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Molinos de ayer y de hoy

7 octubre, 2013

Quijote

Soy lector asíduo del Quijote; lo he debido leer unas dieciocho veces, entre libro y libro que escribía. Se trata duna estrategia para conservar el castellano, ya que resido en Francia desde los veinte años, y diariamente me acosa el uso del francés y de otros idiomas que traté de aprender por beneficio propio , como el inglés, o deslumbrado por su musicalidad  (ruso, italiano)…
El entusiasmo cervantino me lo inoculó Alejo Carpentier. El escritor cubano sentía una amistad fraterna con Miguel de Cervantes, y profesaba un respeto cabal por su obra. Muchas de nuestras charlas versaban acerca de las múltipes ediciones de esta novela. Él prefería la clásica de Moratín, mientras que yo siempre me incliné por la de José y Vicente Gaos editada por Gredos. Pasó el tiempo, Alejo desapareció de este mundo, mientras que el Caballero de la triste figura prosigue cabalgadas seculares; la última, a mi entender, conmemora el IV Centenario de  la primera edición de esta novela, con prólogo de Vargas Llosa.

Compré la versión antedicha por curiosidad en un quiosco en Madrid; pero después de leer el prefacio del amigo Mario me quedé estupefacto. ¿Lo habría entendido el hispano-peruano? No podía dudarlo; pero ¿cómo se empeña en demostrar que el libro de Cervantes prefigura el neoliberalismo iniciado por Ronald Reagan, Margareth Thatcher y consumado por George Bush? Y aún hoy me pregunto: ¿De dónde saca Mario esta afiliación de Cervantes a las ideas de los neoliberales de hoy. En ningún momento las analiza, las compara. Por ello, no puedo sino afirmar que Vargas Llosa no ha leído la obra de Cervantes sino de forma fragmentaría: insiste erre con erre con su tesis, por lo que yo, modestamente, le aconsejo otra lectura del Quijote. Que vea cómo el Glorioso Manco creó la conciencia de que los niños, las mujeres y los viejos son los seres más vulnerables de la sociedad.  O que arremete contra los editores sin escrúpulos[1], contra el sistema legal burocrático y corrupto, contra médicos ignorantes, ociosos, e incluso contra grupos aparentemente tan inofensivos como son los ermitaños.

Para explayar su tesis, el prologuista no aporta ningún ejemplo sacado del libro de Cervantes, sino que fiándose en hipótesis, siempre abstractas, se pregunta sobre la idea de la libertad que se hace don Quijote. Y él mismo contesta: «La misma que, a partir del siglo XVIII se harán en Europa los llamados liberales: libertad  es la soberanía de un individuo para decidir su vida sin presiones ni condicionamientos, en exclusiva función de su inteligencia y voluntad. Es decir, – añade- lo que varios siglos más tarde un Isaías Berlin definiría como “libertad  negativa”, la de estar libre de interferencias y coacciones para pensar y actuar.

Existen muchos modos de abordar una obra tan inmensa, pero nunca desde esta trinchera neoliberal que maneja Vargas Llosa. Le opongo la versión absolutamente contraria del escritor colombiano Germán Arciniegas : Don Quijote va a ser el personaje que sale a la palestra a protestar contra todas las injusticias, en defensa de la libertad y la dignidad del hombre. Es el loco fabuloso que se mueve empujado por los más puros ideales. Don Quijote de la Mancha se encuentra en la corriente de esas rebeldías profundas del siglo. Es la culminación de una lucha secular en que los hombres se mueven entre la libertad y el miedo. Cervantes encuentra la fórmula ideal, haciendo de su personaje un loco. Había que hacerse el loco para decirlo todo. El mecanismo elemental de la novela lo hemos conocido a través de los siglos. Hay que hacerse el loco hoy como ayer.

