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Última novela de Rosa Regás

19 noviembre, 2013

musica-de-camaraLa personas de mi edad (más o menos la de Rosa Regàs), a lo largo de nuestras vidas hemos visto pasar personajes y personajillos con idénticos apellidos y pelajes: Gil Robles, Calvo Sotelo, Borbón (en tiempos de la República y sigue); Aznar, Cabanillas, Zaplana ( Eduardo y María), Cospedal  (Ricardo y Dolores); Elisa Robles Fraga, pariente a la vez de Manuel Fraga Iribarne y de Robles Piquer, y un batallón de nepotes  cuya relación podríamos completar sin mucha pérdida de tiempo, pero como muestra ya basta con esta cremallera.

Contra la herencia, a la par que contra la aplicación de procedimientos soviéticos, se eleva la escritora catalana y autora de Música de cámara, reciente premio Biblioteca breve. Según el jurado, en la primera parte ; se recrea de manera extraordinaria la atmósfera de posguerra y del mundo de los represaliados. En la segunda se salta a una velada ya en 1984, donde se repasa un dilatado espacio de tiempo, que ya incluye la Transición.

Hija de pertinaces refugiados republicanos españoles en Francia (diríase autobiográfico),  Arcadia regresa a la oprimida Barcelona de 1949, donde se refugia en la música de viola. De ese retiro saldrá en 1957 tras prendarse de Javier Fascista, producto genuino de la alta burguesía catalana, este muchacho se había enriquecido gracias al estraperlo, durante y después de la guerra civil. La trama crece a medida de la inmersión en la música de cámara: el tema del violín (el joven fascista)  pasa a la viola (Arcadia) sin brusquedades, y de ésta al violoncello. Del mismo modo que una historia de amor sigue el desencanto, las discordancias suceden a los encuentros, para llegar a la cadencia final inexorable.

Toda sonata, para trío o cuarteto, consta de tres partes: allegro, moderato y vivace. La segunda podría ser aquí la mal llamada transición, embeleco para ocultar las decenas de miles de víctimas de Franco que siguen en fosas masivas fuera de las principales ciudades. La autora lamenta que nadie fuera procesado por estos crímenes; que las sentencias promulgadas por los tribunales militares de Franco no hayan sido revocadas y que nunca se ayudara a los pequeños grupos de voluntarios que han tratado de exhumar los cuerpos.

Los ideales y la memoria se cruzan en la Transición, marco protagonista en la obra. El interés por la Transición es fruto de intentar encontrar los motivos que nos han llevado a la situación que estamos viviendo, a la falta de solidez de nuestra democracia y de la deshonestidad de nuestra vida pública sentencia la combativa autora de Luna, Lunera, quien cree que ahora es un buen momento para reavivar la memoria en España: en su opinión, en la Transición lo que se hizo fue  tirar arena sobre lo que ocurrió en el pasado, eso se ha hecho durante décadas hasta ahora mismo, en que el poder sigue en las mismas manos”.

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