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Hubertine Auclert (1848-1914). Plaza Vendôme. París (I).

12 marzo, 2013

Auclert

Sin aprobar, ni por pienso,  el castigo impuesto a Courbet de pagar de su bolsillo la reconstrucción de  la columna Vendôme , no cabe duda de que la sentencia contribuyó a formar a la primera sufragista francesa.

Cuando en 1804 los juristas festejaban en la Sorbona el primer centenario del Código civil, Hubertine quemó un ejemplar de dicho documento al pie de esta columna. Con este gesto simbólico quiso denunciar la misoginia de  los leguleyos, todos hombres, que habían parido unas reglas sin tener en cuenta la existencia de las mujeres. Como bien se sabe, no les permitían ejercer un oficio, recurrir a la justicia, ni comprar o vender sin autorización de sus maridos ; eso y mil humillaciones más.

«El marido debe protección a su mujer», ordena el artículo 213 del famoso Código. Y por si no estuviera claro remacha: «y la mujer obediencia a su marido». El hombre podía solicitar el divorcio sin justificación alguna, mientras que ella habría de probar que el tipo vivía en con una concubina en el domicilio conyugal.

Adolescente aún, Hubertine decide que un día formaría parte del gobierno de su país. Desde ese puesto, soñar no cuesta nada, aprovecharía la relativa libertad de que se gozaba en la III República para situar a la mujer en su lugar. Se larga de un convento y viene a París para defender sus ideas. El título del periódico que funda resume su programa: La Ciudadana. Con la provocación se crea una identidad política a fuerza de actos cívicos:  inscripción en las listas electorales, huelga de impuestos y rechazo del empadronamiento, pues si la mujer no puede votar, de nada le sirve estar censada. Toda su teoría política se basa en el feminismo, desoyendo las advertencias de sus mayores que le recomiendan moderación por el peligro que suponía su programa para el régimen liberal. No obstante, sin temor a menoscabar un sistema progresista amenazado por la monarquía, la joven provinciana arrecia su lucha por el sufragio universal.

Ninguna de sus aliadas acepta su estrategia, que ya lo quiere todo; no sólo el derecho de voto, sino también cambiar el estatuto de la familia, mejorar la vida de los obreros y un proyecto global sobre la igualdad de sexos.

Prosigue su combate en Argelia, adonde se traslada con su marido a finales del siglo XIX. Redacta un informe sobre la situación social de esta colonia  en un trabajo que dejó inconcluso: « la instrucción es el único instrumento que puede ayudarles a conseguir igualdad y libertad”. Algunas batallas ganará, mas no la principal, pues fallece en 1914, treinta años antes de que las mujeres alcancen el derecho de votar.

A lire : Théodore Joran. Le Suffrage des femmes. – París, A. Savalète, 1914. Cote BnF Microfiche 8-F-24894.
Joseph Barthélémy. Le Vote des femmes. – París, Félix Alcan, 1920. Cote BnF Microfiche 8-F-26912.
André Leclère. Le Vote des femmes en France, les causes de l’attitude particulière à notre pays. – París, Marcel Rivière, 1929. Cote BnF Microfiche 8-F-33452 ou Microfiche 4-LE8-315.

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