Hasta aquí, Germán Arciniegas; pero faltaba un investigador que iniciara una pista alter mundialista. Charles Aubrun lo hizo en su artículo: « Sancho Panza, campesino de risa y de verdad « . Revista canadiense de estudios hispánicos, n°1, 1976-1977, pp. 16-29., con unos argumentos que deberían ser suficientes para que al final Vargas Llosa tuviera en cuenta uno de los múltiples refranes del Quijote: “Quien yerra y se enmienda, a Dios se encomienda”. Vale decir, que rectifique.

Uno de los primeros lances de la novela es el del niño Andresillo y Juan Haldudo. ( l, IV). Cuando, tras ser armado caballero, don Quijote vuelve a sus lares con toda felicidad a cuestas, oye a un muchacho que solloza compungido.  Un rico labrador lo estaba azotando porque le perdía las ovejas del ganado: No lo haré otra vez, señor mío; por la pasión de Dios que no lo haré otra vez.

Gracias doy al cielo por la merced que me hace, ( iba mascullando don Quijote), pues tan presto me pone ocasiones delante donde yo pueda cumplir con lo que debo a mi profesión, y donde pueda coger el fruto de mis buenos deseos. Estas voces, sin duda, son de algún menesteroso, o menesterosa, que ha menester mi favor y ayuda.

“Y volviendo las riendas, encaminó a Rocinante hacia donde le pareció que las voces salían. Y a pocos pasos que entró por el bosque, vio atada una yegua a una encina, y atado en otra a un muchacho, desnudo de medio cuerpo arriba, hasta de edad de quince años, que era el que las voces daba, y no sin causa, porque le estaba dando con cinturón muchos azotes un la­brador de buen talle, y cada azote acompañaba con una re­prehensión y consejo. Porque decía:

–          La lengua queda y los ojos listos.

Y el muchacho respondía:

No lo haré otra vez, señor mío; por la pasión de Dios que no lo haré otra vez, y yo prometo de tener de aquí adelante más cuidado con el hato.

Y viendo don Quijote lo que pasaba, con voz airada dijo:

– Descortés caballero, mal parece tomaros con quien defen­derse no puede; subid sobre vuestro caballo y tomad vuestra lanza que yo os haré conocer ser de cobar­des lo que estáis acometiendo.
         Para hacer el  cuento  corto, ya saben ustedes que Don Quijote  obligó al rico campesino a que pagara lo debido y desatara al muchacho. En cuanto dio la vuelta, el rico campesino asió del  brazo a Andresillo, lo volvió a atar a la encina, donde le dio tantos azotes, que le dejó por muerto.

         -Llamad, señor Andrés, ahora al des­facedor de agravios-decía el labrador-; veréis cómo no desface aquéste. Aunque creo que no está acabado de hacer, porque me viene gana de desollaros vivo, como vos temíades.

Si esta es la libertad individual, como pensaba Berlin y divulga  hoy Vargas Llosa, no era ciertamente la de don Quijote, quien había tomado la defensa del débil, partiendo muy satisfecho de haber enderezado aquel entuerto, con el pensamiento puesto en Dulcinea.

Se encadenan  episodios divertidos, con altibajos dramáticos, y a la vez lecciones para seres candorosos que ejercen la justicia individual. Giovanni Papini lo explica así: “Cervantes se complace en oponer la justicia espontánea, sencilla, equitativa, en suma, místicamente natural, a la legal e instituida”. La justicia ha de ser colectiva  – añado yo-, con un poder superior y fuerte encargado de imponerla: lo contrario, la doctrina neoliberal de Vargas Llosa, es como permitir al zorro que entre en un gallinero.

Siglos antes que Marx, ya Cervantes había descubierto el concepto de plusvalía; que la explotación, la  “segregación” y la violencia constituyen los símbolos sociales de los  poderosos. En este sentido se expresa Don Quijote:

“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encumbre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres (II, LVIII).
Pero Sancho Panza va mucho más allá, adelantándose a Sgagnarelle, el criado del Don Juan de Molière,  y a Leporello, el servidor de don Giovanni  de la ópera de Mozart (quienes sin duda se inspiran en él) exije que la ley sea efectiva, y no abstracta: “quiero que vuesa merced me señale salario conocido de lo que me ha de dar cada mes el tiempo que le sirviere, que el tal salario se me pague de su hacienda: que no quiero estar a mercedes, que llegan tarde, o mal o nunca; con lo mío, que me ayude Dios. En fin, yo quiero saber lo que gano, poco mucho que sea; que sobre un huevo pone la gallina, y muchos pocos hacen un mucho, y mientras se gana algo no se pierde nada ».

