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Olympe de Gouges ( 1748-1793). Rue du Buis, París (XVI).

8 marzo, 2013

Olympe de GougesHoy visitaremos la residencia de una gran mujer de la historia de Francia, Olympe de Gouges. Seguiremos con otras, en estos días dedicados a las mujeres.

Los burgueses parisinos del siglo XVI tenían una casa de campo en el barrio que les proponemos visitar hoy; los tiempos cambiaron, mas no los privilegios de los ricos : ahora éstos tienen su residencia principal en Passy,  Auteuil o Neuilly ; la secundaría en Soloña o Provenza.

Plaque_Olympe_de_Gouges,_18_rue_Sevardoni,_Paris_6

Mucho antes de que Luis XIII viniera a cazar mirlos, bañarse en aguas termales y amar fuera de la indiscreta ciudad, Nicolás Boileau había huido de la isla de la Cité* a estos parajes en busca de tranquilidad. En esto lo imito Luis XV un siglo después, construyéndose un pabellón de caza en medio de viñas que producían un vino muy apreciado en la corte. Por aquí vivieron Molière*, Racine, Théophile Gautier; y en una granja de la calle Fontaine una oca se tragó el apéndice presumiblemente más importante que tendría La Bruyère cuando el escritor, a la sazón un niño de dos años, se paseaba desnudo entre pajarracos tan comilones.

Suponemos que habéis venido por la línea subterránea Denfert-Etoile, y os estais   preparando para bajar en la estación de Passy. La vista desde el metro aéreo es impresionante : a la derecha la torre Eiffel y el Sena; a la izquierda la estatuta de la Libertad, y enfrente un edificio en el que parece que van a entrar los vagones como Marlon Brando en Maria Schneider. Durante un tiempo, este edificio exigió una parada de los autobuses turísticos desde que en él se rodaran las escenas amantequilladas de «El Último tango en Paris». Se dice que pertenece a una compañía inmobiliaria en la que el Vaticano es mayoritario. Dejemos a la célebre pareja; conocemos por aquí rincones que ofrecen emociones equiparables a las de la película.

La calle des Eaux, la primera a la izquierda bajando hacia el Sena, conserva el recuerdo de las fuentes ferruginosas que curaban la anemia. Paradoja de la nomenclatura, esta calle del Agua alberga el Museo del Vino, y en ella bebieron Malesherbes, Franklin, d’Alembert. Cerca de un manatial  Jean Jacques Rousseau compuso «El adivino de aldea » y otras obras musicales. Para llegar a él hay que pasar por la rue Berton, cogiendo Raynouard; desde los primeros pasos uno se queda maravillado al descubrir este sendero tortuoso, angosto, que hasta hace poco tiempo estaba alumbrado por lámparas de aceite. En el numéro 24 de la rue Raynouard se conserva aún, convertida en museo, la casa que había alquilado Balzac a nombre de su ama de llaves, para escabullirse de sus acreedores. En ella escribio la última parte de «La Comedia Huma­na». El museo guarda muchos documentes sobre su vida, caricaturas de Grandville, de Daumier y cuadros de Delacroix.

Otra noche os propondremos un paseo por «l’allée des Cygnes» (paseo de los Cisnes), islita que se encuentra enfrente de la Casa de la Radio. Se entra por el puente de Grenelle. Es verdaderamente una isla, y no solo geográficamente. En medio del burgués y aparentemente virtuoso barrio XVI, esta alargada alameda, centro de ocio de inofensivos jubilados durante el día, se convierte por la noche en lugar de cita o de encuentros inesperados de gente no menos pacifica, pero con otro concepto de las diversiones terrestres. Como el Bosque de Bolonia —en menor escala, pues la islita no da para más—, el paseo de los Cisnes ofrece albergue a los (y a las) que desean cambiar de compañero o compañera, sin distincion de sexos, aunque no sabemos si de colores. Racismo hubo aqui durante la guerra de Argelia. Militantes del FLN argelino fueron hallados muertos por el aspecto de su tez. Hoy todo eso desapareciô. La islita ha recuperado su idílica dedicaciôn, al reflejo de las aguas del Sena, a la luz de la luna y bajo la mirada comprensiva de la torre Eiffel…

En este opulento y burgués distrito XVI vivieron no pocas personalidades reaccionarias, cuya enumeración sería interminable, fastidiosa y ajenas a nuestro proyecto.
Ahora bien : en el número cuatro de la calle des Buis vivió Olympe de Gouges (1748-1793), quien junto a Théroigne de Méricourt* y Claire Lacombe,* fue una de las abanderadas del feminismo francés.

