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Claraboya, de José Saramago.

15 marzo, 2013

Claraboya_de_Jos___Saramago

Claraboya. Alfaguara 2012, 415 páginas – 19,50 euros. Traducción: Pilar del Río

Cuenta la admirable Pilar Del Río, viuda de Saramago, que mientras éste se afeitaba en una mañana de 1989, recibió una llamada telefónica de su editorial para decirle que “en una mudanza de las instalaciones” había aparecido el original de Claraboya y que para ellos “sería un honor” publicarla. Humillado por no haber recibido respuesta en casi medio siglo (él la había entregado en 1953) y que la resucitaran entonces, de nobelizable (obtuvo el premio  en el 98), rechazó la oferta y ordenó que no se publicase Claraboya mientras él viviese.

No se había opuesto Saramago a que Claraboya se publicara posmorten, y así lo hace ahora Alfaguara, con prólogo de la admirable y traductora Del Río.

Una vez leída, no parece extraño que el editor malogrado fuese víctima del clima de terror que reinaba en el Portugal de los años 50, en plena dictadura de Salazar:  La obra describe las penurias y la opresión que se respiraba; la familia, “pilar de la sociedad cristiana ” en toda la península en aquellos años, se nos aparece como un nido de víboras, con violaciones, amores lésbicos y una mantenida, lo que la sociedad portuguesa de aquellos años no podía soportar.

La novela se desarrolla en una casa de vecinos. Joven de menos de 30 años, Saramago se atreve a colarse en un gran edificio y desmenuzar todo lo que ocurre en cada piso y familia, tal como lo haría unos cuarenta años después el francés Georges Pérec, en “La vida, modo de utilización”. Pérec describe la vida de un inmueble imaginario; evoca sus habitantes, los objetos que adornan los apartamentos, sus anécdotas. Lo que había iniciado Saramago casi medio siglo antes:

ENTRESUELO. PUERTA DERECHA

Carmen

“Maldita la hora en que se le ocurrió (a Carmen) venir a Portugal, a pasar  una temporada en casa de la tía Micaela. Fue todo un éxito en el barrio. Estaban todos a ver quién se hacía novio de la española. Eso fue lo que la perdió…Reclama como exclusivo el amor de su hijo de seis años, Enrique, y sueña con volver a su Galicia natal, junto a su familia y su primo Manolo, a quien rechazó antes de conocer a su marido y que ahora es millonario”.

Emilio

“Un hombre pequeño y seco. No era delgado: era seco. Poco más de treinta años. Rubio, de un rubio pálido y distante, el pelo ralo y la frente alta. Tras ocho años de fracasado matrimonio y con un trabajo de representante de comercio que da para pocas alegrías, Emilio ha aprendido a conformarse con lo inevitable. Sueña con abandonar a su mujer y a su hijo, ser libre para siempre, pero algo que sólo puede ser cansancio, o cobardía, le retiene en la casa.”

Enrique

“Prestaba más atención a una simple mirada del padre que a la exuberancia del

afecto de la madre. Hijo de Carmen y Emilio, se debate entre el amor a la madre o al padre, pues ellos se empeñan en demostrarle que amar a ambos es imposible.”

Capítulo a capítulo, salta de casa en casa, de piso en piso, de personaje en personaje, abriéndonos un mundo gobernado por la necesidad, las grandes frustraciones, las pequeñas ilusiones, la nostalgia de tiempos que ni siquiera fueron mejores. Todo cubierto por el silencio tedioso de la dictadura, la música de Beethoven y una pregunta de Pessoa:”¿Deberemos ser todos casados, mediocres, tributables?”

Puerta de entrada en el universo de Saramago, esta novela anuncia ya al gran escritor y refleja su capacidad para adentrarse en el alma de los personajes, captar sus sufrimientos, sueños, mezquindades y grandezas. Bien mirado, y en vista de lo que escribió muchísimo después Georges Pérec,  significa la entrada de las grandes construcciones urbanísticas en la literatura.

One Comment leave one →
  1. Federico Iribarne permalink
    17 marzo, 2013 0:02

    El descaro de Alfaguara llega a límites insospechados. No digo que sea peor que las otras editoriales, ya que cualquiera de las que conozco sería capaz de hacer exactamente lo mismo. Montarse en ancas de Saramago, nada menos que a principios de los 90, para publicarle un libro que había ido a parar al desván casi 40 años antes, es vergonzoso. Pero los grandes grupos han transformado al editor en un simple intermediario que sólo se interesa por el dinero. Porque ya no respetan ni a los consagrados. Cuánta mediocridad. Qué vergüenza.

    Saludos, Ramón

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