Curioso, aquí el personaje don Quijote reacciona como lo haría cualquier burgués que se negara a soltar más ventajas de las que tienen sus empleados, y entra en las cuestions laborales como cualquier jefe de empresa de hoy:

         -“Mira, Sancho: yo bien te señalaría salario si hubiera hallado en alguna de las historias de los caballeros andantes ejemplo que me descubriese y mostrase por algún pequeño resquicio qué es lo que solían ganar cada mes o cada año; pero yo he leído todas o las más de sus historias. y no me acuerdo haber leído que ningún caballero andante haya señalado conocido salario a su escudero; sólo sé que todos servían a merced, y que cuando menos se lo pensaban, si a sus señores les había corrido bien la suerte, se hallaban premiados con una ínsula, o con otra cosa equivalente, y, por lo menos, quedaban con título y señoría. Si con estas esperanzas y aditamentos, Sancho, gustáis de servirme, sea en buena hora; que pensar que yo he de sacar de sus términos y quicios la antigua usanza de la caballería andante es pensar en lo excusado. Así que, Sancho mío volveos a vuestra casa, y declarad a vuestra Teresa mi intención; y si ella gustare y vos gustáredes de estar a merced conmigo, bene quidem; y si no, tan amigos como de antes; que si al palomar no le falta cebo, no le faltaran palomas Y advertid, hijo, que vale más buena esperanza que ruin posesión, y buena queja que mala paga. Hablo de esta manera, Sancho,  por daros a entender que también como vos sé yo arrojar refranes como llovidos.  Y finalmente quiero decir y os digo, que si no queréis venir a merced conmigo y correr la suerte que yo corriere, que Dios quede con vos y os haga un santo; que a mi no me faltaran escuderos más obedientes, más solícitos, y no tan empachados ni tan habladores como vos.

Es exactamente lo que sucede ahora. Si lo nativos no trabajan por un salario de miseria, se traen de otros países más pobres. Sancho Panza se quejaba igual que hoy lo hace un empleado de Renault: “los que servimos a los amos, por mucho que trabajemos de día, a la noche cenamos olla podrida. ( II, XXVIII ).

Se sabe cuál era la comida de los jornaleros de entonces (y el de Sancho) : gazpacho, nueces, bellotas , una especie de pan de centeno, queso fresco de cabra con aceite avinagrado. Y agua fresca para beber, y cuando más, vino peleón[2].

En el momento en que entra a servir a don Quijote, Sancho Panza se ocupaba de arar y cavar, podar y ensarmentar las viñas. El salario que recibía por este trabajo era minino, y apenas ayudaba a cubrir las necesidades más elementales. Sus ingresos se completaban con las ganancias que conseguía su burro: “…él sustenta la mitad de mi persona, porque con veintiséis maravedíes que gana cada día, lleno yo mi despensa”“. ( I, XXIII ).

Con 51 maravedís diarios habrían de sobrevivir los cuatro miembros del hogar. En 1600, tal estipendio permitía adquirir  una libra de queso (manjar habitual de rústicos y gañanes) o una libra de manteca; y si era tiempo de Cuaresma, unas cuantas sardinas[3].

No es extraño que Sancho, al igual que los labriegos y cultivadores pobres que iban a la Corte para servir a un señor, decidiera abandonar la aldea, desamparar a su familia, y seguir a un hidalgo que le contrata como escudero – oficio propio de nobles y gentes honradas, aunque pobres [4].  Al comenzar sus aventuras, el escudero desea saber cuánto ganaba el servidor de un caballero andante en aquellos tiempos, y si se concertaban por meses. 0 por días, como los peones de albañil.  Pero Sancho fue a dar con un hidalgo visionario que le ofrece nada menos que una ínsula.

Sancho no acepta, y exhije que le pague en ducados contantes y sonantes, que habrían de salir de la talega de Alonso Quijada, y no de los quiméricos emperadores que don Quijote contaba vencer en fieros combates. Aunque bien mirado, el astuto Sancho se apunta a los dos tableros : reclama lo que se merece, mas por lo que pudiere suceder, jamás renuncia al gobierno de la ínsula prometida. Dicho de otro modo: Dios es bueno, pero el diablo no es malo… (Tomo II, capitulo 28)De entrada, don Quijote reacciona como lo haría cualquier capitalista que se negara a conceder más ventajas de las que gozan sus empleados, y aborda las cuestiones laborales como cualquier jefe de empresa de hoy.

El escudero plantea sus exigencias sindicales, diríamos hoy, que ni Lenin ni Ernesto Guevara lo hicieran con igual fervor  y se pone a reinvindicar, regatear: Cuando yo servía  a Tomé Carrasco (….) dos ducados ganaba cada mes, amén de la comida. Con vuestra merced no sé lo que puedo ganar puesto que sé que tiene más trabajo el escudero del caballero andante que el que sirve a un labrador (…). A mi parecer, con dos reales más que vuesa merced añadiese cada mes me tendría por bien pagado.”

Era corriente que la presunción y soberbia de los hidalgos despertasen el rencor de los plebeyos, y que en muchos lugares se hubiera declarado una guerra sorda entre ellos. En el capítulo VX de la segunda parte, caballero y criado llegan a las manos. Escuchen bien, que por menos de esto hoy Sancho Panza iría a los tribunales y a la cárcel : “Sancho Panza, se puso en pie, y arremetiendo a su amo, se abrazó con él a brazo partido, y echándole una zancadilla, dio con él en el suelo boca arriba; púsole la rodilla derecha sobre el pecho, y con las manos le tenia las manos, de modo que ni le dejaba rodear ni alentar. Don Quijote le decía:  

            ¿Cómo, traidor? ¿Contra tu amo y señor te desmandas? ¿Con quien te da su pan te atreves?

-Ni quito, ni pongo rey -respondió Sancho-, sino ayúdome a mí, que soy mi señor[5]. Vuesa merced me prometa que se estará quedo, y no tratará de azotarme par agora, que yo le dejaré libre y desembarazado; donde no, aquí morirás, traidor, enemigo de doña Sancha[6].

De todos los ataques del Quijote, el que me parece más contundente para explayar y demostrar el carácter altermundialista de esta obra, es la aventura de los molinos, en el capítulo VIII de la primera parte:

En esto, descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo, y así como don Quijote los vio, dijo a su escudero:- La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear; porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta, o pocos mas, desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer; que ésta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra.
-Mire vuestra merced -respondió Sancho- que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino.
Me permito insistir en la importancia de la frase antedicha:  “que sería un gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra.”  Sin duda alguna, Miguel de Cervantes pensaba en los Fugger ( los Roschild, los Rocckefeller de hoy).   En 1519 Jacobo Fugger financió la elección de Carlos I de España como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico con medio millón de florines, que debía recuperar con las rentas del Maestrazgo, la plata de Guadalcanal, en Sevilla, y el mercurio de Almadén.