Se presume que nació en Montauban, y se da por seguro que su madre se llamaba Anne-Olympe Mouisset, pero en cuanto a la paternidad existen dudas. Consta en los archivos que era hija de un tal Pierre Gouze, aunque éste se negara a firmar el acta de nacimiento. Cuando la niña empieza a tener uso de razón, su madre le insinúa que debía la vida a Jean-Jacques Lefranc de Pompignan, mal poeta y célebre antagonista de Voltaire.

A los diecisiete años se casa con un negociante y sin pensarlo se encuentra con un niño en brazos. Tres años de experiencia conyugal, y de asumir el rol de esposa burguesa, le bastaron para probar el tedio y huir a París con el juramento de nunca más volver a empezar el juego del matrimonio, sepulcro de la confianza y del amor.

Aquí recompone su nombre, cambiando el manido Maria por Olympe de su madre y atribuyéndose el apellido  Gouges, tal vez una deformación de Gouze, que en lengua de oc significa « sirvienta ». Y es posible que le antepusiera la partícula de a modo de irrisión.
En Paris se enamora de un oficial de marina, quien pide respetuosamente su mano. Fiel a sus principios, y pese a la insistencia de su familia, Olimpia se la niega, lo cual no quita para que vivan maritalmente hasta la Revolución.

En octobre de 1791 la Asamblea constituyente engendra una Constitución que priva a las mujeres de los derechos cívicos. Ella replica con su “Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana ”, calcada de los Derechos del Hombre. Llevaba un prólogo dirigido a Marie-Antonietite en el que le pedía la instauración del divorcio y la supresión del matrimonio. En su lugar, las parejas firmarían un contrato anual y renovable de concubinaje, así como para la doble investigación de la paternidad y el reconocimiento de los hijos nacidos de otras camadas. Es también una de las primeras en teorizar un sistema de protección materna e infantil, como el que existe hoy de seguridad social, y la creación de guarderías. Además y en fin, recomienda la creación de talleres nacionales para los desocupados y albergues para los mendigos que ya quisieran obtener hoy los Hijos de don Quijote.

Como ya empezaba a exagerar le aplican la ley de marzo de 1793 sobre la represión por haber pegado un afiche federalista. El seis de agosto del mismo mes comparece ante un tribunal revolucionario.

Su temeridad se manifiesta entonces de de forma estremecedora. En vísperas de una ejecución que hubiera podido evitar, se las toma con Robespierre con una violencia inusitada en la Revolución. La recluyen la abadía de Saint Germain, donde le niegan la cura de una llaga infectada en la rodilla, así como la publicación de un panfleto en el que denunciaba las condiciones infrahumanas que regían en la prisión. Poco después, el veintiocho de octubre la trasfieren a la Conciergerie; y el dos de noviembre, otra vez ante los jueces. No acepta abogados, porque « sabe muy bien defenderse sola”. Proclama que «si las mujeres pueden subir al cadalso, también deberían poder subir a una tribuna.” La primera parte del axioma se cumplirá el seis de noviemebre de 1793, después de suplicar a la posteridad que recordase su acción en favor de las mujeres.

A lire: Sophie Mousset Olympe de Gouges et les droits de ta femme Les Marginaux, Le Félin
Michel Lequenne, Nouvelles lumières sur Olympe de Gouges. In: CAHIERS DU FEMINISME; volume 18 nr 70 (aut 1994)
Olivier Blanc, Olympe de Gouges : une grande dame de la liberté.  In: LUNES; nr 04 (jul 1998)

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