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Fútbol

8 junio, 2014
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Desde niño, la ambición de Ramón Chao consistía en convertirse en estrella de fútbol. Aquí lo vemos, a los 18 años, agachado en el medio de la primera fila (delantero centro) con el equipo del colegio Apóstol Santiago, de Madrid). Nos cuenta que todo se debe a su admiración por el jugador Pahíño, del Celta de Vigo.

Ramón Chao, tercero por la izquierda, en primera fila, delantero centro del equipo del colegio Apóstol Santiago, de Madrid.

Ramón Chao, tercero por la izquierda, en primera fila, delantero centro del equipo del colegio Apóstol Santiago, de Madrid.

Los designios del azar son insondables. Alfonso Reyes decía que la casualidad no existe: todo encuentro es una cita. Yo estaba convencido que de niño iba para astro del piano, y razones no me faltaron para creerlo. Becas a porrillo, sobresalientes en cada prueba y un concierto inicial a los diez años en el Círculo de las Artes de Lugo. La verdad, sin embargo, es que siempre tuve mis dudas, y nunca supe si las becas y las notas me las daban porque mi padre untaba con chorizos y jamones a los profesores y a las autoridades, en plena época del hambre. En realidad, quería ser futbolista. Tengo una foto con mi hermano Xosé, calzados y vestidos ambos de jugadores – antes de que a él le diera por ponerse sotana- que lo demuestra.

Llegué a jugar bien. Primero en el equipo del Apóstol Santiago de Madrid (fuimos campeones de la ciudad, tras una final dramática contra el Calasanz, y alcancé la gloria en un solo partido que jugué en las filas del Rácing vilalbés.

Si no seguí por ese camino fue, miren ustedes qué curioso, por culpa de un futbolista. Ya estaba yo en Madrid, a finales de los cuarenta y era mi ídolo balompédico  ( de aquella la oficialidad traba de borrar toda influencia anglo-sajona, y no se decía fútbol, como tampoco baskett ball (baloncesto), corner (saque de esquina) ni referee (árbitro); Pahíño actuaba de delantero centro del Celta de Vigi, y luego se fue al Deportivo a jugar con los míticos Acuña, Chacho, Chao, y terminó en el Real Madrid, junto con Miguel Muñoz que lo había acompañado en el club de Vigo.

De Pahíño me gustaba el nombre, semejante al de los últimos pájaros que ven nuestros marineros cuando bogan hacia el Gran Sol. Por otra parte, Pahíño tenía una pasión inimaginable en un deportista de nuestros días, y es que le gustaba leer.

One Comment leave one →
  1. 10 junio, 2014 16:58

    Qué jugador se perdiò el Real Madrid! La dupla que habrìan hecho con la saeta rubia Di Stèfano!

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