Los Fúgares habían financiado la batalla de Lepanto ( « la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros »[7])  donde Cervantes pasó a llamarse el Manco de Lepanto. Sólo en los episodios de esta guerra –alentada por los Papas–, las fuerzas militares españolas perdieron 65 000 hombres y consumieron enormes cantidades de oro y trigo, en beneficio de los accionistas.
Los reyes de España  pagaron sus servicios privatizando los molinos y entregándolos a los Fugger en exclusiva, lo que  abrió una nueva época en  la historia económica de España.  En el progreso de la humanidad, la ley del menor coste o esfuerzo empujó al hombre del neolítico a hallar artilugios que le facilitaran, por ejemplo, la trituración o molienda de cereales, proceso vital para hacer apta la alimentación. El molino de mano doméstico del antiguo Egipto dio paso al molino de sangre, así llamado porque esclavos o animales movían el mango conectado a la piedra giratoria. En Grecia pudo nacer, hacia el siglo 1 a. de C., el molino que aprovechaba la fuerza del agua, lo que supuso un avance técnico extraordinario. La romanización expandió el ingenio de la rueda hidráulica por todo el Imperio y la invasión árabe de la Península Ibérica intensificó aquí su construcción (Caro Baroja, 1952).

Anton Fugger fue el sucesor de Jacobo en España. Nacido en 1493, se convirtió en el prestamista oficial de CarlosV y después de su hijo Felipe II. Fue una de las fuentes de financiación de la Contrarreforma, y a cambio se benefició de los cargamentos de oro y plata procedentes de América. Obtuvo concesiones comerciales en Venezuela, Chile, Perú y Rusia. El tráfico de especias le produjo grandes dividendos, y no desdeñó la trata. Antón Fugger llegó a ser el hombre más adinerado del mundo, con una fortuna que superaba los 5 millones de florines.

Aunque en ya en manuscritos griegos se encuentran maquinarias movidas por el aire, los primeros informes sobre molinos de viento nos llegaron de Persia, 7 siglos d.C. ; se trataría de molinos de eje vertical muy rudimentarios. Las primeras referencias europeas datan de los siglos X y XII.

A principios del siglo XIII los molinos eólicos invaden toda Europa. Y según Pierre Abelard precisamente al final de ese siglo aparecen los famosos molinos holandeses usados para bombear agua de los polder.

De modo que no sólo Cervantes apeló a un instrumento conocido, sino a un escenario real: El Catastro de 1752 confirma la existencia de treinta y tres en La Mancha. Una copla de seguidilla señala: Al Campo de Criptana van mis suspiros, tierra de chicas guapas y de molinos.
Cada época es acosada por “desaforados gigantes” – Escribe Unamuno. Y Añade “ Ahora los gigantes « no aparecen ya como molinos, sino como locomotoras, dínamos, turbinas, buques de vapor, automóviles, telégrafos con hilos o sin ellos, ametralladoras y herramientas que conspiran para el mismo daño”. Pongamos que para el tiempo que nos toca vivir sean, entre otros, la incomunicación, indiferencia o insolaridad, el consumismo, la globalización avasalladora, la avaricia del llamado primer mundo generador del hambre, la injusticia y la destrucción de los más y del planeta.

De todas formas, los molinos que conoció Cervantes son muy anteriores a la fecha mencionada. Surgieron por la necesidad de paliar la sequía que padeció España durante la primera mitad del siglo XVI, lo que provocó que algunos ríos, como el Záncara, se quedaran sin agua durante largos años.

Pues bien. Miguel de Cervantes  era un empleado de Anton Fuggar. Lo habían encargado de recolectar los inmensos beneficios de la molienda. La explotación abusiva que hicieron de este avance técnico los nuevos amos en la explotación indebida del negocio,  se refleja en el refranero : “Molinero de viento, poco trabajo y mucho dine­ro“ Molinero maquilero, ladrón primero.” “Quien dijo maquilar, quiso decir robar.” “Cien florines en sastres, cien molineros y cien tejedores, hacen justo trescientos ladrones.” “El molinero, mientras anda, gana. » “Huerto y molino, lo que producen no lo digas a tu vecino.” “Molinero y ladrón, dos cosas suenan y una son. » Y este último, inclasificable y famoso: Qué polvo tiene el molino, qué polvo la molinera.  Quien la pudiera pillar, en la piedra de amolar

Jacobo Fugger II “el Rico” fue el miembro más importante de los Fúcares, y bajo su dirección la familia alcanza su apogeo. Hacia 1514, el papa León X le encarga el negocio de indulgencias para sufragar la construcción de la Basílica de San Pedro.

