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El hombre bicolor, de Javier Tomeo

12 febrero, 2015

Maquetación 1El hombre bicolor, de Javier Tomeo, 120 págs Anagrama, 2014.

...El tren atraviesa lentamente el páramo de Resondoff, cruza las ásperas montañas de Jeralpieva, avanza por la comarca pantanosa de Gaggoff -donde se crían las únicas ranas carnívoras del mundo- y se detiene con un resoplido en la pequeña ciudad gótica de Boronburg, en el extremo norte del reino de Burgundia, próspera en otros tiempos pero que hoy apenas cuenta con dos mil habitantes. Antes de continuar, permítanme ustedes que me presente. Me llamo Hermógenes W., he cumplido ya los cuarenta años y tengo los ojos de distinto color. Mi ojo derecho es azul celeste y el otro verde esmeralda.

La misión de este espécimen: recaudar el dinero de los contribuyentes de la ciudad. Cuando baja del tren nadie le espera en el andén y al llegar al hotel resulta que éste no tiene recepción. Telefonea al Ayuntamiento y una voz le informa: «Aquí no hay nadie», y le cuelgan. En la noche comprueba que en ninguna ventana se encienden las luces. ¿La ciudad estará vacía? ¿Habrá sufrido una catástrofe, una epidemia?

Ese mundo insólito de Tomeo no encajaba en los cánones literarios de entonces, cuando imperaba el realismo socialista. Intenta adaptarse, pero ni El unicornio (1971), donde los espectadores a una función son aniquilados uno por uno; ni El castillo de la carta cifrada (1979)  habitado por seres extraños  – a mitad del animal y del hombre -, conocieron una buena acogida. Prueba una vez más, con la historia de un limpiabotas emigrante… “Pero me cansé de mí mismo a las 20 páginas y me acordé de que Pereda lo había hecho mucho mejor cien años atrás. Prosiguió con novelitas de quiosco bajo el pseudónimo de Frantz Keller. “Te pagaban de 10 a 25 pesetas y firmabas con un nombre extranjero porque si no, en este país, no te compraban”.

Entonces le  dio por leer a Kafka, a Sartre, a Hansum, a Poe… Desmarcándose del realismo,  impuso su fuerte personalidad a sí mismo y a su literatura. Surgen personajes dignos de  Poe, Kafka, Goya o Buñuel. Paisanos suyos estos dos últimos. Tomeo estaba convencido de que sus orígenes habían engendrado su carácter sombrío. Se lo explicaba “Soy aragonés, no puedo escribir más que negro y Buñuel es mi Dios; quizá tuvo la culpa la pintura de Goya. Luego, tras un ligero silencio y una mirada más allá del interlocutor, reconocía: “En parte, mis personajes nacen de mis carencias”.

Él, díscolo, gigantón tierno e ingobernable, además detestaba las mundanidades”: ¿Qué hacemos aquí? – me preguntó  en una recepción en su honor ofrecida por su editor Christian Bourgois -y me llevó a tomar un vaso al bar de la esquina, dejando plantados a los editores, a la prensa y a la televisión.

La publicación de esta novela póstuma es el mejor homenaje a uno de los narradores más excéntricos y poderosos que ha dado la literatura española contemporánea.

Ramón Chao, Le Monde diplomatique.

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  1. Giuseppina Notaro permalink
    17 febrero, 2015 22:27

    Hola Ramón, no sé si te acuerdas de mí. Soy de Nápoles y hace un poco de tiempo escribí mi tesis doctoral sobre tu obra literaria. Ahora tendría que hablarte de algunas cosas importantes y quisiera enviarte mi libro. Pero no encuentro tu correo electrónico (antes sí lo tenía, pero evidentemente lo he perdido). Te dejo el mío, así que puedes escribirme tú (espero que sí!): gnotaro@unior.it. Un abrazo. Giusi

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