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Lengua que conquista

30 octubre, 2014
Lengua de PizarroCrítica de Daniel Céspedes al libro Lengua de Pizarro de Ramón Chao
 
Señor, es que yo no vine a guerrear, sino a traducir.
Juan Díez de Betanzos
 
Por lo común se incurre en una falta analítica-valorativa cuando de personajes históricos se trata: pretendemos alguna que otra supuesta etopeya en virtud de generalizaciones.Y si bien toda época ayuda a forjar proto/estéreo(tipos) que luego la evocarán, habrá asimismo sujetos ansiosos, no solo de un puesto en este mundo, sino ante todo de defender una singularidad consciente y/o representativa, forjada a golpe de sus circunstancias. ¿No se estará afirmando en ambos casos el mismo afán de individualización? Tal vez, y ello revalida la regeneración histórica en intenciones humanas, pequeñas y grandes, secundarias y precursoras; mas no el hecho irrepetible y tremendo de haber vivido lo propio. Porque, cual la epopeya de la Conquista-Colonización en el llamado Nuevo Mundo, tal ninguna; cual el hombre Francisco Pizarroy su germanía, nada.Mas reconozcamos que por cuestión de ingenio y hasta de fecha, Pizarro figura muy apagado al confrontarlo con Hernán Cortés. Hay muchas otras razones para que así sea; pero no por ello es explicable la insuficiente mención del conquistador del Perú en nuestros planes de estudio. ¿Qué puede quedar para un cronista casi desconocido en la actualidad como Juan Díez de Betanzos[1]? De ahí la necesidad de ir a la biografía imparcial. Y de no hallarse, queda entonces recurrir a la bibliografía especializada o a un material donde la historia llegue diferente pero verosímil.