Este Fugger se convirtió en el prestamista oficial del rey Carlos V, y luego de su hijo Felipe II. En 1530 fue uno de los financieros de la Contrarreforma, a cambio de cargamentos de oro y plata procedentes de América. Obtuvo concesiones comerciales en Venezuela, Chile, Perú y Rusia. El tráfico de especias le produjo grandes dividendos, y no desdeñó la trata de hombres en África, la ganadería en Hungría y la minería en Escandinavia. A mediados de ese siglo, Antón Fugger era el hombre más adinerado del mundo, con una fortuna que superaba los cinco millones de florines.

Estos grandes acaparadores provocaban muchos alborotos, como el que ocurrió en 1683 en Esquivias, el pueblo de la mujer de Cervantes, y hubo de revestir cierta gravedad, pues movió al Consejo de Castilla a enviar a ese lugar de la Mancha 1.400 hombres con sus cabal­gaduras. Estos sucesos no fueron frecuentes; lo habitual era que la soterrada y permanente hostilidad entre villanos e hi­dalgos se tradujera en rencillas incruentas o pleitos ante la justicia. En muchos pueblos, los hidalgos eran empadronados como siervos y obli­gados a gastar tiempo y dinero ante el Tribunal para restaurar sus derechos; en otros, la economía municipal, basada en la agricultura mediterránea (cereales, olivo y vid) con el complemento de la ganadería lanar, mantuvo sus características hasta principios del siglo pasado. Entonces se observan los inicios de una cierta industrialización a partir del sector primario, destacando la fabricación de harina y, sobre todo, la elaboración de vinos.

Don Quijote arremete contra los molinos, convencido de que son gigantes. Anota el historiador Nicolás García Tapia que la causa de la confusión reside en que el molino de viento era algo nuevo y desconocido en la España de finales del siglo XVI, retrasada tecnológicamente, y en la que todavía se molía con trapiches de animales o primitivos ingenios hidráulicos. En la casi totalidad del territorio español se desconocía el molino eólico, ya introducido hacía tiempo en las avanzadas naciones europeas del norte.

Los archivos Fugger han sido publicados parcialmente y en ellos se confirma que hicieron importantes negocios en España, llegando a mercadear con Carlos V, en 1531, una expedición alemana para colonizar Sudamérica más allá de Chincha; esto es, el límite de la gobernación que se le había concedido a Pizarro. Las tierras que debían colonizar los banqueros eran enormes, desde Chincha al Estrecho de Magallanes, una faja de 400 millas de ancho. Incluso se redactó un contrato con detalles sobre fortalezas, derechos de aduana, etc. Pero el proyecto resultó impracticable porque una cosa era planificar y conceder en Madrid y otra enfrentarse a los rudos pioneros que avanzaban conquistando tierras a sangre y fuego. El hecho es que el contrato o capitulación nunca fue ratificado por el emperador.

Como consecuencia del crecimiento del comercio americano, durante la segunda mitad el siglo XVI, Sevilla se convirtió en el centro neurálgico de la colonización (desde 1503 en que se creó la Casa de Contratación hasta 1680, cuando pasó a Cádiz). Se crearon numerosos consulados, en los que se reunían comerciantes ingleses, genoveses y flamencos que se repartían el oro, la plata, perlas y piedras preciosas, además de cacao, azúcar y tabaco. Para entrar en el círculo de chalanes  se necesitaba un potencial económico importante, ya que desde el envío de las mercancías hasta su cobro pasaba mucho tiempo.

