. Compagne de l’anarchiste Mauricius (Maurice Vandamme), elle séjourne en Belgique d’où elle sera expulsée en 1909. De retour à París, elle fréquente les individualistes qui éditent le journal “L’Anarchie” dont elle assumera la direction à la suite de Lorulot. L’anarchiste Víctor Serge (Kibaltchiche) devient son nouveau compagnon avant d’être son mari en 1915. En 1911, les membres de la Bande à Bonnot se réunissant au siège du journal, le couple est arrêté et jugé le 3 février 1913. Rirette sera acquittée mais Víctor Serge condamné à la prison.

One Comment leave one →
  1. 30 enero, 2013 19:51

    Ramón, qué alegría encontrarte en las encrucijadas internaúticas. Me gustaría contactar contigo. Posiblemente te acuerdes de mi, de cuando las entrevistas de RNE, hace la tira. El artículo, apabullante. Gracias.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: