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Absolución, de Luis Landero.

8 abril, 2013

Absolucion-LanderoAbsolución. Luis Landero. Tusquets. Barcelona (2012). 320 págs. 19 €.

Hoy se hace camino al correr; ya no al andar, como en tiempos de don Antonio Machado. Y así va Lino, el héroe de esta novela. Trabajando de conserje en un hotel, lleva una vida aburrida, monótona, sin sorpresas ni expectativas. Asocial, retraído, receloso, se pregunta si existirá la felicidad o si su temperamento lo condena al fracaso. Ni seguro está de su suerte cuando se decide a contraer matrimonio con Clara, la dueña del  hotel.

Narrada en tercera persona, una gran parte de la acción transcurre a partir de un jueves a lo largo de calles y avenidas de Madrid. Ese día le ofrecen un almuerzo de despedida de soltero, anticipo de la boda que había de celebrarse tres días después.

Ese mañana de mayo sale a la calle casi feliz y bien aderezado. Cuenta con relajarse con un paseíto hasta el restaurante. Deambula por Madrid, ocioso y confiado. Mientras sus pies avanzan, su mente repasa su pasado, sin que él se precipite al festejo. Da revueltas inútiles para retrasar el momento fatídico, y por su mente pasan los sueños de una adolescencia tediosa, cuando tenía “la edad propicia de los sueños y los imposibles”. Analiza su vida, sus relaciones familiares, sus estudios en la universidad. ¿Total para qué?: para terminar de portero. “Tanto soñar, para llegar a ser, en definitiva, un patán”. De repente un incidente inesperado le obliga a intervenir en una reyerta callejera; lo hace, en defensa de una mujer lastimada. Este incidente le ayuda a crecer su auto estima: acepta el desafío y se presenta en el agasajo con menos complejos a cuestas. Ahora está seguro de que la boda resolverá sus problemas amatorios, económicos y sociales. Sigue empero rumiando su caso y en el último minuto, dudando de si ha de tomar una decisión tan arriesgada, y solo ante el peligro, abandona a los comensales sin dar explicaciones; huye para romper con todo, aunque no tenga ninguna solución a la vista.

Dirán ustedes que eso le puede suceder a cualquier hijo de vecino, y en nuestro foro interior muchos comprendemos a Lino.  Algunos cargaremos con los mismos complejos que él; quisiéramos cambiar a todo precio, pero necesitaríamos llegara un instante crucial para decidirnos. Y pocos disponen de la misma calidad literaria que Landero para contarlo.  Desde su primera novela, «Juegos de la edad tardía» (1989), se caracteriza por su cuidado de la prosa. Parco. Escueto. Se adivina que Cervantes le guía. Como a don Miguel, habremos de admirarlo más por lo que no dice que por lo que dice.

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