¿Acaso el subcomandante Marcos difiere de Alonso Quijano cuando denuncia la construcción de 2,100 molinos de viento en Oaxaca que cubrirán 110 mil hectáreas ? Igual que hace siglos, las multinacionales –de España, Francia y Estados Unidos- han alienado agentes de bolsa para comprar y revender el poder generado por el Paque Eólico. Endesa, Gamesa, Iberdrola, Preneal (de España); Energía del Istmo (asociada con Electricité de France), Fuerza Eólica (asociada con General Electric), Cader-EHN y Eoliatec son los nuevos Fúccar :

Parafradeando a Unamuno, el subcomandante Marcos explica que  “Hoy los gigantes aparecen como aviones, computadoras, celulares, tanques y cohetes, pero continúan siendo gigantes, continúan conspirando para el mismo daño. Triste realidad esa de los gigantes, que en vez de buscar ‘el Bien’ (como lo suputaba Platón y aún lo predican las religiones), provocan el daño y la destrucción; prefieren la guerra al amor, la trinchera al lecho. Son ellos los locos que ven terroristas donde se juntan niños y ancianos, polvorín donde hay escuelas y hospitales.

Cuando la brigadista Lisa Lindon se despidió de Carrillo, este le regaló un Quijote encuadernado en cuero. No se le ocurrió obsequiarle con las obras completas de Isaias Berlin

Como intenté demostrar, el mundo ficticio de Don Quijote se parece al actual en algunos aspectos importantes ; y aunque sea la sombra de una España desaparecida, tiene aspectos comunes con lo que está sufriendo el planeta. Es inevitable, querido Mario, que tal obra sea objeto de interpretaciones contradictorias.


[1]El Quijote,  II, IV. También en “El licenciado Vidriera”. El propio Cervantes creía que el dinero que les editores le pagaban por sus obras no era suficiente, aunque los datos de que disponemos parecen demostrar que los pagos reflejaban la realidad editorial de aquella época. Véase el libro de Daniel Eisemberg “¿Tenía Cervantes una biblioteca?”, págs 22 y 23. .

.

[2] Cuando Sancho se refiere al vino, dice sencillamente “de lo caro.” El vino estaba fuera de su alcance: “Pidiéronle de lo caro; respondió que si querían agua barata que se la daría de muy buena gana” II, 24)

[3] Francis Bru­mont Campo y campesinos de Castilla la Vieja en tiempos de Felipe II, Madrid, Editorial             Siglo XXI, 1984, pags. 220-221).

[4] Véase capítulo II.

[5] Sancho modifica el dicho, procedente de la guerra entre Pedro el Cruel y su hermano Enrique de Trastámara, y ya convertido en frase proverbial. : Ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor.

[6] … Sancha: es el final del conocido romance viejo de los infantes de Salas : “A cazar va don Rodrigo, y aún don Rodrigo de Lara”.

[7] El Quijote, prólogo del  II volumen.

3 comentarios leave one →
  1. 7 octubre, 2013 12:50

    Inmejorable, Ramon. Gracias.
    Qué trabajo se ha tomado, hombre. No es que Vargas haya hecho otra lectura, sino que siempre trata de remar agua para su molino: el neoliberalismo.
    Hace poco estuvo almorzando en Punta del Este (Uruguay) invitado por tres expresidentes: Julio M. Sanguinetti, Luis A. Lacalle y Jorge Batlle. Los cuatro solitos, discutiendo sobre el mundo actual e, imagino, hablando de libros. Ah! Si los cubiertos hablaran! Qué no se habran dicho esos cuatro jinetes del neoliberalismo!

    • 7 octubre, 2013 14:36

      Gracias, Ferderico. Voy a dar una conferencia con eso al pais vasco. A la vuelta te llamo, a ver si nos vemos. Abrazos

      https://ramonchao.wordpress.com/ Telfono: 0033145079954 / Ultimo libro publicado : L’Odysse du Winnipeg /Buchet-Chastel, Paris 2010-

      ________________________________

  2. 7 octubre, 2013 20:34

    Quedo rendido a los pies de su interpretación, caballero Chao, pues nos place y complace. Siempre estimamos a don Qujote como a uno de los nuestros, lo mismo que a su creador, humano y bien humano.
    PACO AUDIJE

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