Compendio de géneros escriturales concerniente a la travesía marítima, terrestre e imaginativa de otros europeos atraídos por la gesta del conquistador de México, Lengua de Pizarro (Colección Orbis. Editorial Arte y Literatura, La Habana, 2013), llega avalado por el nombre de Ramón Chao (Galicia, 1935), ahora cronista que no penetra en la selva preñada de misterios: ya no le asiste el asombro ingenuo y la bizarría exagerada de los occidentales de antaño. Se acerca con un saber de antemano; conoce la historia del conquistador español y va seguro a su radiografía personal:
Surgido como Pizarro de los berrocales extremeños, Hernán Cortés había dominado un imperio en el norte de la Tierra Firme con ciudades fabulosas resplandecientes de oro, plumajes y palacios edificados sobre el agua. Los ojos de Pizarro relucían ambiciosos; sentía que su sangre era la misma que la del héroe del norte, y latidos de fuego le impulsaban a lanzarse a análoga empresa[2].
Pero Chao arrastra una ambición mayor que no duda en revelar: la recapitulación de la historia de la conquista del Perú desde el cronista Juan Díez de Betanzos, intérprete gallego de origen judío muy avezado en lenguas conocidas y por conocer; testigo también de la recelada simpatía y posterior hostilidad entre Francisco Pizarro y Diego de Almagro. Lengua… es crónica de la crónica: la de Pizarro, ese militar analfabeto pero mañoso frente a los suyos y ante el augusto Atahualpa, hijo del sol y máxima figura del imperio quiteño. Así como en Quito el respetado Atahualpa, de tal suerte y sino gobernaba Huáscar en Cuzco,su hermano y enemigo.Lengua de Pizarro es a la vez asimilación de la crónica como tributo al autor Betanzos y exigencia frente a la conquista histórica y actual: la pizarrista y la del lector. ¡Qué pretencioso cronista que muda de vocación en aras de apresar por partida doble!
Pero, ¿podrá en realidad Betanzos llamar la atención bajo la presencia siempre “señorial” del Pizarro más conocido? Aunque si nos guiáramos por la prosa atractiva y plástica, sobre todo plástica, del ensayista Benjamín Carrión, a Francisco Pizarro se le censurará siempre por su injusticia y falsedad, amén de otras muchas razones que no lo dejaron bien parado en su tiempo y para la posteridad.
Pedro Pizarro ha visto a su hermano Francisco con los ojos en lágrimas al salir de la sala del tribunal asesino… Eso no obstante, la misma noche de ese 29 de agosto de 1533, Atahuallpa debía ser supliciado en la plaza mayor de Caxamarca, antes de que Soto regresara con la prueba plena de su inocencia. Como un último esfuerzo, los defensores del inca hacen una consulta a los aventureros: hombres de la España negra, ganados por el fanatismo religioso y la codicia, diez sobre uno votan en contra del gran prisionero. Finalmente Pizarro, para salvar un último escrúpulo de su conciencia y tener una defensa posterior, por si en España desaprobaban lo hecho, le pidió a Valverde su firma en la sentencia: sin vacilar estampó su nombre, precedido de una cruz este inquieto, desasosegado e deshonesto clérigo…[3]
Desde que Cristóbal Colón llegó al Nuevo Mundo condenó a su propia figura y a la de sus seguidores a las más polémicas apreciaciones que rayaron en lo maligno. Descubridores y exploradores rebasaron la curiosidad de conocer las maravillas de las Indias. Mas, ¿solo por la apetencia de oro? No. Hubo otras razones que existieron antes de lanzarse a la mar y se mantuvieron sobre la marcha, en la acción de fundar y poblar ciudades de estos hombres, incluso durante cualquier embestida deplorable (no hubo pocas)contra un pueblo encontrado. Más allá de la expansión geográfica y lucrativa de una nación; de lo títulos y honores buscados en persona por los copartícipes, ¿qué motivó de fondo atreverse a tanto?¿Lo irreal, lo imaginado y deseado, resulta inesperadamente el factor capital de la realidad humana, y por tanto de la historia[4]? ¿Bastará esa conclusión de Julián Marías para justificar la dilatación transoceánica de su país y enfrentar al mismo tiempo la resaca de la Leyenda Negra?
No poco se reprendió a España desde el siglo XVI hasta el XX. Ni mi admirado Carrión logra salirse de la penumbra hispánica en el citado texto de 1934. ¿Visión limitada de un intelectual harto atrevido y sagaz en otros temas culturales? No, llamémosle prejuicio epocal. ¿Uno más abierto en cuanto a comprensión del fenómeno histórico? Hay para escoger; pero opto por quedarme con Carlos Pereyra, un destacado especialista de la Conquista-Colonización del continente americano; quien al referirse de manera general a las acciones europeas en estas tierras acentúa:
Apenas es necesario decir que la fórmula negativa acusa tanta incomprensión como la opuesta de alabanza sin mesura. Obra de ignorancia y de torcido criterio, en ambos casos la tesis es inaprovechable para la historia. No hay diferencia de error entre la acusación inarticulada que hace del conquistador un bruto lanzado a destruir civilizaciones autóctonas, y la canonización de hombres que si valieron fue precisamente por ser, de pies a cabeza, “polvo, sudor y hierro”, o con expresión menos plástica, decisión y violencia. No; ni gorilas ni ascetas. Tampoco individuos de la masa común, pues entre ellos hay varias cúspides[5].
La cita pertenece a la edición de 1984, pero la primera de Las huellas de los conquistadores data de 1929. Y si Pereyra muestra una indudable comprensión del conjunto de peregrinos obstinados e inquietos europeos, no se puede esperar sino una imparcialidad agradecida cuando se detiene por ejemplo en un balance conclusivo delaccionar de Francisco Pizarro como conquistador. Volvamos al libro de marras.
La inferioridad manifiesta de Pizarro se agrava por haber tenido la empresa dos cabezas. Y todavía, como si con esto no hubiera bastante, la confusión aumenta al presentarse los hermanos del primer conquistador, “tan soberbios como pobres y tan sin hacienda como deseosos de alcanzarla”[6].
¿Se detiene Pereyra en el cronista Betanzos? No.A decir verdad, pocos lo han hecho. Y este es uno de los motivos y aciertos de que se vale Ramón Chao para que su libro merezca leerse.
Los intérpretes o lenguas europeos fueron decisivos en la avanzada conquistadora: acercaron y mediaron en la sumisión indígena. Además de llegar a conocer varios dialectos, intimaron como pocos con los hombres claves para así obtener información y dominar. Díez de Betanzos era plurilingüe, conocedor de medicina, tocador de vihuela y escritor. Representaba mucha ventaja para la empresa de hispanización. Ahora bien, fue muy difícil utilizarlo con descaro porque era un pensador a contracorriente, un mediador fuera de serie. No por gusto- recuerda Chao-, se prescindió de Betanzos antes del juicio de Atahualpa por la amistad que tenía con el Inca. Ilustrativo resulta también cuando el autor de Lengua de Pizarro pone en boca de su personaje central un parecer aclaratorio que es –a no dudarlo- una declaración de principios.
No comparto el interés de Las Casas por los indios, porque él es cristiano. Su Jesucristo dijo: “amaos los unos a los otros” y “ama al prójimo como a ti mismo”. Ahora bien, ¿se puede amar a alguien cuya naturaleza se ignora? Lo primero consiste en conocer al otro. Cierto es que Las Casas lucha contra los cristianos que justifican la guerra con la tapadera de la conversión. Intenta salvar a los nativos inculcándoles la verdadera religión: la suya. ¿Y el judaísmo, y el mahometismo[7]? Es una presunción pensar que se goza de la verdad y más aún que se trate de imponer a los demás. Creo que don Bartolomé pretende ocultar la inquietud que le causa el converso que lleva dentro[8].
No obstante, la influencia del padre Las Casas lo acompañará en toda su estancia en las Américas. Aclaro, la influencia en cuanto al humanismo por los indios, no en relación con la deformación de los datos que por efecto de la hipérbole enormísima padecía el autor de Destruición de las Indias[9].
Obra plástica en la narración lineal y representación de personajes y ambientes; in crescendo como el trofeo no visto pero imaginado y explorado, cual el hecho mismo de la conquista, de sus crónicas. Libro ilustrativo, Lengua de Pizarro, además de profundo en cada plática de (anti)héroes históricos y legendarios.
El autor tiene las de ganar por su rediseño visionado, innegablemente visionado donde se concierta la expresión atractiva y la complementariedad de saberes. Pero antes porque activa a Juan Díez de Betanzos, personaje casi furtivo para el leedor más instruido en estos temas. Investiga al historiador y descubre a un hombre que, si bien de alguna manera propició la introducción arbitraria (no absurda y sí llena de razones para Europa) de un universo en otro, no se mostró ambivalente desde el punto de vista emocional: creyóen una cultura diferente porque eligió comprenderla desde el aprendizaje de sus costumbres e idioma. ¡Cuánto respeto! No fue el autor de Suma y narración de los Incas un ventajista; aunque de su saber otros obtuvieron prerrogativas. Raro (en lo de poco frecuente),tanto para sus coterráneoscomo para quiteños y cuzqueños. Juicioso y fruto de su tiempo, tampoco es para santificarlo. No lo pretendió Betanzos y no lo piensa hacer ahora Ramón Chao en su ameno y descriptivo libro Lengua de Pizarro.
Daniel Céspedes
 
NOTAS

[1]Juan Díez de Betanzos (1510-1576) Autor de Suma y narración de los Incas, obra que fue llamada por   los indígenas capaccuna; la misma se conservó inédita en la biblioteca del Escorial y fue editada en 1880 por Jiménez de la Espada.Ramón Chao en su libro sostiene: Se ha calificado la Suma y narración… como una crónica ruda y difícil de comprender. Cierto, ardua es su lectura, pues se trata de una versión literal de cantares en los que ni siquiera se puntúa la frase. (p. 214)
[2]Chao, Ramón. Lengua de Pizarro. Editorial Arte y Literatura. Colección Orbis. La Habana, Cuba, 2013, p.43.
[3]Carrión, Benjamín. Anocheció en la mitad del día en La patria en tono menor. Ensayos escogidos. Fondo de Cultura Económica. México, 2001, pp. 27-28.
[4]Marías, Julián.España inteligible. Alianza Editorial, S.A. Barcelona, 1985, p. 200.
[5]Pereyra, Carlos. Las huellas de los conquistadores. Editorial Porrúa, S.A. AV. República Argentina, 15. México, 1986, p. 207.
[6]Ibídem, p. 174.
[7]El subrayado es mío. En la cita original dice mahometanismo.
[8]Chao, Ramón. Ed.cit, pp.28-29.
[9]Menéndez Pidal, Ramón. Una norma anormal del Padre Las Casas. Cuadernos Hispanoamericanos, No 88. Abril, 1957. Madrid.
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